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Ensayo

Sobre Miguel Ángel Asturias y su obra “Hombres de maíz”.

hombres maiz 250Miguel Ángel Asturias (19 de octubre de 1899 en ciudad de Guatemala - 9 de junio de 1974 en Madrid, España) fue un abogado, periodista y escritor guatemalteco, ganador del Premio Nobel de Literatura en 1967 . Entre sus obras más sobresalientes se encuentran El Señor Presidente y Hombres de Maíz. También se hizo acreedor al Premio Lenin de la Paz en 1965 (Diccionario Histórico Biográfico de Guatemala, 2004).  Su niñez y juventud discurrieron por los barrios La Parroquia y Candelaria, que evocó en su producción literaria. Sus estudios de bachillerato los hizo en el Instituto Nacional Central y en la Universidad de San Carlos de Guatemala obtuvo el título de Abogado y Notario en 1923, presentando su tesis El Problema del Indio, trabajo que mereció el Premio Gálvez (Haeussler, 1983). Más tarde, el escritor colabora con el diario El Imparcial y luego en la revista Vida. Después, viaja a París, Francia, e ingresa en la Universidad de París y estudia Los Mitos y Religiones de Centroamérica, con especialidad en la cultura maya. En París, junto a otros amigos edita la revista Ensayos. De regreso a Guatemala en 1933 funda el matutino Éxito y el primer radioperiódico original Diario del Aire (Haeussler, 1983). En el período revolucionario de 1944 a 1954 desempeñó varios cargos diplomáticos.  Murió en Madrid el 9 de junio de 1974 pero sus restos reposan en el cementerio de Pere Lachaise, en París. En 1930, Asturias edita en Madrid, España, su libro Leyendas de Guatemala, que de inmediato atrae la atención de los críticos europoes. Pronto es traducido en varios idiomas y señala el inicio de su carrera literaria. El libro está formado por una serie de relatos escritos en un castellano limpio. Toda la obra esta revestida de gracia, fluidez, facilidad para manejar elementos: brujos, terremotos, choques de nubes, lluvias de estrellas e insectos.

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El inventor de mundos y sus 'Cien años de soledad'

manuel domingo rojas 250El rostro del hombre delata en los pliegues de la piel que hay una vida vivida. No se trata de edad sino de intensidad. La frente ancha hace intuir que se está en presencia de un hombre de pensamiento. El bigote áspero y las cejas espesas hablan de ancestros de tierras y aguas distintas a las de su caribe natal. La boca y sus labios señalan sensualidad y sibaritismo. El mentón, determinación. Los ojos, no sólo inteligencia sino sabiduría, una sabiduría innata recibida genéticamente de estirpes marcadas por la soledad.

Si imagináramos un imposible viaje a las neuronas y los recónditos rincones del cerebro de este hombre, tendríamos que penetrar por sus pupilas tatuadas de fantasías y sueños. Y al navegar a través de los circuitos eléctricos de su masa cerebral, nos encontraríamos con la sorpresa de no encontrar algo que explicara su capacidad de invención para crear mundos nuevos y reinventar lo conocido.
Con razón otro sabio que deslumbró a la humanidad, Albert Einstein, afirmó que sólo la imaginación es superior al conocimiento. Porque tenemos que partir de la premisa que en este mago de la palabra, este prestidigitador de ideas, lo esencial es eso: su imaginación. Una imaginación sin límites que tiene sus raíces en la capacidad de asombro que cultivó en su infancia y jamás lo abandonó. Asombro frente a la cotidianidad, los hechos y las cosas que la mayoría de los seres humanos aceptamos sin descubrir sus aristas de singularidad y portento.

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Parábola para Elías Canetti

elias canetti 250Inédito

 

 

Suelo leer varios libros a la vez. La afición es bastante común. En mi caso concierta azarosamente los volúmenes, aunque trato de que pertenezcan a distintos géneros literarios. Nunca dos de poesía o dos de ensayo o dos novelas; aunque generalmente tengo tres o cuatro al retortero. Sin que nunca falte uno de poemas, lectura esta última que dejo para la cama, pero ahora sólo de poetas reconocidos. Porque los que desconozco sólo los descubro de mañana, ya que en ocasiones me premiaron con pesadillas tenebrosas, hasta despertar con la angustiosa certeza de que el autor me acorralaba para leerme otro fajo de lo que llamaba –suspirando— poemas.
Justifico la costumbre bajo el pretexto de que recrudece la amenidad, pero no estoy seguro. La incertidumbre –magia contra las vagancias de la certeza— me impide recomendar la manía combinatoria. Aquella vez la coincidencia fue entre ensayo y biografía: Masa y Poder de Elías Canetti y César de Gerard Walter.
Masa y poder la había leído en dos ocasiones porque me abrió los ojos ante las ideologías cerradas de la modernidad, hasta convertirme para siempre en un admirador del genial escritor de origen sefardí Atesoro sus primeras ediciones en español, dicha que debemos a Mario Muchnik, editor entre editores, hasta sus aforismos y memorias; aunque hoy disfrutamos de sus Obra Completa en la Editorial Debolsillo, hasta el séptimo tomo.

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La novela colombiana actual: canon, marketing y periodismo

pablo mntoya 250Pablo Montoya ganó la XIX Edición del Premio Rómulo Gallegos con su novela Tríptico de la Infamia, (2014).

 

 

No es nada temerario afirmar que una buena parte de las novelas colombianas que hoy triunfan en el escenario de las grandes editoriales naufragan en una suerte de frivolidad sentimental, en un espectáculo altisonante de la violencia y en propuestas narrativas que buscan afanosamente su aprobación comercial. Novelas, pues este es el género impuesto en el gusto colectivo, que intentan penetrar en los fenómenos típicamente nacionales a través de inquietudes tal vez válidas, pero resueltas en la escritura de manera ligera, sensacionalista, poco audaz. ¿Qué pasaría si alguien, apoyado en los principios de la exigencia estética y no en los del mutuo elogio o en las presiones venidas de los consorcios editoriales, se dedicara a escribir una recopilación de ensayos críticos sobre las novelas más exitosas de los últimos años? Por encima de las cifras de ventas que ofrecen algunas de ellas (piénsese, por ejemplo, en Rosario Tijeras (1999) de Jorge Franco, en Satanás (2002) de Mario Mendoza, en Angosta (2004) de Héctor Abad Faciolince, en Necrópolis (2009) de Santiago Gamboa, en Tres ataúdes Blancos (2010) de Antonio Ungar, en 35 muertos (2011) de Sergio Alvárez, en El ruido de las cosas al caer (2011) de Juan Gabriel Vásquez y en La luz difícil (2011) de Tomás González), se encontraría con problemas de construcción de personajes, con tramas más audiovisuales que literarias, con triviales atmósferas telenovelescas, con tratamientos narrativos frágiles, con complejidades estructurales exiguas, con adjetivaciones torpes, con el lugar común como si este fuese realmente el héroe de sus historias narradas, con críticas sociales que se empañan con un erotismo ramplón, con influencias literarias manidas y un facilismo evidente para resolver sus intrigas. Hallaría, por supuesto, pasajes que develan un buen oficio narrativo en autores que hoy se declaran, por fin, escritores profesionales en un país que sigue siendo avaro ante esta clase de categoría. Así como Hernando Téllez, a propósito del panorama literario de la primera mitad del siglo XX, que prefería la poesía e ignoraba los otros géneros, decía que en Colombia "hay un montón de versos pero muy pocos poemas".1 Hoy podríamos afirmar que ante el papel glamuroso de la novela hay muchas páginas escritas, sólo pasajes interesantes y no obras logradas.

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Dramatizaciones de la muerte de Cristóbal Colón: 'La agonía' de Luis Mariano de Larra y Wetoret, 'La última hora de Colón' de Victor Balaguer y 'Yo vi el paraíso terrenal' de Remedios García Albert y Lautaro Murúa.

cristobal colon 250El deceso de Cristóbal Colón, como todo lo relativo a su vida, ha sido y continúa siendo tópico de investigación, análisis y de infinitas representaciones iconográficas (1) musicales (2) , historiográficas y literarias. A las fuentes principales de su fallecimiento- los textos de su hijo Hernando Colón y Bartolomé de las Casas- se suma una extensa y disímil producción documentaria, investigativa e interpretativa centrada en la reconstrucción histórica de su última etapa de vida, en los diagnósticos de los posibles síntomas o enfermedades que padeciera o en la determinación de la autenticidad y lugar exacto y final de sus restos (3).
La historiografía reciente sobre sus últimos años destaca la preocupación de Colón por el distanciamiento del Rey Fernando después de la muerte de la Reina Isabel (1504), la poca atención que se daba a sus reclamos para la devolución de privilegios y títulos, y su precaria salud. Es el cuadro de un hombre, en un último viaje, marcado por un esforzado peregrinaje (la mayor parte en mula) tras una corte real esquiva, acompañado de su hermano y servidores, que transportan consigo sus documentos más importantes. Colón, en su itinerario se desplaza de Sevilla a Segovia, donde lo recibe el Rey Fernando el Católico (mayo de 1505), dicta un testamento nuevo (25 de agosto), parte a Salamanca (donde llega el dos de noviembre de 1505) y a Valladolid, a donde había llegado el Rey Fernando el 22 de marzo de 1506 para casarse con Germana de Foix y recibir a los nuevos monarcas, su hija Juana y Don Felipe, que venían de Flandes. Cuando éstos, en vez de llegar a Valladolid, optan por La Coruña (28 de abril de 1506), el Rey parte a su encuentro. Colón, imposibilitado de asistir y seguirle, envía a su hermano Bartolomé con una carta en la que se ponía a la disposición de las nuevas Altezas como "vasallo y servidor" y les suplicaba "que reciban la intención y voluntad, como de quien espera de ser buelto en mi honra y estado, como mis escripturas lo prometen"( Varela 532, énfasis mío). El mismo Colón se ocupa de resaltar en dicha carta su aflicción física (enfermedad) y su preocupación emocional (angustias). Sus reclamos los inscribe dentro de unos momentos que él mismo describe categóricamente como tiempos "revesados". Algo revelador de su ánimo es su deliberada intención de señalar y acusar que su actual difícil situación es el resultado de la agencia de otros ("en que yo e seído puesto") y reitera su esperanza de que se le restituyan no sólo su reputación sino sus bienes ("honra y estado") como se estipulara en las Capitulaciones.

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Los amigos invisibles - próxima publicación

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