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La poesía de lo absurdo. Entrevista a Juan Cobo Borda

juan_gustavo_cobo_001Desde temprano le fue concedido un diván en el comedor palaciego de quienes han paladeado el poder. De ahí que la sola mención de su nombre despierte las maledicencias de quienes a hurtadillas ambicionan la oficialidad y en público la arengan para justificar su privación. Su poesía, asordinada y sigilosa, pincela el tedio que entreverado opaca la aparente placidez. Así mismo, su fervor por los libros lo han convertido en multiplicador de su oceánica experiencia lectora, empeñándose en la interpretación de las diversas literaturas que el mundo nos obsequia.


1. Observo en su poesía una decantación, que con humor e ironía, ausculta la transcendencia de lo nimio y lo prosaico. ¿Es la lucha contra la grandilocuencia una intención en su escritura?

Cuando, en el 2008, Norma publicó la selección de mis poemas, titulada La patria boba, los textos sobre la historia de Colombia, nacidos a partir de documentos o libros sobre épocas que no había conocido, tenían la concisión de un apunte, la sequedad de una nota al margen, para subrayar lo incongruente y absurdo, en muchos casos, de nuestro transcurrir. Mentiras que se repiten, de modo cíclico. Sacrificios que no fructifican. Olvido y monotonía. Esto obliga a rebajar el tono, y a mirar, sí, con humor e ironía, tantos actos fallidos, tantas expectativas burladas. Pero el poema también resultaba un cauterio sobre la llaga abierta. Ese ejercicio de aprendizaje y depuración histórica, si se quiere, se refractaba también en los poemas amorosos.

Con el lenguaje de "Piedra y Cielo", por ejemplo, con sus sonetos, no alcanzaba a formular lo que sentía. Por ello, debía partir, precisamente, de lo excesivamente cursi y exagerado del bolero, para hallar el tono convincente. La exageración del melodrama y la dicha de sufrir sin límite. En la escritura de poesía nada es, de hecho, muy consciente. Hay impulsos súbitos, arrebatos primordiales, que luego se encauzan y ordenan. Que se clasifican y reescriben. Años más tarde, el poema se hace pétreo y nos denuncia como un metal bruñido. Ya nada es nuestro: ni quien lo padeció (y lo escribió), aquella musa al cual estaba dedicado (en vano) o la remota (y ahora efímera) revista que lo acogió por vez primera (llámese Arco o Golpe de dados). Todo desaparece, salvo la ansiedad de escribir de nuevo, con la nitidez que sugieren los sueños.


 

Marcos Fabián Herrera Muñoz, Colombia, 1984. Poeta y periodista cultural . Integra el comité editorial de la revista Puesto de Combate y del periódico virtual Con - Fabulación. Sus diálogos con escritores y artistas para la prensa cultural hispanoamericana, le han reportado unánimes elogios y lo han ubicado como uno de los cultores más versátiles, documentados y agudos de la conversación literaria. Autor del libro El Coloquio Insolente - Conversaciones con Escritores y artistas Colombianos (dos ediciones) y del poemario Huerto de Olvidos. Incluido en antologias de cuento, poesía y periodismo literario.

2. ¿Ese alejamiento del tono manierista aboga por una poesía de la cotidianidad?

marcos_fabian_herrera_001Hay algo cotidiano, claro está, pero la vida diaria es, a veces, tan irreal, tan inasible, que se repite como un ritual inútil: tender la cama, barrer, limpiar los platos, mirar el saldo del banco, pagar las facturas. ¿Queda algo? Pero también, a partir de allí, se dan los viajes de la mente, el vuelo de la ensoñación confiriéndole firmeza a las piernas vacilantes para emprender una nueva aventura. En la amplia antología, que acabamos de publicar con Ramiro Arbeláez, titulada La crítica de cine. Una historia en textos (Pro imágenes - Universidad Nacional, 2011) mi sorpresa fue mayúscula, al recordar, de golpe, películas que me emocionaron y que hoy podemos recobrar en la cotidianeidad diurna y nocturna de la televisión. Volver a ver, quizás, algo de los Beatles, o Un hombre y una mujer, y escuchar un acorde de música brasileña, revivir a un Casanova envejecido: lo cotidiano es infinito. Y se da, no sólo en la poesía que intentamos escribir, sino, también, dentro de esa cultura en donde vivimos inmersos y que nos alimenta: cine, pintura, lectura diálogo.

Juan Cobo Borda  (Colombia, 1948). Es un poeta, periodista y diplomático. Su obra poética, crítica, antológica, investigativa cultural y editorial, constituye referencia obligada en la literatura colombiana de las últimas décadas. Fue director de publicaciones del Instituto Colombiano de Cultura, Subdirector de la Biblioteca Nacional de Colombia, Secretario Cultural de la Presidencia de la República, Asesor cultural de las embajadas colombianas en Argentina y España así como embajador en Grecia. Dirigió por varios años las revistas literarias Eco y Gaceta. Su poesía ha sido traducida al inglés, francés, alemán, griego y otros idiomas. Actualmente es miembro de la Academia Colombiana de la Lengua.

3. Su labor crítica la encuentro cercana a la tradición inglesa, que opta por una mirada deliberadamente personal y subjetiva, antes que la sujeción a prismas teóricos. ¿A la hora de interpretar lo leído, prefieres la glosa impresionista por encima de la académica?


Por supuesto. Los ensayos de Virginia Woolf o del poeta T.S. Eliot como "lectores comunes" siguen siendo vigorosos y estimulantes. Y que decir de Chesterton o incluso de Harold Bloom en El canon occidental al releer El Quijote. En verdad, el inglés que más amo, y siempre me obliga a volver a él, nació en Buenos Aires y se apellida Borges. En el Breviario arbitrario de literatura colombiana (Taurus, 2011) hay medio centenar de breves ensayos sobre novelistas colombianos y algunos críticos. La impresión personal, trátese de El Carnero, María o La Vorágine es imprescindible: la base de todo análisis. Pero en ellos, como en Laura Restrepo o Andrés Caicedo, hay otros apoyos, otras vías de acceso, para comprender mejor lo que intentaron expresar. Su tiempo, sus lecturas, la ciudad y el momento que recrean. Igual con Gabriel García Márquez y Álvaro Mutis en el paralelo en que los reuní a los dos con el título de Lecturas Convergentes ( Bogotá, Taurus, 2006) o en el caso de Mario Vargas Llosa: La pasión de narrar (Alfaguara, 2011) cómo no considerar la política latinoamericana, en figuras como Odría en el Perú o Trujillo en la República Dominicana o lo que significó el "boom" de la novela latinoamericana y sus relaciones políticas con Cuba, para lo cual tomo en cuenta, académicamente, la bibliografía que cada día crece y puntualiza las cuestiones. Pero en todos estos casos, lo que importa, en definitiva, es Cien años de soledad, La fiesta del chivo, o Maqroll el Gaviero. ¿Explicarlos no es a veces reducirlos? Lo fascinante, casi siempre, es releerlos y descubrir lo que no habíamos visto.

4. ¿Aún crees que la nuestra es una literatura con "tradición de la pobreza"?


Lo de "tradición de la pobreza" era referido al exceso abrumador de versificadores que opacaban los astros centrales: Silva, Valencia, Barba Jacob, León de Greiff, Carranza, Gaitán, Cote, Mutis. Pero también se sustentaba en la observación del historiador Jaime Jaramillo Uribe sobre Colombia como país de la dorada mediocridad, del término medio, y en los aplastantes índices de colombianos que viven en la pobreza, sobreviven en la indigencia, y padecen la peor distribución económica del continente. Donde el 12, 5 por ciento de colombianos vive en la pobreza extrema, es decir, 5,5 millones de colombianos, según indica el Director de Planeación el 18 de septiembre de 2011, en El Tiempo. Esas cifras, directa o indirectamente, se verán reflejadas en el analfabetismo, en la deserción escolar o universitaria, en los muy pocos libros que se leen al año. No se sabe si era peor en el siglo XX, cuando los narradores apenas si lograban una gran obra indudable: María, La Vorágine, Cuatro años a bordo de mi mismo o La casa grande sin continuidad, u hoy, cuando la proliferación indiscriminada de títulos, para intentar acertar en alguno, nos lleva a tantas novelas de autores vagamente conocidos que se repiten sin gracia, al fatigar al lector. Al insólito lector en un país donde se leía, en el 2008, un promedio por colombiano de sólo 2 libros por año. ¿Cuáles dos escogería Ud. para el 2011?


5. Es manida la proclama que le reclama independencia y autonomía al escritor. ¿Qué riesgos implica la cercanía y participación en el poder para un autor?


El poder es una alta instancia del hombre mismo. De su capacidad para incidir en la realidad y dominar a los otros en pos, casi siempre, de una quimera. El poder da también capacidad de realización. Desde el poder, si se tiene inclinación por el tema, es posible realizar obras, a nivel cultural, que en muchos casos el sólo esfuerzo individual no logra. De ahí que el poder haya fascinado tanto al novelista, llámese Ernest Jünger o Gabriel García Márquez. La figura de Alejandro de Macedonia intrigaba a Borges: el ansia de poder y, luego, el desdén por tanto poder conseguido. Norman Mailer, Gore Vidal han merodeado el poder en Estados Unidos y sus observaciones al respecto suelen ser despiadadas y lúcidas, pero se siente allí mucha frustración. Sólo quizás André Malraux nos hace vivir el combate por el poder y lo que significa haber acompañado de cerca a De Gaulle, conversado con Mao y Nehru y comprender que, al final, sólo perdura el arte: las catedrales góticas o la meditación de Buda. Una gran lección. Creo que la experiencia del poder forma al escritor. Lo hace conocer una realidad que no puede ignorarse, y, también, lo desilusiona sobre ese creer que todo se puede desde el poder. La última década de la historia de Colombia nos ha dado valiosas lecciones sobre los redentores y mesías que pretendían salvarnos salvándose ellos antes que nadie. Ahí están los patéticos resultados con que el poder los enloqueció, sin remedio.


6. Me parece que el tiempo le es generoso al teorema americanista de Germán Arciniegas, al corroborarse la incidencia cultural del continente sorbe Europa. ¿Siendo el mayor estudioso de la obra de Arciniegas, crees que sus visiones suponen algo más que un afincado chovinismo y exaltación de lo americano?


Los 60 libros que escribió y compiló Germán Arciniegas son una vivaz y colorida enciclopedia americana en diálogo con el mundo. Allí está nuestro pasado aborigen, nuestra independencia y sus libertadores, las mujeres y el estudiante, los campesinos, los artesanos y la edificación de las ciudades. Y, sobre todo, el contacto de América con él mundo. ¿Por qué los imperios europeos no cuajaron en América y se transformaron en repúblicas? ¿Qué ha dado América, además de maíz, café y tabaco? El censo que estableció Arciniegas de cómo los europeos cambiaron al llegar a ser americanos, da pie a una larga meditación sobre el diálogo conflictivo pero vital entre culturas; o, en definitiva, dentro de la misma cultura. Él era un apasionado, como debe ser quien defiende una idea, pero tenía también el ingenuo asombro de quien cada día descubre nuevas cosas en el mundo. En todo caso, en Lector impenitente (México, Fondo de Cultura Económica, 2004) me alegra haber dado, dentro de un amplio espectro latinoamericano, un testimonio sobre Arciniegas, reconociendo como puso la historia, con buena prosa y amena sencillez, al alcance de todos, y como los temas centrales de los 500 años del descubrimiento a los 200 de la independencia, son los que ya Arciniegas había tratado, desde variados enfoques. En tal sentido, siguen siendo sugerentes sus controvertidas tesis sobre el influjo de España en nuestro carácter, instituciones y carencias. Hay que volver, una vez más, a Arciniegas.


7. ¿Es posible trazar una genealogía en la literatura colombiana, o somos solo ínsulas sin mayor familiaridad?


Aventuraría en el caso de la poesía, la forma en que poetas como Guillermo Valencia y Eduardo Cote Lamus, leyeron, y recrearon, con nuevos poemas, el orbe de José Asunción Silva. Reinventaron un hito y se apropiaron, según su estilo, de un antecesor ineludible. Esa me parece la forma más válida de reinventar una literatura y conformar una tradición, de modo creativo. Igual a como hizo García Márquez, con textos de Jorge Zalamea y José Félix Fuenmayor: los buenos lectores son los que devienen en grandes escritores.


8. El entusiasmo reciente por Nicolás Gómez Dávila en algunas academias europeas, ha recordado la vieja discusión que nos acusa como un país carente de pensadores. ¿Te atreves a defender lo que podría definirse como "filosofía Colombiana?


Me hace feliz pensar que Los Escolios a un texto implícito de Nicolás Gómez Dávila, urticantes, desdeñosos y certeros, están ya en alemán, italiano, francés, y reeditados en parte, en España. Donde convivirán bien con sus pares Cioran o Junger, o la gran escuela francesa de Chamfort, Joubert, Rivarol o La Rochefoucauld. Pero nada de eso puede llevarnos a pensar en "una filosofía colombiana", expresión que haría sonreír a Gómez Dávila, con infinita ironía y profunda benevolencia.

9. ¿Aspiran sus notas críticas a hacer expansivo el goce del lector originario?

Me justifica y alegra cuando alguien me dice que compilaciones como Lengua erótica y Cuerpo erótico, publicadas ambas por Villegas Editores, les revelaron territorios inexplorados, comarcas dignas de disfrutarse, en compañía. O que la Antología de poesía hispanoamericana (1985), que reeditará en el 2012 el Fondo de Cultura Económica, les trajo sorpresas entonces como Gastón Baquero y Jaime Sáenz, Alejandra Pizarnik y Eugenio Montejo, y quizás ahora otras, como Eduardo Mitre o Fabio Morábito. La poesía no cesa y nuevos lectores aguardan, al acecho, por aquellas líneas que quedará resonando en su memoria, para siempre: "Una noche, una noche toda llena ...".

La poesía de lo Absurdo. Entrevista a Juan Cobo Borda realizada por  Marcos Fabián Herrera enviada a Aurora Boreal® por Marcos Fabián Herrera. Foto de Marcos Fabián Herrera©Marcos Fabián Herrera. Foto Juan Gustavo Cobo Borda©El Espectador - Colombia.

 

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