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Ensayo

Boom, boom, boom, un asunto masculino…

vargas_llosa_003Perdonen que me meta donde no me llaman (jamás, porque no me llaman), pero es que no puedo evitar salir del silencio (de la escritura) para expresar, desde este nicho, mi opinión sobre un "cartel" que me llama poderosamente la atención. Se trata de un programa muy atractivo de tres jornadas en las que se aborda el tema: la literatura latinoamericana del "boom". En la foto de familia del artículo de El País (07/11/2012), que tomo como referencia, aparecen los grandes, felices y exultantes en los setenta, Donoso, Vargas Llosa y García Márquez. La noticia refiere el encuentro organizado por la Cátedra Mario Vargas Llosa de la Universidad de Murcia, que se lleva a cabo en Casa América, en Madrid, donde escritores y periodistas debaten sobre el "boom" en su 50 aniversario. El titular formula una pregunta "¿Por qué hay que matar el "boom"? Hasta ahí todo me parece pertinente y necesario, al margen de las opiniones y pronósticos que ha suscitado este debate. Lo verdaderamente curioso es que los intervinientes, tanto como quienes son objeto de estudio, sean única y exclusivamente hombres. ¿Acaso la literatura latinoamericana ha sido y sigue siendo un asunto predominantemente masculino? Si nos ceñimos al "cartel", entendemos que sí...pero, ¿y quienes se ocupan del asunto, los críticos, las críticas (rara función del término en el que sujeto y objeto forman una entidad)... Pues parece que también, porque opinar sobre la literatura, según este "cartel", es un asunto masculino. No hay una sola mujer que merezca la atención crítica, ni una sola periodista, "crítica literaria", docente o investigadora con opiniones que merezcan ser tenidas en cuenta en estas lides, y no por venir de mujer, sino por agudas o acertadas.

 

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Diego Valverde Villena: el 'joi' del palimpsesto

diego_valverde_026La poesía de Diego Valverde Villena -poeta doctus como T. S. Eliot, conceptista como John Donne, pasional como Ausias March- es el lugar de intersección de sus tres patrias y el delta donde desembocan los varios saberes de su curiosidad enciclopédica.

Desde su intuición de poeta y su perspicacia de investigador, Marcelo Villena Alvarado nos ofrece en este iluminador artículo algunas claves de la obra valverdiana.

 

Entrevistando a Diego Valverde Villena hace algún tiempo, Gílmar Gonzáles iniciaba el diálogo con una confidencia que, bien vista, sentaba ya los auspicios para estos apuntes de lectura. "Te confieso que mi día está en el mes de tu Isis y en el día de María -decía- dos caras de la misma luna; y por ello vamos a suponer que ésta es la razón más profunda por la que me gusta tu poesía". Permítaseme entonces hacer como si también fuera ésta la razón más profunda por la que me gusta su poesía. Además de la presentación del poeta, además de una aproximación general a su obra, quisiera proceder entonces, ante la poesía de Valverde Villena, como los marineros de ese lejano Mediterráneo a los que no deja de evocar Gílmar Gonzales en la entrevista: esto es, encomendar, en un nudo de dos o tres figuras talladas en ágata, una suerte de monograma. 
Para empezar por lo primero, como es debido, voy a recordar que nacido en Lima, de padre español y madre boliviana, Diego Valverde Villena no ha dejado de trazar ese sino que abraza una multiplicidad de escenarios y tradiciones. Sus estudios universitarios y su trabajo como docente en filología hispánica, inglesa y alemana, y por lo tanto el dominio de estos idiomas, además del portugués, del italiano, del francés, explican en parte el don de lenguas que anima su poesía, ciertamente; pero también una amplia labor como traductor de Arthur Conan Doyle, Rudyard Kipling, Nuno Júdice, Ezra Pound, Paul Éluard, Valery Larbaud, Paul Celan, E.T.A. Hoffmann, G.M. Hopkins y John Donne, entre los más célebres. Poeta y traductor, entonces, pero también crítico y ensayista reconocido por textos dedicados a Álvaro Mutis y Jorge Luis Borges, así como por acercamientos a otros textos hispanoamericanos como los de la "Poesía boliviana reciente" (ensayo y breve antología publicados en México, 1999) y varias intervenciones que atraviesan el terreno de la literatura hacia ámbitos del arte y la cultura, la historia, la antropología, el cine y la música.

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César Moro y la libertad de la palabra

cesar_moro_004César Moro y su obra poética

César Moro es un gran poeta, para mí uno de los mejores del mundo de habla castellana en este siglo, y un gran pintor poco difundido y mal conocido: de ahí la importancia de la excelente muestra de su obra pictórica presentada por el Centro Cultural de España que

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La medida de la ficción *1

rosalba_campra_0031. "Flotando en un espacio incierto"...

La historia que estoy por contar sucedió hace muchos años, cuando yo había terminado de escribir mi primer libro de ficción. Una amiga, personaje de reconocida importancia en las letras argentinas, me presentó a un funcionario (importante también él) de una editorial (a su vez entre las más importantes de Buenos Aires). Este señor me recibió muy amablemente y, tranquilizada, diría hasta envalentonada por la acogida favorable, desenfundé el manuscrito (obviamente manuscrito es un modo de decir, era un ejemplar mecanografiado, única tecnología a mi disposición a fines de los setenta) de Formas de la memoria.
El lo abrió, lo hojeó, vio páginas con sólo diez líneas, o veinte, a veces cinco. Levantó la vista, perplejo: -¿Y esto qué es?
Empecé a explicar que se trataba de cuentos, de relatos brevísimos (él me miraba cada vez más desconcertado) ¿De apólogos? ¿fábulas? ¿parábolas? iba yo enumerando titubeante. -Bueno, textos que juntos forman una ficción única, aseguré al fin, esperando convencerlo.

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El extranjero - Una poética política, más bien ética

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A Emil Volek, releyendo a Milan Kundera.

Hace apenas un mes recibí la residencia en los Estados Unidos. Esa noche del pasado febrero recordé, busqué en Internet, releí varias veces y traduje un célebre poema de Baudelaire, que sirvió de referencia y alimento a Albert Camus para su novela homóloga El extranjero. Mi versión dice:
--Dime, hombre enigma, ¿a quién quieres más: a tu padre, a tu madre, a tu hermana, a tu hermano?
--No tengo padre, madre, hermana, hermano.
--¿A tus amigos?
--Empleas una palabra sin sentido, hasta hoy no la conozco.
--¿A tu patria?
--Ignoro en cuál latitud está.
--¿A la belleza?
--La querría mucho, es diosa inmortal.
--¿Al oro?
--Lo aborrezco tanto como ustedes a Dios.
--¿Entonces a quién quieres, raro extranjero?
--Quiero a las nubes. A las nubes que pasan por allá. A las maravillosas nubes.

¿Por qué esa cercana noche de febrero la pasé sin dormir, en la traducción de El extranjero 1, poema recogido póstumamente en Le Spleen de París (1869)? ¿Por qué la tarjeta de residente en una nación tan generosa, la más poderosa del planeta, me provocó spleen, que según Le Nouveau Petit Robert de 2009 es la "melancolía que se expresa sin razón alguna, caracterizada por una enorme repulsión hacia todo"?

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Los amigos invisibles - próxima publicación

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