Martes, May 11th

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Sarah Winnemucca: una voz femenina de resistencia y lucha indígena

fernanda balanger 250Los pueblos nativos de Estados Unidos se convirtieron en una pequeña minoría como resultado de una larga historia de invasión y presión ejercida exitosamente por colonos provenientes de Europa y sus descendientes. El conflicto se caracterizó siempre por una acusada desigualdad; si bien en los primeros tiempos los aborígenes sobrepasaban en cantidad a los recién llegados, estos últimos poseían grandes ventajas como la superioridad de su armamento, y su lengua escrita (y transmitida a través de libros y documentos). Además, las epidemias causadas por la falta de inmunidad a las enfermedades europeas, reducían drásticamente la población autóctona mientras la afluencia de sus portadores aumentaba. En 1804, el gobierno estadounidense comenzó a trasladar forzosamente a muchas tribus desde sus territorios tradicionales, hacia reservas en el que posteriormente llegaría a ser el estado de Oklahoma. Como consecuencia de estos desplazamientos a las que eran sometidos, muchos morían antes de llegar a destino, y las ricas tierras que eran obligados a abandonar se convertían inmediatamente en centro de cuantiosas explotaciones. Por otro lado, el complejo proceso de asimilación de las comunidades aborígenes de cultura y origen diversos en muchas ocasiones se traducía en su erradicación. La resistencia se manifestó de diversas formas, y entre las voces que lograron hacerse escuchar en el siglo XIX se encontraba la de una mujer, miembro de un pueblo originario, que publicó en 1883 Life Among the Piutes: Their Wrongs and Claims.

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El despertar de Kate Chopin setenta años después de su censura

fernanda balanger 250La literatura es una de las formas de expresión cultural en la que las relaciones de género son representadas habitualmente. Los textos literarios pueden servir como refuerzo de los estereotipos establecidos en una época determinada, pero también como creadores de imágenes nuevas y liberadoras. A finales del siglo XIX, varias décadas después de la guerra civil estadounidense, los estados del sur como Luisiana conservaban un ambiente marcado por prácticas racistas y sexistas. En Nueva Orleans el matrimonio se basaba en el Código Napoleónico, que definía a la mujer y sus posesiones, incluyendo su ropa, como propiedad del marido; el divorcio era un hecho infrecuente y escandaloso. Imperaba un orden social conservador, que definía de manera estricta e inamovible las esferas de actuación de hombres y mujeres. El ideal de feminidad se personificaba en la típica «belleza sureña», de corazón puro y comportamiento casto, con la sensibilidad, prudencia y refinamiento necesarios para mantener alejado cualquier «impulso demasiado entusiasta e indisciplinado» que pudiera alterar la tranquilidad del hogar, su lugar por excelencia. Fue justamente en medio de este panorama que una escritora, conocida hasta el momento por sus historias de carácter regionalista, se atrevió a desafiar en su ficción las prescripciones de naturaleza inmutable que regulaban la familia y la sociedad tradicionales, haciendo hincapié en los deseos de la mujer más allá de su rol impuesto como madre y esposa. Pero sus contemporáneos no estaban preparados para una visión tan «provocadora», y su obra se vería pronto condenada por juicios morales de editores y críticos, que la llevarían a un largo periodo de oscuridad, hasta su rescate, en la segunda mitad del siglo veinte.

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Mary Wollstonecraft: la educación de las mujeres como principio básico de igualdad e independencia

fernanda balanger 250En el siglo XVIII se difundió en Europa la idea de la igualdad de las personas, ligada a la Revolución Francesa de 1789. Un gran número de mujeres tomó parte en los levantamientos, como en la legendaria «Marcha sobre Versalles» del 5 de octubre, a la que se unieron más de 8000 trabajadoras y ciudadanas. La libertad, igualdad y fraternidad eran los tres pilares que se reclamaban a viva voz. Si bien la movilización social iba generando cambios, como la creación de nuevas formas de gobierno, el poder seguía estando en mano de los hombres. La Constitución Francesa de 1791 abogaba por la eliminación de los privilegios aristocráticos en nombre de los «Derechos del hombre y del ciudadano», pero denegaba a las mujeres los derechos de ciudadanía igualitaria. La artista y activista francesa Olympe de Gouges escribió ese mismo año Declaración de los derechos de la mujer y de la ciudadana, cuestionando que el elevado objetivo de construir una nueva sociedad en la cual todos los hombres fueran libres e iguales, se dirigiera solo a la mitad de la humanidad. Otros temas que ya habían motivado su activismo eran la abolición de la esclavitud y el derecho al divorcio, pero en 1793 la guillotina puso fin a su vida. Siguiendo las ideas de su libro, en 1792 la escritora inglesa Mary Wollstonecraft publicó Vindicación de los derechos de la mujer, denunciando el estado de ignorancia y dependencia civil en el que se seguía relegando a las mujeres, así como también apelando a legisladores y a la población en general para generar conciencia social sobre la necesidad de un cambio aún mayor.

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La escritura de Olive Schreiner como expresión de un doble colonialismo: imperial y de género

fernanda balanger 250

Gran parte de la literatura publicada en la época victoriana reforzaba la polarización de los roles de género, marcando una clara división entre la vida pública del hombre y la doméstica de la mujer. Así, los populares manuales de comportamiento, como los escritos por Sarah Ellis, personificaban el ideal femenino en la imagen de la esposa devota, encargada de salvaguardar las buenas costumbres y cumplir sus obligaciones hogareñas, preservando su lugar sagrado junto a, y al servicio de, su marido. El hecho de que se colocara en un pedestal la conducta angelical de la mujer dentro del matrimonio, generaba una gran presión sicológica, representando al mismo tiempo uno de los principales obstáculos para su emancipación, ya que marginalizaba cualquier otra alternativa de desarrollo personal que alterara el orden socialmente establecido.

En este contexto, el fenómeno de la «nueva mujer» que surgió en 1894, generó una gran controversia y revuelo entre las mentes más tradicionales, que se negaban a ver nuevos horizontes en las relaciones entre los sexos. La heroína moderna, entusiasta y decidida, desafiaba los estereotipos de femineidad y masculinidad, atreviéndose a fumar, montar en bicicleta o vestir con pantalones. Pero el trasfondo de esta re-conceptualización de la imagen de la mujer era una lucha más profunda que buscaba su independencia e incorporación en el ámbito laboral, cultural y político. La reacción adversa de quienes ostentaban el poder patriarcal se manifestó en diversas publicaciones que satirizaban esta nueva figura como «varonil», contraponiéndola a la noción celestial y «naturalmente femenina» de la abnegada ama de casa, descrita en textos como el poema «El ángel de la casa» de Coventry Patmore y el ensayo «Los jardines de la reina» de John Ruskin, ejemplos clásicos de la ideología conservadora de la época, escritos entre 1854 y 1864.

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Binomio locura-mujer en la literatura

fernanda balanger 250La crítica literaria feminista estudia la forma en que los escritos de mujeres expresan la particularidad de sus vidas así como la imagen que de ellas refleja el canon literario masculino. Al examinar las relaciones de poder manifiestas tanto en los textos como en la realidad cotidiana, la lectura se vuelve un acto político que muestra las actitudes y comportamientos estereotipados de la sociedad patriarcal. Se plantea el rol social del lenguaje en la construcción de la realidad y, también, la polémica sobre el origen de las diferencias entre hombres y mujeres como algo esencialmente biológico o, por el contrario, socialmente creado. En este sentido, la locura es un tema que si bien está presente ya en las primeras tragedias griegas, ha sido intrínsecamente vinculado al género femenino en la literatura, principalmente durante los siglos diecinueve y veinte. Mientras la etiqueta de la razón se ha asignado con mucha frecuencia a los personajes masculinos, los femeninos se han asociado a un prototipo irracional, intuitivo y portador de emociones desbordadas.

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