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Mini Relato

Cosas de amigos

eduardo_coiro _001José y Claudio, amigos desde la escuela primaria. Se ven cada tanto. Una o dos veces al año. Se cuentan sus problemas, intercambian algún consejo y siguen cada cual con la vida en la mochila al salir del café. En el último encuentro José llega rengueando. -Una hernia de disco. Tras meses de buscar explicación a dolores que migran por ahí, pero cerquita

de la cintura.
Claudio le dice: No puedo más, me voy a separar de Graciela. No es compañera. No me ayuda con mis viejitos. Ni una palabra de sentimiento sale de su boca. Hace meses que vivimos en horribles discusiones. Los platos vuelan y se rompen, por ahora no logra dar en el blanco: mantengo la agilidad del wing de rugby que conociste a los 20 años.
José intenta hacerlo desistir: no sabes lo que es la calle, es peor que un desierto. En un momento le dice con tono de desesperación: -Mirame, soy el espejo de lo que no tenés que ser ni ahora ni en un futuro. No te quedes sólo a los cincuenta. No te vayas a vivir con tus viejos aunque sientas que te necesitan. Aunque tu mujer siga con la guerra de los platos voladores. Entra a tu casa con casco pero no te quedes solo.

José, que nació en Galicia y llegó a la Argentina a los seis años, vive con su madre anciana. Ahora esta casi encerrado en el dolor, ni los remedios ni la kinesiología parecen ser efectivos.

 

Eduardo Francisco Coiro nació en 1958 en Lomas de Zamora, Argentina. Es Licenciado en Sociología de la Universidad de Buenos Aires y escritor. Es también director y editor del proyecto cultural Inventiva Social, publicación virtual abierta para escritores.-Y si me pasa algo no tengo a nadie que se ocupe de ir a escuchar el parte medico.
Claudio retruca: -No estoy seguro de que Graciela me acompañe si me enfermo.
Lo mío, ya hace rato que es una ficción matrimonial. Más de un mes sin sexo.
José piensa en la imagen de Graciela, cuarenta y cinco años, un aire a Jennifer López y un culo impresionante.
Ni se anima a decir lo que piensa.
Supone la respuesta de Claudio: -Hermano, pero con el culo solamente no hacés nada.
Claudio continua con el relato, José se ha perdido una parte abstraído en sus pensamientos. Casi todos los días tenemos gritos, una tensión insoportable en el aire completa la situación. Ni me da para preguntarle porque llega a cualquier hora y me ignora como si fuera un mueble más de la casa, o mejor dicho: como si fuera la cómoda de la abuela que esta tirada en el galpón.

Desde un televisor situado en la esquina se escucha una frase recortada de una publicidad que se repite una y otra vez pero ellos escuchan sólo esa parte y ríen:
-No veo la hora de que llegue el iceberg y terminemos con todo esto.
José no se queda atrás con la desdicha confesada: -¿Sabés cuánto hace que no duermo con una mujer? -Mucho, quizás un record mundial. Ni lo vas a adivinar. Años. Desde el final de la relación con Cecilia.

***


Así siguen. Van cinco horas desde que entraron al bar. Tres cortados. Un te con miel. Un té de tilo. Ni José logra que Claudio intente mover algo para salvar su matrimonio. Ni Claudio consigue que José crea que su vida puede salir del abismo de la desdicha y soledad. Hasta que harto de seguir la cuestión a distancia Javier -mozo y estudiante avanzado de psicología- decide intervenir. -Amigos, nunca opino de los problemas de los clientes pero esta vez creo que ustedes van a aprovechar el consejo: Necesitan tomar distancia. Prueben ubicarse en otro lugar, verse "como de afuera".
Claudio y José agradecen. Ponen cara de "lo vamos a pensar". Javier se va a atender otra mesa.
Después de horas de estar empantanados y no ver una lucecita, Claudio tiene una ocurrencia: ¡Un enroque! ¿Qué...?
-Sí, un enroque, veníte una semana a casa a vivir con Graciela, yo iré una semana a vivir con tu madre, prometo que le daré la bolsa de agua caliente a la hora de irse a dormir.
¿Y yo que tengo que hacer? arriesga José.
-Llévate una muda de ropa y los remedios para la hernia, a la noche - si te lo permiten- dormí en la cama matrimonial con mi mujer. Es fría como el mármol. Si en una semana conseguís tener un ratito de sexo serás un ídolo.
-Después de una semana de distancia veremos si las cosas mejoran.
Antes de partir acordaron algo más: que cada cual llevaría un diario con lo significativo de la experiencia vivida en la casa del otro.
Aunque Javier no ha podido escuchar el rumbo de su consejo puede ver al fin gestos de convicción y alguna expresión de alegría en el rostro de los amigos.

Cosas de amigos enviado a Aurora Boreal® por Eduardo Francisco Coiro. Publicado en Aurora Boreal® con autorización de Eduardo Francisco Coiro. Foto Eduardo Francisco Coiro ©Santiago Meligeni..

Los amigos invisibles - próxima publicación

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