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Cine De Ambos Lados Del Charco

Neruda, de Pablo Larraín: biografía, verdad y ficción

neruda 250Chile y otros, 2016
Dirección: Pablo Larraín
Guión: Guillermo Calderón
Elenco: Luis Gnecco, Gael García Bernal, Mercedes Morán, Emilio Gutiérrez Caba
Dirección de fotografía: Sergio Armstrong
Música: Federico Jusid

 

Todos conocemos los riesgos de las biografías (biopics, en cine, como se dice ahora): alteración de datos “reales”; “humanización” de personajes de bronce (o al revés); inaceptables simplificaciones, desplazamientos y condensaciones, con excusas dramáticas... Se discute hasta el infinito, e incluso esto puede formar parte o ayudar a la prensa de la película misma. Recientemente ha pasado, entre otros mil ejemplos, con The Imitation Game, una biografía parcial y bastante deformada de Alan Turing, cuya verdadera vida fue lo suficientemente dramática, pero...

En literatura pasa algo similar. Por ejemplo, El general en su laberinto, de Gabriel García Márquez, es un extraordinario relato de los últimos días de Bolívar, mientras navega, enfermo, por el río Santa Magdalena, recuerda fragmentos de su pasado y planifica inútilmente un regreso triunfal. El autor ha recalcado que la poca documentación referente a esos días le permitía inventar, ficcionalizar, lo que había ocurrido. Es decir, lo que habría podido ocurrir. Perfecto. Pero insisto con el “pero”.

neruda 300¿Qué pacto de lectura nos permite saber qué es ficción y qué pasó “de verdad”? Porque hay una verdad (aun confinada en los estrechos límites de la palabra y expandida en los amplios límites de las interpretaciones). Y, entonces, ¿hay una responsabilidad del autor respecto de esa verdad? Obviamente, no tengo la respuesta, sólo una opinión.

Sartre nos enseñó que una obra de arte, literaria sobre todo, es una relación entre dos libertades, la del autor y la del lector. El autor escribe lo que quiere (dentro de lo que puede); el lector lee lo que quiere: nadie lo obliga. Por lo tanto, ese lector tiene el derecho de preguntarle al autor, aunque sea imaginariamente: ¿Por qué elegiste escribir sobre esto y no sobre aquello? ¿Por qué, de todo el mundo, recortaste esto que me mostrás, y dejás afuera aquello que yo ya no podré ver en lo que escribiste y tendré que buscar en otro lado? (Para mi ejemplo anterior: ¿Por qué García Márquez no habla de Guayaquil? ¿Por qué no menciona el confuso episodio en el que Bolívar, junto con otros jóvenes oficiales, entrega a los españoles al Precursor, el héroe Francisco de Miranda?)

neruda 301Por supuesto, el estatuto de verdad de la ficción es un tema teórico que nos excede largamente. Pero, cuando se trata de una biografía, aunque sea fragmentaria, podríamos decir que literalmente nos salta a la cara como un alien, y nadie sabe bien qué engendro parirá tal proceso.

El Neruda de Pablo Larraín es un pequeño milagro al respecto.

La película cuenta sólo un episodio central en la vida del gran poeta chileno. A mediados de la década del cuarenta, el Partido Comunista chileno decide apoyar la candidatura a presidente de González Videla. Neruda (un Luis Gnecco impactante, sobre todo cuando recita con la voz nerudiana) es elegido senador. Una vez que el primer mandatario asume, traiciona todas sus promesas electorales y comienza a perseguir a sus anteriores aliados. Neruda, desde el Parlamento, lo acusa formalmente como traidor a la patria. Su situación se vuelve insostenible, sobre todo luego de que el Partido se ve forzado a pasar a la clandestinidad, y sus militantes de base, obreros y campesinos, son encarcelados y torturados.

Un policía es comisionado para que siga y aprese al poeta. Este personaje, Óscar Peluchonneau, interpretado por Gael García Bernal, es quien ha soportado desde el principio la voz en off que comenta los acontecimientos. Lo sabemos (o creemos saberlo) ya bastante avanzada la película. Afirma ser el hijo bastardo de un gran policía, y llegará a ser muy importante en el futuro. Pero, mientras tanto, persigue infructuosamente, hasta con torpeza, al poeta.

neruda 302Aquí es donde todo se vuelve ambiguo. Delia del Carril (Mercedes Morán), la esposa de Neruda, que no lo acompañará en su huida a través de los Andes, se enfrenta al policía implacable y le dice lo que muchos espectadores ya estamos sospechando: “Usted no es nadie, sólo es una creación de Pablo, él lo está inventando. Neruda es real. Usted es ficción” (cito de memoria). Por eso el policía habla con ese lenguaje poético robado a su creador (en el último plano empieza a recitar: “Puedo escribir los versos más tristes esta noche...”; esto nos indica, además de la ironía que implica, que ya antes ha hablado por boca del poeta); por eso nunca llega a ponerle las manos encima, aunque lo tiene a tiro tantas veces; por eso, en definitiva, no está muerto ni vivo, o está ambas cosas, según al relato le convenga. (De hecho, la persecución fue realizada por grandes contingentes de sabuesos; aun así, también fracasaron, y Neruda logró llegar a salvo a Buenos Aires, aspecto que el filme no toca.)

La apuesta estética del director de No y El club es fuerte. Sin haber escrito el guion, puede, a través de la puesta en escena, construir un mundo propio. Por ejemplo, cuando desestructura largos diálogos en escenas más breves, que transcurren en distintos lugares, sin cortar la continuidad de lo que se dice. Otra vez, la ficción que se muestra como tal.

En definitiva, el Neruda de Larraín es un personaje-persona, atravesado por sus contradicciones y sus bajezas. Mientras Delia se sacrifica por él (y le pide, extrañamente, dada su edad, que le haga un hijo), él frecuenta prostitutas, y hasta se disfraza como una: así, es también el poeta de “El rey burgués” de Darío, un payaso, un entretenedor (de pobres y de ricos). Pero también es un militante que podría haberse hecho las cosas más fáciles, si quería. ¿En detrimento de su gloria? Sin duda, era ésta la que buscaba, cómo no. Hasta sus propios camaradas le reprochan que el muchacho pobre de Temuco, que tuvo su primer par de zapatos a los 16 años, se ha aburguesado. (No podían saber que, hasta el último día de su vida, asolado por el cáncer —o quizás asesinado, como ahora se sospecha—, pondría a disposición del pueblo su inmenso capital simbólico, como embajador del gobierno socialista de Allende en Francia y como poeta popular hasta el último aliento.)

Sin embargo, basta pensar que, durante todo este tiempo atribulado, perseguido por la policía y por sus propios fantasmas (¿la gloria o la muerte?, ¿la gloria y la muerte?), Neruda esbozó lo que sería el extraordinario Canto general. Algunos pueden pensar que es poco. Leerlo o releerlo no estaría nada mal.

febrero de 2017

 

 

((para recuadro opcional))

 

LOS ENEMIGOS

Ellos aquí trajeron los fusiles repletos
de pólvora, ellos mandaron el acerbo
exterminio,
ellos aquí encontraron un pueblo que cantaba,
un pueblo por deber y por amor reunido,
y la delgada niña cayó con su bandera,
y el joven sonriente rodó a su lado herido,
y el estupor del pueblo vio caer a los muertos
con furia y con dolor.
Entonces, en el sitio
donde cayeron los asesinados,
bajaron las banderas a empaparse de sangre
para alzarse de nuevo frente a los asesinos.

Por esos muertos, nuestros muertos,
pido castigo.

Para los que de sangre salpicaron la patria,
pido castigo.

Para el verdugo que mandó esta muerte,
pido castigo.

Para el traidor que ascendió sobre el crimen,
pido castigo.

Para el que dio la orden de agonía,
pido castigo.

Para los que defendieron este crimen,
pido castigo.

          No quiero que me den la mano
          empapada con nuestra sangre.
          Pido castigo.
          No los quiero de embajadores,
          tampoco en su casa tranquilos,
          los quiero ver aquí juzgados
          en esta plaza, en este sitio.

                           Quiero castigo.

 

pablo valle 350Pablo Valle
Argentina 1961. Es profesor en Letras por la Universidad de Buenos Aires. Enseña Semiología y Análisis del Discurso en el Ciclo Básico Común, y Problemas de Literatura Latinoamericana en la Facultad de Filosofía y Letras (cátedra de David Viñas). Es editor, corrector, redactor, traductor y ghost writer. También fue crítico de cine (en la revista La vereda de enfrente). Ha publicado Simulacros (cuentos, 1985), Ángeles torpes (novela, 1995), Yo, el templario (novela, seud. Paul Mason, 2006), y tiene otras dos novelas inéditas, Los crímenes de la calle Barthes y La carta de Rozas. Autor de los libros didácticos Guía para preparar monografías (1997, 2008, con Ezequiel Ander-Egg; varias ediciones) y Cómo corregir sin ofender (1998, 2001). Durante 20 años fue editor general en el Grupo Editorial Lumen. Samuráis quiere ser su próximo libro. Killers es una coleccion de relatos en preparación.

 

Material enviado a Aurora Boreal® por Pablo Valle. Publicado en Aurora Boreal® con autorización de Pablo Valle. Foto Pablo Valle © Pablo Valle.

 

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