
Procedo de siglos de errancia son las palabras liminares de este último libro de poesía de Mario Camelo, Luna de las iguanas, que se articulaba en dos secciones, Proposición de lámparas y Lo conversado y el mar: título este que había elegido primero el autor: lámparas que en la vigilia alumbran el verso errante y el oleaje incesante de la errancia, en busca del otro lugar? Notemos para empezar que, etimológicamente, « conversari » quería decir en latín morar, vivir en un lugar. Puede que el poema abra ese lugar. El único acaso donde Nada se ha perdido:/ Lo que danza como un pistilo en medio del poema / También conoce los ritos / Y los labios/ Que avanzan como una proposición de lámparas / A la altura de la vigilia (...) Sin duda en otro lugar / Una nueva luz danza. La poesía de Camelo, canto errante como el de Darío, es busca y esperanza de conquista de ese otro lugar para que el hombre y su palabra, por fin, estén. El hombre y su palabra humana que debe ser ( todo en la poesía de Mario nos lleva a esta intuición ) de orígen divino, pero en nuestro exilio Hasta la presencia de Dios es incierta. Para rescatar un fulgor de certidumbre hay que bucear en esa incertidumbre: la ausencia de la presencia de Dios.




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