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Poesía

Los que vinieron

alberto quero 250BEETHOVEN

El más triste hombre de la Historia he sido yo.
El destino más cruel y traicionero
ha sido el mío.

Toda la vida, toda,
batallé con los sonidos,
con sus combinaciones;
traté de descifrar
cualquier silencio, cualquier melodía:
me enfrenté cara a cara,
como sólo los grandes varones hacen,
con los enigmas de aquella labor
maldita y sublime.
Cien mil veces me lié
con aquella ciencia
pugnaz y esquiva y hermosa,
pero al final entendí de escalas mayores y menores,
de séptimas y disminuidas,
de arpegios y contrapuntos.
Y después de tanta lid,
en el colmo del delirio y del cansancio
creí conocer hasta el último secreto
de los cantares y las armonías
Mi placer terminó siendo
la lucha misma.
Pero todo fue en vano,
porque un buen día,
sin que siquiera hubiera muerto,
no pude seguir luchando.

 

EMILY DICKINSON

Yo no te encuentro, mujer blanca,
en lo suave de las noches,
porque tú sueñas con descubrir el amor
y yo amo descubrir el sueño;
yo no te encuentro en el mundo,
porque es él gigantesco
y tú no lo conoces y yo quiero ignorarlo

Únicamente te encuentro, mujer blanca,
en ese lugar ínfimo y tembloroso
que compartimos
todos los que estamos solos.

 

FRANCISCO DE MIRANDA

Lejos estoy yo de ser un paladín,
no me acerco a tanto,
ni mis circunstancias me lo permiten
es solamente esta furia
y este torbellino,
este furor que no tiene más lealtades que él mismo
ninguna bandera que no sea la libertad misma
me puede cobijar,
el escape de la injusticia solamente.

Y eso es lo único que me define
y me reduce,
porque es lo único que me obsede

Mi sola ciudadanía
es el albedrío

 

RIMBAUD

¿Os asusta saber que está borracho
éste, vuestro barco?
¿Os asusta que los niños lo sepamos
y vosotros no?
Algunos tenemos los ojos azules;
pero los que no sois galos,
lo he descubierto en Abisinia,
tenéis igual predisposición
para la gula y la lujuria.

Todos somos la misma cólera,
el mismo furor, la misma ira;

solo yo soy otro:
llamadme el barón Pedo de Cabra

 

LEONARDO

Tantas cosas acerca de mí se han dicho.
No sé si son mentira,
pero en todo caso harto intrascendentes;
graves hombres de mi humilde persona
se han ocupado,
siempre con tino minúsculo
Tantas cosas acerca de mí se han dicho;
pero a mí sólo me preocupa una cosa:
que no puedo volar.

Por eso observo tanto las aves.
Y las pinto, las pinto, las pinto.

 

KIERKEGAARD

El más angustiado hombre de la historia he sido yo,
acaso el más tonto
o el más ciego:
yo busqué a Dios
pero encontré sólo precipicios,
y no fui feliz ni siquiera cuando comprendí
que Dios pisa tan fuerte
que huellas suyas
son los despeñaderos

 

BAUDELAIRE

Piensan los hombres escasos que yo soy atroz,
atroz como mi libro,
atroz como ellos mismos,
hipócritas próximos, farsantes vecinos:
no sé quién les dijo que son mis semejantes.

A mí no me importa;
pero sepan algo:
si soy yo atroz
no es porque cuentan mis textos
todo mi odio y toda mi ternura,
sino por lo que callan y resguardan,
por lo que celan y atesoran

 

SYLVIA PLATH

Judíos en Auschwitz somos todos,
condenados y encerrados estamos todos:
sólo disfraces son las palabras,
mentiras con matices varios
y celdas diversas.
Nuestro único albur, nuestra única certeza
es el silencio y la negrura
Eso me lo dijiste tú
y tienes razón
¿Sabes tú, mujer de furias,
hacia dónde vamos
cuando lo hemos perdido todo?

 

BOLÍVAR

Alejaos de mí.

Todos vosotros:
habéis hollado lo que más caro me era
mi reputación,
y habéis descuartizado mi gloria

Hijo míos no sois
ninguno de los que tales os llamáis,
ninguno de los que eso fingís,
sino bastardos;
elástico me habéis vuelto,
paraguas de iniquidades,
escudo de tropelías.

¿Cuántos crímenes habéis cometido en mi nombre?

Alejaos de mí.
Todos vosotros:

aún no me conocéis

 

JESÚS

El más curioso hombre en la Historia he sido yo.
Al principio era Dios,
y era perfecto:
nada se hizo sin mí.

Pero de algo carecía
mi fastuosa soledad
una cosa desconocía,
una zona que jamás hubiera intuido solo:
la otra mitad me era ajena;
así comprobé que había un camino único
para conjurar eso que me intrigaba.

Y he aquí que me hice hombre:
necesitaba saber qué define
al mundo y a su errancia
y a sus imposibles vericuetos;
creí que era la muerte,
y nací sabiendo cómo derrotarla,
pero en verdad se trata del miedo
y no lo supe sino hasta Getsemaní,
cuando me supe indefenso y precario,
desamparado y vulnerable

Fue así como me hice mortal
y vencí a la muerte
pero sucumbí ante la angustia.
Solo entonces supe por qué los hombres
suelen sentirse tan desiertos.

Y a partir de ese instante prodigioso
amé a los hombres, y a las mujeres
y a los niños y a los viejos,
y los sentí hondos hermanos míos,
y los hice hondos hermanos míos

Los amé a todos,
a los que ya habían muerto
y a los que aún no habían nacido
a todos que alguna vez vivieron
o habrían de hacerlo,
los amé con una potencia enorme y dorada,
descarada y vertiginosa,
que me hubiera sorprendido
si no es porque el amor lo inventé yo.

Amé sus torres y sus casas,
las que han destruido los terremotos
y las que aún no construyen;
amé sus barcos y su vino
amé sus bueyes y sus caballos,
amé su risa y sus lágrimas,
amé su pereza y el miedo que le tienen a las tormentas

Entonces juré por mi mismo
y por el trono en el que en breve había de sentarme,
que yo iba a aliviar tanto llanto,
porque no podía ser en vano
tanta zozobra y tanto ahogo,
ni debía ser estéril
el estremecimiento y la congoja.

Así resolví que los hombres vendrían conmigo
sus mujeres y sus niños,
los jóvenes y los viejos
los que habían nacido
y los que luego lo hicieran,
vendrían todos a mi casa,
y a sus muchas moradas,
ya demasiado aburridas
de pura perfección angélica,
decidí de inmediato que allí pasaríamos la eternidad
y probablemente un poco más
riéndonos de la muerte
y de su insignificancia.

 

BEETHOVEN

The saddest man of History I have been.
The cruelest and most disloyal destiny
has been that of mine

All my life,
I battled against sounds
and their combinations;
I tried to decipher
every silence and every melody.

I faced, as only men can
the enigmas of that labor
cursed and sublime
A hundred thousand times I got entangled
within that science pugnacious and elusive and beautiful
but in the end I understood about major and minor scales,
arpeggios and counterpoint,
I knew what is a seventh and a diminished
And after such a struggle,
on the top of delirium and exhaustion,
I thought I knew everything about songs and harmony
My pleasure became the tussle itself
But it was all in vain,
for one day,
and I had not even died
I could not keep on fighting anymore

 

EMILY DICKINSON

I do not find you, white woman,
in the softness of the nights
because you dream of discovering love
and I love to discover dreams;
I do not find you on the world,
for it is enormous
and you do not know it and I want to ignore it

I only find you, white woman,
within that minuscule and shaky place
that all of us who are alone share

 

FRANCISCO DE MIRANDA

Far I am from being a hero,
not even close to that
and my circumstances do not allow me to;
it is just this vehemence
and this whirlwind
this furor that has no other loyalties
than itself.
No flag apart from liberty itself,
can cover me,
only the escape of injustice

And that is the only thing that defines me
and reduces me
because it is the only thing
that obsesses me.

My sole citizenship
is the free will

 

RIMBAUD

Are you, men, afraid to know
that this one, your ship,
is completely drunk.
Are you scared because even us children
know it and you, men, do not?

Some of us have blue eyes;
but you, who are not Gauls,
(and I have discovered this in Abyssinia)
have the same inclination to
gluttony and lust
We all are the same anger,
the same tumult, the same wrath
only I am another:
call me Baron Goatfart

 

LEONARDO

So many things about me have been said.
I do not know if they are lies,
but in any case they are rather extraneous;
serious men of my most humble self
have taken care,
normally with a minimal accuracy.
So many things about me have been said;
but I am only worried about one of them:
I cannot fly

That is why observe the birds so much
And I paint them, I paint them, I paint them

 

KIERKEGAARD

The most anguished man in History I have been,
perhaps the dumbest
or the blindest:
I looked for God
but I only found cliffs
and I was never happy, not even when I understood
that God steps so hard
that the steps of His are the precipices

 

BAUDELAIRE

Simple men think I am atrocious
atrocious as my book,
atrocious as themselves,
hypocritical neighbors, near-by frauds:
I do not know who told them
they are my fellow men.

I do not care;
but they should know something:
if I am atrocious
it is not because of what my texts tell
(all my hate and all my tenderness),
but rather because of what they keep.
because of what they enshrine and treasure

 

SYLVIA PLATH

Jews in Auschwitz we all are,
condemned and locked we all are:
just disguises words are,
lies with various nuances
and diverse cells.
Our only fate, our only certitude
is silence and blackness.
That is what you told me
and you are right

Do you know, woman of furies,
where do we go when
we have lost it all?

 

BOLÍVAR

Get away from me.

All of you:
you have pierced what was most precious for me:
my reputation.
You, my own people,
have butchered my glory

Sons of mine you are not,
none of those that so claim
none of those that so pretend

Elastic you have made my name,
an umbrella for all your iniquities,
a shield for your vices

How many crimes have you committed in my name?
Stay away from me
all of you:

you still do not know me

 

JESUS

The most curious man of History I have been.
At the beginning I was God,
and I was perfect:
nothing was done without me.
But something
my flaunting loneliness
lacked of,
one thing I did not know about,
a zone I would have never been able
to intuit by myself:
the other half was so far away from me;
so I realized that there was
only one way
to avert
the thing that intrigued me.

And that is how I became a man:
I needed to know what defines
the world and the way it roams,
its impossible twists;
I thought it was death
and I was born knowing how to vanquish it,
but in reality it is fear,
and I did not know it until Gethsemane,
when I found myself defenseless and precarious,
unsheltered and vulnerable.

That is how I became mortal
and I defeated death,
but I succumbed before anguish
Then, and then only,
I knew why men
are used to feel so forsaken.

So, from that prodigious moment on
I loved men and women,
children and elders,
and I felt them deep brethren of mine
and I made them deep brethren of mine,

I loved them all,
those who had already died
and those that still were not born,
all those who had ever lived
and those who were supposed to;

I loved them with a potency enormous and golden,
shameless and vertiginous,
which may have surprised me
had it not been
because I invented love myself

I loved their towers and their houses
those which the earthquakes have destroyed
and those that are still not built;
I loved their ships and their wines,
I loved their oxen and their horses,
I loved their laughter and their tears,
I loved their laziness and the fear they feel for storms

Then I swore to myself
and on the throne I was meant to sit on,
that I was to heal so much pain,
for it could not be in vain
their capsizing and their unease
nor their shivers and their grief
should be sterile

So I decided that men had to come with me,
their women and their children,
the youngsters and the elders,
those who had been born
and those who later would,
they would all come to my house
and to its many rooms,
already very boring
by so much angelical perfection;
I immediately decided that there we would spend eternity
and perhaps a bit more
laughing at dead
and at how meaningless it is.

 

alberto quero 350Alberto Quero,Venezuela. Licenciado en Letras, Magister en Literatura Venezolana y Doctor en Ciencias Humanas. Miembro de la Sociedad Iberoamericana de Escritores y la Asociación Venezolana de Semiótica. Autor de cinco libros de relatos  y un poemario. Obras: Los que vinieron. Poemas, 2014. Aeromancia. Relatos, 2004. Giroscopio. Relatos, 2006, Fogaje. Novela corta, 2000. Esfera. Relatos, 1999 y Dorso. Relatos, 1997

 

Material enviado a Aurora Boreal® por Alberto Quero. Publicado en Aurora Boreal® con autorización de Alberto Quero. Este selección hae parte del libro Los que vinieron, Negro Sobre Blanco Editores, Caracas, 2013. Foto Alberto Quero © Kenny Tapia.

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