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Ensayo

La espinosa belleza del mundo. El "Leitmotiv" en la literatura de Tomás González

tomas gonzalez 250Mangroven - Manglares
(Edición bilingüe español-alemán)
Tomás González
Traductores: Karina Theurer, Peter Schultze-Kraft y Gert Loschütz
Portada: Pintura de Armando Williams (Perú)
Editorial: Edition 8, Zúrich, Suiza
ISBN: 978-3-85990-257-2
Páginas: 221
Año: 2015

 

 

En sus últimas horas de vida, antes de su ejecución –bebiéndose la copa de cicuta–, le quitan a Sócrates los grilletes de las piernas. El filósofo se sienta, se frota la pierna y cavila: «¡Qué curioso! Hasta hace un momento me dolía la pierna a causa del grillete y paso seguido experimento esta sensación placentera tras haber sido liberado del grillete. Parece que ambas sensaciones –la placentera y la desagradable– no deseasen convivir simultáneamente entre los hombres, pero que, cuando a la una se la persigue y se la atrapa, se está obligado siempre a llevarse a la otra, como si estuviesen las dos sensaciones unidas a una misma cabeza.» Esto sería un tema para Esopo, dice Sócrates, «escribir sobre cómo el Dios quiso ponerle fin a la lucha de lo antagónico y cómo al no lograrlo ató las dos cabezas juntas así que cuando lo uno se va donde alguien, lo opuesto llega fijo.»

No sé si Esopo logró desarrollar algo de este pensamiento socrático. En todo caso y en este aspecto propondría a un autor contemporáneo, el novelista colombiano Tomás González, nacido en 1950, como ejecutor testamentario de Sócrates aunque tal vez él mismo no haya leído el Fedón de Platón. En toda la obra de González podemos observar, como un Leitmotiv, su visión de la convivencia de los opuestos, su convicción de que la luz y la sombra van juntas, de que lo hermoso y lo horrible son las dos caras de la misma medalla, de que la muerte es parte de la vida. En su novela Los caballitos del diablo Tomás González acuñó el término «la espinosa belleza del mundo» para definir ese estar acoplado de lo antagónico y así seguir con la tradición de un William Blake, quien manifestaba que «sin contraposiciones no hay avance: atracción y repulsión, sensatez y energía, amor y odio son necesarios para la existencia humana.» (Matrimonio del cielo y el infierno, 1790).

Lo que distingue a Tomás González dentro de la literatura colombiana es su afán por mostrar la existencia paralela de los opuestos, a veces en una frase, a veces en una sola imagen. Dice González: «El arte del arte consiste precisamente en captar la realidad toda. Tal como lo logró Goya en su pintura Los fusilamientos del 3 de mayo de 1808 en Madrid. Aquí el horror es reconciliado por la estética, aquí domina la fuerza de la vida frente a la muerte.»

Manglares deutsch 375defEl ejemplo más citado de la máxima estética de González lo encontramos en una escena de su novela La historia de Horacio, en la que durante una emergencia se llama a un médico: «En un bar fétido y mientras sonaban tangos […] el apuñalado perdía sangre y tomaba cerveza.» En Abraham entre bandidos, la quinta novela de González, hay otro ejemplo que ilustra el punto: «Llegando a un caserío sin nombre, donde pocos años después se produciría la matanza de tres familias, Abraham frenó en seco para no arrollar a un perro flaco que se atravesó en la carretera.» Pero ya en su primera novela, Primero estaba el mar, estaba todo el Tomás González: después de una seria discordancia con su pareja J., Elena lo abandona en la playa y se va a la casa. Poco después J., todavía con el clavo de la riña en el alma, «vio sus formas agigantadas en el cuarto mientras se desvestía. ‹Todo es putamente difícil y hermoso ›, pensó al mirar la sombra de Elena moviéndose en aquella porción de luz amarilla, diminuta cavidad de amor bajo la inmensa noche.» Y finalmente quiero citar esta frase que me parece como un resumen de la novela Temporal: «Fugaces […] en su eternidad son las tormentas» y que no solo es una combinación audaz de contrapuntos sino también una insinuación del autor al carácter inmutable de sus obstinados compatriotas, –que siempre quieren tener la razón, que todo debe girar alrededor de ellos–, y a su condena a más de cien años de soledad.

Tomás González vivió 16 años (de 1986 al 2002) en Nueva York donde una y otra vez le atrajo el tema y la imagen de los indigentes. González les ha dedicado varios poemas y un maravilloso cuento, «Verdor». En este relato hay una escena de un surrealismo beckettiano que transcurre en un hogar neoyorkino para indigentes «donde más de cincuenta personas desvencijadas, sentadas frente a una televisión, miraban sin alegría a un hombre muy rosado que le hacía chistes a una audiencia invisible que se destornillaba de la risa.» Seguramente en ese hogar el protagonista del poema Indigente, Alto Manhattan buscó refugio en frías noches invernales.

Indigente, Alto Manhattan forma parte de Manglares, el único volumen de poesía de Tomás González, publicado por primera vez en 1997 y que el autor a lo largo de los últimos 26 años –siguiendo las huellas del poeta alemán Eduard Mörike (Gedichte, tres ediciones diferentes) y «America's poet» Walt Whitman (Leaves of grass, cuatro ediciones)– ha venido puliendo en cada una de las cuatro ediciones posteriores, cambiando versos, eliminando poemas, agregando nuevos. Ese perpetuum mobile se asemeja al pantano del manglar «que no es mar ni tierra y que es mar y tierra, es decir, que es todo», y que está en continuo cambio. Tomás González considera a Manglares su autobiografía poética, donde se plasman vivencias e imágenes que lo han marcado.

Entre otras se le grabó la imagen del indigente que no requiere interpretación alguna ya que ella se deduce por sí misma. Lo que sí quiero resaltar es la perspectiva del poeta quien se acerca bastante a su figura, pero sin ofenderla, sin expresar su asco ni dejarse dilacerar por la compasión. Al contrario, mantiene la distancia dejándole su libertad y dignidad al «universo andante» de la 101 Street West, donde el autor vivía en esa época. González capta de manera sobria, empática y poética al indigente con un solo golpe de vista: su humanidad sórdida y sagrada.

 

Indigente, Alto Manhattan

Tomás González
Manglares
Grupo Editorial Norma, 3era edición

 

El ser humano era entretanto un universo
andante
de organismos adheridos
como conchas en un casco inmenso y viejo.
Y aunque eran grandes su angustia
y su miseria, como un suelto arrecife
coralino
iba resplandeciente
rodeado por el halo vivo
que formaban sus bacterias, sus ácaros, sus
hongos.

 

Stadtstreicher, Upper Manhattan

 

Der Mensch – ein wandelndes Universum
aus Organismen, die wie Muscheln
an einem alten Schiffsrumpf
auf ihm sesshaft geworden sind.
Und obwohl seine Angst und sein Elend
groß sind,
treibt er leuchtend wie ein loses Korallenriff
durch die Straßen, umgeben
von der lebendigen Aura
seiner Bakterien, Milben und Pilze.

 

Nødlidende, Upper Manhattan

 

Individet var alt imens et vandrende univers
af organismer, der sad klæbet fast
ligesom muslinger på et enormt, gammelt
skibsskrog.
Og selvom dets kval og elendighed
var stor, gik det funklende
som et løsrevet koralrev
omgivet af den levende aura,
som dets bakterier, dets mider, dets svampe
rembragte.

 

peter schultze kraft 300Peter Schultze-Kraft
Traductor y crítico literario alemán con más de medio siglo traduciendo literatura latinoamericana al alemán, preferentemente con el 'método de los cuatro ojos'. A través de cuatro antologías del cuento colombiano (1969, 1977, 2001, 2013) ha dado a conocer a casi todos los autores colombianos a los lectores en Alemania, Austria y Suiza. Mientras trabajaba con la ONU en cooperación técnica, en capacitación de científicos de países en vías de desarrollo, construyó en paralelo su impresionante catálogo de traducción de autores latinoamericanos, entre ellos Nicanor Parra, Sergio Ramírez, Idea Vilariño, Luis Fayad, Marco Schwartz y, sobre todo, Tomás González.

 

Este ensayo, obra de Peter Schultze-Kraft, es inédito. La traducción al castellano, obra de A. & G. Camacho. El poema Indigente, Alto Manhattan pertenece al libro Manglares, Norma Grupo Editorial, 3era edición, 2oo6. La traducción del poema al alemán es obra de Karina Theurer, Peter Schultze-Kraft y Gert Loschütz. La traducción del poema al danés es obra de Helge Krarup. El material se publica con autorización de todos los aquí mencionados. Peter Schultze-Kraft traduciendo Los caballitos del diablo en su casa en la Selva Negra. Fotografía © Erica Mayhew. Tomás González. Fotografía © Camilo Rozo. Carátula Mangroven - Manglares © Edition 8, Zúrich, Suiza. Esta reseña se publica también en el especial Aurora Boreal® de autores colombianos de 2018.

Los amigos invisibles - próxima publicación

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