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Poemas de gatos- Domingos de poesía

uva 250Tanto el gato doméstico como el callejero han ejercido un maravilloso influjo en la mente de innúmeros poetas, causando en ellos una amalgama de pavura, asombro y profunda fascinación. El carácter autócrata del animal, su manera enigmática de ser, su garbo, su belleza sensual y en ocasiones su faceta ominosa son algunas de las características que más han contemplado a la hora de incluirlos en sus versos. Los más bizarros incluso meten al felino en el hocico de un perro, pero sus siete vidas le aseguran su permanencia.

Para admiración de gatófilos, expongo los siguientes poemas incluidos en Gatimonio: poemas de gatos de autores hispanoamericanos, antología que edité en 2013:

 

 

 

Eduardo Lizalde
DILEMA DEL GATO

Es posible el caso de un gato deforme
que haya nacido con cinco colas…

JUSTUS HARTNACH

Yo he tenido tres gatos,
todos con cuatro patas y una elegante cola.

Ésa parece a cualquiera
la lógica del mundo.
No existe más: no hay otro género de gatos,
de lógica felina.

Y sólo el necio se preguntaría:
¿por qué no han de tener tres patas y tres colas
mis tres gatos?
¿No sería ésa una composición más lógica del mundo?
¿Por qué no ser un gato de cuatro colas
y una pata exclusiva, una garza de colas?
Sólo el sonriente Wittgenstein lo toma en serio
y dice:
el gato tiene su forma,
su naturaleza,
sus propiedades internas,
pero podría haber, digo, podría,
tres gatos de tres patas y tres colas
y nueve gatos
de nueve ojos astutos,
estrábicos de 4 y 5, 9 y 7,
de nueve uñas cortantes / y nueve colas
—como hay látigos—.
Podría.
La lógica del mundo es sólo
una ordenadamente hermosa / terquísima visión.

Y yo conozco gente más compleja
que todos esos gatos.

              3.323

 

 

Olga Orozco
XII

¡Y hay quien dice que un gato no vale ni la mitad de un perro
         / muerto!
Yo atestiguo por tu vigilia y tus ensalmos al borde de mi
         / lecho,
curandera a mansalva y arma blanca;
por tu silencio que urde nuestro código con tinta
          / incandescente,
escriba en las cambiantes temporadas del alma;
por tu lenguaje análogo al del vaticinio y el secreto,
traductora de signos dispersos en el viento;
por tu paciencia frente a puertas que caen como lápidas
          / rotas,
intérprete del oráculo imposible;
por tu sabiduría para excavar la noche y descubrir sus presas
          / y sus trampas,
oficiante en las hondas catacumbas del sueño;
por tus ojos cerrados abiertos al revés de toda trama,
vidente ensimismada en el vuelo interior;
por tus orejas como abismos hechizados bajo los sortilegios
          / de la música,
prisionera en las redes de luciérnagas que entretejen los
          / ángeles;
por tu pelambre dulce y la caricia semejante a la hierba de
          / setiembre,
amante de los deslizamientos de la espuma en acecho;
por tu cola que traza las fronteras entre tus posesiones y los
          / reinos ajenos,
princesa en su castillo a la deriva en el mar del momento;
por tu olfato de leguas para medir los pasos de mi ausencia,
triunfadora sobre los espejismos, el eco y la tiniebla;
por tu manera de acercarte en dos pies para no avergonzar
          / mi extraña condición,
compañera de tantas mutaciones en esta centelleante
          / rotación de quince años.
No atestiguo por ti en ninguna zoológica subasta
donde serías siempre la extranjera.
Apuesto por tus venas anudadas al enigmático torbellino de
          / otros astros.

 

 

José Emilio Pacheco
GATIDAD

La gata entra en la sala en donde estamos reunidos.

No es de Angora, no es persa
ni de ninguna marca prestigiosa.
Más bien exhibe en su gastada pelambre
toda clase de cruces y bastardías.

Pero tiene conciencia de ser gata.
Por tanto
pasa revista a los presentes,
nos echa en cara un juicio desdeñoso
y se larga.

No con la cola entre las patas: erguida
como penacho o estandarte de guerra.

Altivez, gatidad,
ni el menor deseo
de congraciarse con nadie.

Duró medio minuto el escrutinio.

Dice la gata a quien entienda su lengua:
Nunca dejes que nadie te desprecie.

 

 

Samuel Trigueros
BIOGRAFÍA DEL ENIGMA

Mimetizados con la sombra
electrizada alrededor de las estrellas
y con la penumbra que supura
la estancia y su universo de muebles apagados;
escuchando lo que irradian los imanes
y lo que cuentan en secreto las magnolias,
el cuchicheo pobrísimo y eterno
de las nerviosas cucarachas,
ese infame gorgoteo
de la muerte adentro de los pechos
de los impunes asesinos;
quietos en apariencia y, sin embargo,
a punto de estallar
en enigmas de oro y garfios oscurísimos,
en quásares letales, en eróticas
contorsiones que despiertan atávicos deseos;
nada hay más certero que su mirada iridiscente
nada más vulnerable que la bóveda de nuestros corazones
vaciados de secretos
por la implacable hipnosis de sus pupilas verticales:
profanadas urnas funerarias,
pirámides saqueadas por sus ojos.
Así en la vida como en la profundidad del sueño,
a nosotros se impone su arrogancia
suprema, su señorío pontificio,
su soberano andar por los tejados
de la casa ancestral de los temores.
Algo innombrado hay en su presencia,
algo
que nos define y nos delata, como si nuestra sombra
decidiera una noche traicionarnos
y dijera en su lengua cercada de puñales
el sitio en que escondemos los cadáveres
al fondo de los patios interiores.
Cuando parece que no están,
una migaja de tierna complacencia,
el crujir de una cáscara
o una pequeña dosis de nuestra servidumbre,
irresistiblemente los convocan;
cuando están juegan a estar ausentes,
juegan con toda
la seriedad de un juego interminable
a sustituirnos, a borrarnos,
juegan a ser nosotros:
aquel terrible instante de extrañarnos,
esta agobiante sensación de ser algo precario,
es nuestra ofrenda innegable y necesaria,
nuestro tributo servil, la parte que nos toca en el contrato
de contar en nuestro pobre o faraónico inventario
con la presencia de algún gato.

(Poema inédito escrito ex profeso para Gatimonio)

 

 

Malú Urriola
GATOS

Los gatos chicos a veces mueren
apretados en el hocico de una perra
y parece que juegan
y mueven la colita
pero se están muriendo.
Hacen globitos con la sangre
mientras la lengua arranca
y un sol lúdico tironea su sombra.
El gatito se inclina
proyectando desde los ojos
una noche que se desmenuza
que cae en pedazos toda roñosa
y el cucho reventándose
trata de alcanzar un sol que se inclina
que cae en una noche pataleante
entonces hace como si se ahogara
mientras fermenta la noche
en un día lleno de sol
que cae duro en los techos
en sus ojos vidriosos
y el gato es extinguido
sacado fuera de lo real.

(1.er fragmento del poema «Los gatos de Jakobson»)

 


uva 251Poetas incluidos en Gatimonio: (Pablo Neruda en cita inicial), José Acosta, Humberto Ak’abal, Rodolfo Alonso, Javier Alvarado, Homero Aridjis, Armando Arteaga, Alejandro Aura, Gastón Baquero, Efraín Bartolomé, León Félix Batista, José Carlos Becerra, Horacio Benavides, Alberto Blanco, Andrés Eloy Blanco, Jorge Luis Borges, Miguel Ángel Bustos, Ernesto Cardenal, Iván Carvajal, Horacio Castillo, Pablo Centeno-Gómez, Eduardo Chirinos, Antonio Cisneros, Arturo Corcuera, Rafael Courtoisie, Margarito Cuéllar, León de-Greiff, Antonio Deltoro, Gerardo Deniz, Marosa di-Giorgio, Eliseo Diego, Roxana Elvridge-Thomas, Guillermo Fernández, Pablo Armando Fernández, Américo Ferrari, Alfredo Fressia, Joaquín O. Giannuzzi, Alberto Girri, Pausides González, Otoniel Guevara, Arturo Gutiérrez Plaza, Hugo Gutiérrez Vega, Oscar Hahn, Raúl Henao, Francisco Hernández, Eduardo Hurtado, Darío Jaramillo Agudelo, Luis la-Hoz, Javier Lasarte Valcárcel, Waldo Leyva, José Lezama Lima, Enrique Lihn, Eduardo Lizalde, Carlos López Degregori, Luis Carlos Lopéz, Jorge Ariel Madrazo, Edwin Madrid, Carlos Martínez Rivas, Juan Luis Martínez, Eduardo Milán, Gonzalo Millán, Eduardo Mitre, Joaquín Morales, Hugo Mujica, Iván Oñate, Olga Orozco, José Emilio Pacheco, Yolanda Pantin, Nicanor Parra, Óscar Pirot, Aleyda Quevedo Rojas, Juan Felipe Robledo, Juan Manuel Roca, Armando Rodríguez Ballesteros, César A. Rodríguez, Mercedes Roffé, Gonzalo Rojas, Alexis Romero, Armando Romero, Jaime Sabines, Juan Sáez Burgos, Roger Santiváñez, Osvaldo Sauma, Francisco Serrano, Elder Silva, Rocío Silva-Santisteban, Roberto Sosa, José Juan Tablada, Jorge Teillier, Samuel Trigueros, Julio Trujillo, Malú Urriola, Luis Vidales, Juan Carlos Vílchez, Ida Vitale, José Watanabe, Oliver Welden, Gabriel Zaid, Miguel Ángel Zapata y Raúl Zurita.

 

"Domingos de poesía" es una idea original del poeta Sergio Laignelet, colaborador de Aurora Boreal®. Se publica semanalmente. Toda la selección y cura de los materiales por Sergio Laignelet.

 

sergio laignelet 250Sobre Sergio Laignelet
Sergio Laignelet (Bogotá, 1969). Poeta colombiano residente en Madrid, editor, corrector de estilo y ortotipográfico de publicaciones educativas y culturales. Libros publicados: That's all Folks! (poemas animados). Madrid, 2017; Cuentos sin hadas. Canarias, 2010; Carnaval (plaquette). Bogotá, 2007; Malas Lenguas. Bogotá, 2005. Ediciones bilingües de CSH: Danés: Omvendte eventyr. H. Krarup trad. Copenhague, 2017; Francés: Contes á l’envers. R. Durand trad. Toulon, 2015, y Colomiers, 2017 (además, poemas suyos han sido traducidos al inglés, portugués, italiano, sueco, finés, polaco y japonés). Antología editada: Gatimonio: poemas de gatos de autores hispanoamericanos. Madrid, 2013.

Poemas de gatos. Selección de poemas: Sergio Laignelet. Material enviado a Aurora Boreal® por Sergio Laignelet. Publicado con autorización de Sergio Laignelet. Origen de los poemas: Laignelet, Sergio, Gatimonio: poemas de gatos de autores hispanoamericanos. Madrid: Lebas, 2013. Fotografías de gatos © cedidas por Sergio Laignelet. Fotografía Sergio Laignelet © Lorenzo Hernández. Todos los poemas compilados en Gatimonio han sido autorizados por sus autores, herederos, albaceas y/o titulares de los derechos y están sujetos a derechos de autor.

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