Aurora Boreal

Lunes, Dic 17th

Last updateMar, 11 Dic 2018 10am

Home > Literatura > Puro Cuento

Puro Cuento

La turista

marcos pico renteria 250Esta fue la segunda vez que me contrató. El trabajo no es difícil si la conciencia me deja seguir adelante. No hubiera sido muy distinto trabajar como taxista o con un Uber, pero no es lo mismo. Ella me contactó muy temprano por la mañana. Le gusta levantarse y saludar al sol, costumbre que quizás leyó en algún libro de autoayuda o le copió a alguien que usa su espiritualidad como una moda pasajera.

Mornin’ Josh.

—Es Josué, ya le dije que mejor me hable en español.

—I’m sorry, can’t help it. Pero tienes razón, tengo que practicar.

Yes, you must. ¿Lista?

—Sí, vamos.

Mi ruta siempre es la misma y comienza al punto de la una de la mañana en la casa del cliente. Durante el verano, esta ciudad siempre es como un carbón que nunca se apaga, sino que pretende sofocarse para después encender con mayor furia. El ciclo es el mismo en mis clientes. La sencilla timidez que pretenden a primera vista es simplemente una máscara. No una como las que describe Paz, sino la que utiliza el mundo para pretender que todo es normal, que la ansiedad diaria se sofoca con ridiculeces diurnas, pero al final del día, esa ansiedad vuelve para retorcer las fibras más sensibles del interior humano.

Leer más: La turista

Árbol genealógico

andrea jeftanovic 251¿Qué es lo prohibido?: «La sociedad no prohíbe más que lo que ella misma suscita».
Lévi-Strauss

 

No sé en qué momento me comenzaron a interesar las nalgas de los niños. Desde que los curas, los políticos, los empresarios fueron exhibiendo sus miradas huidizas en la pantalla de televisión, y los diarios de vida infantiles eran pruebas fidedignas en los tribunales de justicia. Nunca antes había sentido una palpitación por esos cuerpos incompletos, pero estábamos todo el tiempo expuesto al bombardeo mediático de «las erosiones de cero punto siete centímetros en la zona baja del ano». O, en el periódico la frase «a los chicos reiteradamente abusados se les borran los pliegues del recto». La brigada de delitos sexuales alertando a la población sobre las conductas cambiantes en los niños y el examen periódico de sus genitales. El servicio médico legal ratificando las denuncias después de los peritajes físicos.

Teresa miraba de reojo esas noticias y se paraba incómoda. Llevábamos casi un lustro viviendo solos desde que su madre se fue. Cuando eso ocurrió ella tenía nueve años. Quitó todas las fotos de ella y sin que yo pidiera asumió el rol de dueña de casa. «Que falta esto, lo otro, ya hemos comido demasiada carne». Lo demás siguió igual: sus amigos, la escuela, sus gustos. Una chica estudiosa, tímida, que dibujaba árboles contemplando más allá de las montañas.

Leer más: Árbol genealógico

Las huellas del lobo son semejantes a las del hombre

antonio moreno259A Ivet, con los ojos cerrados.

 

Una mañana de marzo de 2014, con un cielo recubierto de nubes desconchabadas, me trepé al auto y conduje de Midland a El Paso sobre la carretera interestatal I-20, con la relativa paz que pueden generar los sutiles paisajes del desierto y las praderas de Texas. Como había vivido muchos años en la costa este, opté que esos días de asueto que me otorgaba el calendario, me servirían para hacer un viaje de reconocimiento, y así empezar a familiarizarme con el lugar. Dice la Historia que Texas es un vasto territorio que había sido considerado como la perla de la república por el gobierno mexicano del siglo XIX, bajo la jurisdicción del estado de Coahuila. Desplazarse a caballo de aquí a Ciudad de México, en ese entonces, era peor que el suicidio. Mientras la joven nación mexicana trataba de quitarse las pajas y el tufo español de las espaldas, llegaban en caravanas peregrinos anglosajones atraídos por lo que pudieran construir en esas tierras. Y ahí estaban a simple vista lo que los integrantes de esas caravanas construirían poco tiempo después, o el resultado de ese desafío, una rica toponimia que apunta hacia varios lados, desde las implicaciones imperiales a los despojos y las infamias en contra del subalterno: Toyah, Pecos, Pyote, Wickett, Thorntonville, Monahans. Tenía previsto detenerme en Van Horn o en Sierra Blanca para estirar las piernas, merodear por el lugar y comer algo que me acercara más a lo mío.

Conducía a una velocidad moderada. De un lado de la carretera, arbustos, vacas pastando, árboles enanos; así se repetía el paisaje, haciéndome bizco. Del otro, las alucinaciones que toda llanura provoca cuando se proyectan los mismos objetos una y mil veces. Obviamente, no es lo mismo observar desde una montaña. En la planicie, el objetivo se torna difuso; un terreno favorable para las quimeras y los caprichos. Llega el momento en que empiezas a imaginar cosas que saltan de ese lugar inalterable, lo que sea—yo siempre imagino un lobo que me mira y me sigue a la velocidad del auto; dinosaurios en busca de pastura, apaches con los rostros pintados, montados a pelo sobre caballos moteados sin rienda, listos para la guerra.

Leer más: Las huellas del lobo son semejantes a las del...

Jenjilla *

jose prats sariol 251A mi querida suegra

 

Y aunque te lo haya dicho cien veces lo tengo que volver a repetir porque qué es eso que tú digas no no te debe molestar para nada decirme a dónde vas y no es que me importe por saber es que tú todavía no conoces nada y que te puede pasar algo por ahí y una no enterarse chico pero tienes que comprender la preocupación que me das todos los días y dónde estará ese muchacho y cuando te pregunto lo que haces es mirar para el techo y sonreír como si fuera gracioso y qué es lo que tú crees que porque tengas casi diecinueve años ya eres un buey suelto y que eso te hace más hombre pues no no y a mí lo que más me disgusta en la vida es estar en la peleadera el día entero pero no lo puedo evitar qué le voy a hacer boba que es una porque hay otras que ni se preocupan les da lo mismo ah y ahora me acordé que te llamó una muchacha y no me quiso decir de parte de quién y porque claro a lo mejor fuiste tú mismo el que le dijiste que no diera su nombre y le contaste que tu madre todo lo averiguaba si no te conociera y que de todo se quería enterar que en todo se metía ya me lo imagino porque eso es lo que gano por preocuparme no no me digas nada acaba de tomarte el desayuno que vas a llegar tarde además ya sé que me vas a decir lo mismo de siempre la misma historia el mismo cuento el mismitico que me deje de boberías boberías son las tuyas vas a venir a almorzar y después tienes clases porque hoy te toca no vas a llevar el libro a lo mejor en la guagua puedes leer algo si no vas a venir me llamas para no tener que estar con la comida velándola no me digas que te estoy mandando ay qué desgracia la mía con este muchacho.

Leer más: Jenjilla *

El joven que vino del mar

mar 250

El relato "El joven que vino del mar" está escrito a cuatro manos entre la escritora María Alejandra Almeida y el escritor Javier Vásconez.

 

 

 

 

 

 

 

 

 1

Cuando la doctora Vivanco llegó a la estación, el motor del autobús en el cual iba a viajar ya estaba encendido. Le entregó la maleta al controlador, pero subió con su mochila en la mano y buscó el lugar que le habían asignado. Su asiento estaba junto a la ventana en la parte trasera. Ya acomodada allí, se percató de que viajaba muy poca gente. En un asiento delantero hacia la derecha vio a una mujer corpulenta, con una abundante cabellera de color gris.

Eran las ocho de la mañana, cuando el bus se deslizó por las avenidas todavía poco transitadas. Al mirar por la ventana, descubrió una enrome fábrica de ladrillos, cuyo humo ocultó por unos segundos la visión del resto de casas. El rostro de Patricia era ovalado, con unos enormes ojos adormecidos que a momentos parecían volverse verdosos, y una nariz alargada sobre los labios donde se había desvanecido el color del lápiz labial.

Luego de atravesar una serie de barrios periféricos, el autobús desembocó en la autopista que conduciría a San Mateo. Patricia sintió un poco de frío. Abrió la mochila, sacó una chaqueta de color lila y se la puso. En la mano derecha llevaba un gran anillo de piedra luna y en la misma muñeca varias pulseras de hilo de distintos colores, que parecían simbolizar una serie de trofeos. En la muñeca izquierda tenía un cronómetro Bulova de correa de cuero roja, obsequio de su padre cuando se graduó de bióloga. Después de una hora y media, el autobús entró a un pueblo. Se detuvo por unos momentos y descendieron varios pasajeros; luego continuó el viaje. Entonces, Patricia extrajo la tablet de la mochila, la encendió y reanudó la lectura del artículo que había empezado la noche anterior sobre una serie de hierbas recientemente descubiertas en los Andes.

Leer más: El joven que vino del mar

Los amigos invisibles - próxima publicación

Sample image

AURORABOREAL® para los amantes del español.

ISSN 1903-8690  Versión digital.
ISSN 1902-5815   Versión impresa.

Aurora Boreal® es una marca registrada.
Aurora Boreal® no se hace responsable de las opiniones de nuestros colaboradores.

Aurora Boreal® la revista para los amantes del español que hacemos desde Dinamarca.

Aurora Boreal® es la plataforma digital de la Editorial Aurora Boreal®  CVR nr. 37034584