Aurora Boreal

Lunes, Dic 18th

Last updateJue, 14 Dic 2017 1pm

Home > Literatura

Literatura

Copenhague

javier payeras 251Este texto-crónica-ensayo-poema sobre la experiencia del escritor guatemalteco Javier Payeras, con motivo de su visita a Copenhague para participar en el IV Festival de Literatura en español de Copenhague del año 2015.

 

“Copenhagen, you're the end”
Scott Walker

 

 

 

Toda la historia se cuenta sola.
Una imagen.
Algo recogido de la realidad para que no duela al perderse.
El sol negro del Mar Báltico.
Aves que giran como peces.
Nube que detiene la tarde y congela su breve luz.
Caminar sobre el agua.
El presente tan intenso. Este lugar. Este ahora y no verlo morirse.
Pero toda la vida se derrama en un día o en una hora o en un minuto.
Vencer la muerte a ratos. Ser testigo del deterioro.

 

*

 

Aquellos edificios son piedras. Frío justo y lluvia. La escritura marca el nivel del mar.
Casas de ladrillo. Casas de Lego. Banderas danesas.
Nada es translúcido. Todo lo cubren ladrillos. Esa es la máscara.

 

*

Leer más: Copenhague

Y ahora que los grillos no suenan

santiago:vesag 250Inédito

 

El viento se llevaba el olor de la sal que se pegaba en la piel y se endurecía. En el patio de la choza colgaban dos hamacas, al borde de un arrecife esquelético donde crecían cientos de caracoles bañados una y otra vez por la marea que se abalanzaba sobre ellos. En la noche no se veía mucho más allá del patio: sólo un par de palmeras iluminadas por una única bombilla; más allá, la penumbra escondía el mar y el tronar de las olas.

—Hoy casi no suenan los grillos— dijo la casera mientras yo me desvestía para dormir.

—Será el calor— dije, y pensé que era cierto; el mar apenas traía brisa y la arena se había quedado caliente hasta después del anochecer.

Aquella noche hizo demasiado calor como para dormir. Me revolqué entre las sábanas y conté las salamandras en el techo más veces de las que me puedo acordar, pero no conseguí dormirme: el calor era agobiante y las olas no dejaban de estrellarse ruidosamente contra el arrecife. Decidí salir a caminar con los pies en el agua. La luna se reflejaba en el océano una y otra vez creando una avenida iluminada que iba desde la playa hasta el horizonte.
Entré en otra de las temblorosas casas de madera que sonaban como los espantos cuando la brisa es muy fuerte. Pero hoy no había brisa.

Era la casa de José, un negro alto, ya canoso, que se sentaba en el patio del frente de su casa hasta tarde mirando el mar. Hace dos meses apenas estaba empezando el verano en la playa. Verano, en oposición a la época del año donde el temporal inunda los pisos de las casas y en el pueblo caen peces como llovidos del cielo, y se quedan retorciéndose en las calles hasta que los barren de nuevo al mar o los recogen para el almuerzo. Yo había llegado hasta ese pueblo en una avioneta destartalada, y en una pista de aterrizaje pavimentada en el medio de la selva me había encontrado con él.

Me llevó en una carreta halada por un caballo, bajo el apaleante sol mientras él cantaba vallenatos que hablaban del ron de caña y del mismo sol bajo el cual estábamos siendo arrastrados ahora.

Leer más: Y ahora que los grillos no suenan

La Habana para un Castro difunto

antonio moreno 259Para Ivet Kamar. Por el sabor del café.
Las constelaciones y el aroma del mediterráneo.

 

De Ciudad de México a Cancún. El avión aterrizó a medio día.

Como tenía que esperar cuatro o cinco horas para hacer la conexión con Cubana de Aviación, deambulé por los alrededores; de modo que recordé imágenes de hacía 10 años, cuando siendo un adolescente, en un viaje de estudios, visité este espléndido lugar para los sedientos del sol, playa y safaris nocturnos. La más atractiva de ellas fue la noche que, caminando por el malecón, divisé las luces titilar desde la capital isleña. Quedé empapado.

Si la humedad era insoportable aquí, me dije, en este lugar tan concurrido por cardúmenes de turistas del mundo entero, no quise imaginarme lo que podría registrar el termómetro en La Habana, casi a finales del mes de marzo, el anticipo del verano más frankenstein de 1997, pleno de confusiones y asombros. Mi vuelo estaba programado para las 20:00 horas. Ni los sextantes, ni las gitanas quirománticas, tampoco las bolas de cristal habrían revelado que mi arribo coincidiría con la llegada de los restos mortales del Che Guevara. Eso, para empezar, ya era mucho.

Leer más: La Habana para un Castro difunto

Libros

senora conquista 152La señora de la conquista
Novela
Víctor Montoya
Páginas 136
Grupo Editorial Kipus
2016

 

 

 

 

La señora de la conquista o el poder del lenguaje

Bajo este título La señora de la conquista, Víctor Montoya publica una nueva novela, cuya primera edición, bajo el sello del Grupo Editorial Kipus, sale en junio de 2016. Víctor Montoya es un escritor boliviano de extraña trayectoria. Joven aún, muy joven, fue torturado por los regímenes dictatoriales militares y gracias a Amnistía Internacional es liberado y llevado a Suecia en calidad de exiliado. Mientras estuvo en Suecia, nunca olvidó a su país y escribió varias obras con temática boliviana, vinculadas con su vida de exiliado, como Cuentos violentos, Ediciones Luciérnaga, Estocolmo, 1991; El laberinto del pecado, Ediciones Luciérnaga, Malmoe, 1993; Cuentos de la mina, Ediciones Luciérnaga, Estocolmo, 2000; Entre tumbas y pesadillas, Editorial heterogénesis, Lund-Suecia, 2002; Cuentos en el exilio, Ed. Kipus, Bolivia, 2011 y otras obras más que no mencionamos en este artículo.

Leer más: Libros

Vuelta a la casa tomada

araceli otamendi 250El agua corre, llena la bañera y casi desborda. Está al límite, llena, entonces me sumerjo. El agua está tibia y causa placer estar ahí. Entonces veo figuras, recuerdos que aparecen y dibujan. Entonces me dejo ir, llevar ¿a dónde? Entonces viajo. Tomo el colectivo y viajo, el ómnibus anda despacio, es día de semana y voy, es un día soleado y voy mirando por las ventanillas, los edificios, la ciudad gris, la ciudad me araña. Me dejo llevar porque los recuerdos son y están. Y estoy ahí. Yo estoy, estaba y estoy. Y entonces es un homenaje a mí misma. A la que fui y está, en el pasado que ahora es presente. Está, estoy. Ahí, como entonces, como ahora, estoy…

Y me saludo cada vez que paso por alguna casa dónde viví, porque ahí quedaron mis recuerdos. Entonces me saludo a mí misma porque algo mío vive ahí…

Pero las casas han sido tomadas, son casas tomadas como en el cuento de Julio… Poco a poco las han ido tomando otros…

Leer más: Vuelta a la casa tomada

Manuel Cobo. Autor de ficciones breves

carlos de la hoz 250Manuel Cobo, autor de ficciones breves, baja de su buhardilla para comprar cigarros en la tienda de la esquina. Como sólo piensa estar afuera unos pocos minutos, no juzga necesario cerrar la ventana.

La tarde es fresca, apacible, sin ruidos que perturben su trabajo, y Cobo piensa que cuando regrese podrá terminar por fin esa historia en la que trabaja desde hace un par de semanas. En verdad, resta poco: ajustar apenas unas cuantas palabras a las que no le encuentra fuerza y decidirse sobre colocar una que otra coma, detalles que él suele sortear sin dificultad. La certeza de que esta vez también podrá hacerlo cuando regrese, tiene feliz a Cobo, quien en este momento baja los escalones de uno en uno y con una sonrisa de satisfacción.

Pero durante su ausencia una repentina ventolera penetra por la ventana de la buhardilla y levanta de la mesa las hojas de papel, el bolígrafo de tinta negra, el lápiz, el borrador y hasta el pequeño diccionario de latín que Cobo conserva desde su juventud.

He aquí lo que, en un pausado pero doloroso inventario, alcanzan a ver los ojos asombrados de este escritor de ficciones breves una vez abre la puerta de su buhardilla: en un rincón de la sala, el rostro melancólico del personaje de su historia, más allá, cerca al cajón de sus queridos discos, la palabra consuelo, debajo de una silla el verbo recordar, y en la maceta de la incipiente planta de anturio, revuelta con la tierra mojada, solitaria y como aterida, la sílaba tras. Desperdigados por el suelo, también una miríada de pequeños fragmentos de palabras, letras y signos útiles para la escritura.

Leer más: Manuel Cobo. Autor de ficciones breves

Vino de crianza

    teresa iturriaga 255 Poesía de Teresa iturriaga
para Aurora Boreal®

 

 

Esta noche nos hemos comido enteros.
Lo sé porque aún paladeo tu carne
                                al servirme el desayuno.
      Toco cada arruga de tus ojos,
la solera de esos pliegues
que te adornan una a una las heridas.

 

      Te recuerdo entonces,
cuando me enseñabas a besar.
      Yo, tu flor chiquita...
que de tanto estirarme a quererte,
me hice alta como la aurora
                      para volverme bruma.


      Mi boca, ya durazno en almíbar,
hoy se crece de ternura con tu pecho marinero.
      Silo de orujos y crianza, me anuncia
que nunca más estaré sola,
después de tantos años tragando veneno
                             entre espumas de saliva.

Leer más: Vino de crianza

Hadas, demonios y otros cercos - versión papel

alessandro mestre 250 hadas 2Hadas, demonios y otros cercos
© Alejandro H. Mestre
© Editorial Aurora Boreal®
Poesía
Páginas 61
2017

 

Foto cubierta Abandoned swimming pool © 2008 Osvaldo Hopfer
Diseño de la colección Guillermo Camacho

 

Durante el mes de enero de 2017 la Editorial Aurora Boreal® presentó la versión del libro en papel de Hadas, demonios y otros cercos del poeta Alejandro H. Mestre. Una bella edición de lla poesía de este poeta intrigante, acompañada de ilustraciones de Federica Mistrorigo, fotografía de Osvaldo Hopfer, prólogo de Armando Romero y edición de Guillermo Camacho. Especial agradeceimiento debe la Editorial al poeta Sergio Laignelet por sus observaciones durante la edición de este nuevo título, nuevo entreparentésis, de la Editorial Aurora Boreal® porque la versión digital había sido lanzada exitosamente por la Editorial al mercado en el 2015.

Leer más: Hadas, demonios y otros cercos - versión papel

La suerte del olvido

alondra badano 250La suerte del Olvido
Alondra Badano
Novela
Ediciones de la Banda Oriental
Premio Onetti 2011
Páginas 142
2011

 

Algunas (¿o todas?) obras literarias tejen su escritura a través de pueblos, ciudades y barrios y, en este sentido, La suerte del olvido se desenvuelve en un barrio de Montevideo, Malvín, donde crece la protagonista, María, en el seno de una familia de dos hijos, con un padre médico y una madre que trabaja en casa. Es, en cierta forma, una novela de formación (Bildungsroman) que transcurre desde los años 60 hasta 1973, cuando la familia no sólo se ve obligada a salir del exilio (que es lo más evidente) por la dictadura militar, sino que se termina el mundo de ese barrio, de un tiempo que no regresará jamás, al leerse por parte de la protagonista, lo siguiente:

Leer más: La suerte del olvido

Los amigos invisibles - próxima publicación

Sample image

AURORABOREAL® para los amantes del español.

ISSN 1903-8690  Versión digital.
ISSN 1902-5815   Versión impresa.

Aurora Boreal® es una marca registrada.
Aurora Boreal® no se hace responsable de las opiniones de nuestros colaboradores.

Aurora Boreal® la revista para los amantes del español que hacemos desde Dinamarca.

Aurora Boreal® es la plataforma digital de la Editorial Aurora Boreal®  CVR nr. 37034584