Chantal Maillard - Domingos de poesía

Chantal Maillard (Bélgica, 1951).

Poeta, filósofa, ensayista y traductora española. Entre otros galardones ha recibido el Premio Nacional de Poesía (2004), el Premio de la Crítica (2007) y el Premio Andalucía de la Crítica (2008). La escritura de Maillard es profunda, reveladora y radical. La poeta construye las imágenes e ideas que transmite a partir de ciertas vivencias aflictivas y un profundo conocimiento del pensamiento oriental, que han potenciado su forma de entender la vida, la muerte y el dolor desde una perspectiva que trasciende lo personal. De este modo, explorando sentimientos y acontecimientos, su escritura transita el espacio de lo propio y lo universal. Sus diarios, su poesía, su prosa poética, así como sus ensayos, conforman la obra de una de las autoras más relevantes de la literatura contemporánea escrita en nuestra lengua.

 

[Necesito silencio para oírte]

Necesito silencio para oírte,
Señor de los bosques,
Señor de los insectos, tú
que creces bajo el musgo y te escondes
en la piel que mudan las serpientes
o bajo el vientre frío
                                    de una iguana.
Necesito dormirme en los recodos
sombríos de una nuez y despertarme
en su centro,
allí donde germinas.
Y, pues no es suficiente,
necesito en mi pecho un abismo y al fondo
las fauces dilatadas de una leona hambrienta:
el terror de un instante
y el vértigo,
la caída hacia ti.
¿Acaso bastará escuchar tu silencio
para dejar de oírte en todo lo que vibra?

 

 

[El muérdago se enreda…]

El muérdago se enreda en mis tobillos,
helechos y agavanzas me ciñen las caderas
y un nenúfar
se deshoja en el valle dócil
de mis nalgas.
Sobre la tierra húmeda me acuesto como un ojo que se cierra
(tienen mis muslos el sabor del humus en otoño)
y me hago raíz,
vegetal crisálida
aguardando la aurora.
Sobre mis labios quietos
lentamente
desova una culebra.

               [Hainuwele, 1988]

 

 

CONJURO PARA ATRAVESAR LAS ARENAS MOVEDIZAS

Morir no es la cuestión. Sino hundirse despacio
en las arenas tibias de una ciénaga
y el barro que se empeña en seguir
la trayectoria habitual del aire al respirar.
La cuestión es que algo, una mano, un ojo,
persista en agitarse en superficie
mientras el corazón desiste y se acomoda en el fondo.
Morir no es la cuestión. Sino saber atravesar
la vida con la leve insistencia
de los insectos que andan sobre el cieno,
saber alimentarse de carroña,
abrevarse en las aguas pútridas
y ofrecer el espíritu que germina en lo sólido.

Nadie es inocente. Todos lo somos, sin embargo.
Y no concluirá la travesía mientras
quede uno, tan sólo uno, vadeando la arena movediza
en busca de sí mismo.               Importa

aprender a mirar de reojo las nubes
y ver cómo se forman las tormentas y cómo
aclara luego el día. Importa ver
el cielo tras las nubes,
ese vacío en el que todos los cambios se organizan,
ese vacío semejante a lo que somos bajo
los sentimientos que nos mueven.
Hay en los cenegales deseos que se pudren
sin haber alcanzado su destino
que es pasar, como las nubes,
sin dejar rastro. Atravesarlos sólo puede hacerlo
quien anda vacío, sin tiempo, sin historia.

               [Conjuros, 1996]

 

 

SIN EMBARGO

Sin embargo,
sin embargo,
sin embargo… No me
fío de mí. Nada es
permanente. Menos
lo es la palabra. Esto
tampoco,
esto tampoco,
esto tampoco. No me fío,
no te fíes de quien
dice, de quien
habla, de lo que se
dice, de lo que dices,
de lo que digo,
no me fíes,
no te fío.
La lucidez es una chispa, un
estado de conciencia
en las multiplicadas estancias
de la conciencia o que hacen
conciencia, las estancias
que se alargan, se prolongan, se
continúan, y así
se le llama conciencia
a aquella continuidad.
No me fío, no te
fíes de las estancias,
se estrechan,
se acortan,
se invaden,
desaparecen,
la lucidez es un instante
entre estancias,
ventanas en la mónada que
si permanece bajo
la luz del foco se hace estancia,
también ella, y sufre
las mismas convulsiones.
Sin embargo,
sin embargo,
sin embargo… lo
que intuyo ahora
se borrará mañana,
luego,
ahora,
apenas se haga pensamiento,
conciencia: estancia. Atrapamos
la sensación que invade las entrañas,
muy abajo,
muy adentro,
muy homogénea, la atrapamos
y la hacemos eso: sensación,
la nombramos,
la describimos… la perdemos. Ya
no es ella, ya no es eso, ya no es.
Aún está allí pero
no es lo que digo,
lo es apenas,
no es lo que oís,
no es eso, no
os fiéis,
no me fíes,
no te fío.

De nuevo cae la tarde,
mengua la luz.
Los colores del otoño vienen del oeste,
decía aquel poeta chino.
El mundo está en mí.
No me apartaré.
Acojo todos los colores, el
estío dentro de mi otoño,
porque sé que no
hay fin, que no habrá término.
Todo comienza y termina en mí.
Yo soy el infinito proyecto de mí misma
por encima de mí
me sobrevuelo.

 

          [Lógica borrosa, 1997]

               (Hainuwele y otros poemas, 2009)

 

 

1

Un hombre es aplastado.
En este instante.
Ahora.
Un hombre es aplastado.
Hay carne reventada, hay vísceras,
líquidos que rezuman del camión y del cuerpo,
máquinas que combinan sus esencias
sobre el asfalto: extraña conjunción
de metal y tejido, lo duro con su opuesto
formando ideograma.
El hombre se ha quebrado por la cintura y hace
como una reverencia después de la función.
Nadie asistió al inicio del drama y no interesa:
lo que importa es ahora,
este instante
y la pared pintada de cal que se desconcha
sembrando de confetis el escenario.

 

 

 

Tuerzo la esquina. Apresuro el paso. Se hace
                tarde y aún no he almorzado.

 

 

7

Está creciendo el número de los espectadores.
No como una marea, no:
como crecen los sueños
cuando el que sueña quiere saber qué se le oculta.
Crecen desde los huecos, desde los callejones,
desde la transparencia de las ventanas, desde
la trama, el argumento,
complicando la historia
ocupan las rendijas, los ojos de las tejas,
cruzan por las cornisas,
por los desagües bajan,
crecen en todas direcciones,
dispersando complican,
añaden, superponen, indagan desde dentro
lo que fuera no alcanzan, gigantesco
cuerpo vampiro que procura
saberse vivo por un tiempo,
saberse vivo por más tiempo,
saberse vivo tras la página
que le invita a crecer, denso, fluido y compacto,
urdiendo sus defensas
al tiempo que investigan la manera
de saber sin sufrir,
de ver sin ser vistos.

 

 

 

Le dije que no entendía por qué lo titulaba
                         Matar a Platón

 

 

21

No existe el infinito:
el infinito es la sorpresa de los límites.
Alguien constata su impotencia
y luego la prolonga más allá de la imagen, en la idea,
y nace el infinito.
El infinito es el dolor
de la razón que asalta nuestro cuerpo.
No existe el infinito, pero sí el instante:
abierto, atemporal, intenso, dilatado, sólido;
en él un gesto se hace eterno.
Un gesto es un trayecto y una encrucijada,
un estuario, un delta de cuerpos que confluyen,
más que trayecto un punto, un estallido,
un gesto no es inicio ni término de nada,
no hay voluntad en el gesto, sino impacto;
un gesto no se hace: acontece.
Y cuando algo acontece no hay escapatoria:
toda mirada tiene lugar en el destello,
toda voz es un signo, toda palabra forma
parte del mismo texto.

 

 

 

Sí, pero ¿a los ojos de quién acontece el
                      acontecimiento?

 

 

28

Yo no soy inocente. ¿Lo es usted?
La realidad está aquí,
desplegada. Lo real acontece
en lo abierto. Infinito. Incomparable.
Pero el ansia de repetirnos
instaura las verdades.
Toda verdad repite lo inefable,
toda idea desmiente lo-que-ocurre.
Pero las construimos
por miedo a contemplar la enorme trama
de aquello que acontece en cada instante:
todo lo que acontece se desborda
y no estamos seguros del refugio.

Bien pensado, es posible que Platón
no sea responsable de la historia:
delegamos con gusto, por miedo o por pereza,
lo que más nos importa.

 

 

 

Voy a volver sobre mis pasos: ha sido justo
                    detrás de la esquina

               [Matar a Platón, V.O. subtitulada, 2004]

 

 

[Escribir]

               He venido a pedir
               compasión
               por el dolor del hombre

               Emilio Rosales Mateos

escribir

para curar
en la carne abierta
en el dolor de todos
en esa muerte que mana
en mí y es la de todos

escribir

para ahuyentar la angustia que describe
sus círculos de cóndor
sobre la presa

aunque en el alma no

en el alma
la estimación del tiempo que concluye
y es arriba
algo más que un silencio
con ojos semiabiertos

escribir

como condescendencia y como rebeldía
sin elección
sin pausa
porque se va la luz, las fuerzas
se le acaban
y el ser se va de vuelo
en las garras de un ave
carroñera

escribir

para decir el grito
para arrancarlo
para convertirlo
para transformarlo
para desmenuzarlo
para eliminarlo
escribir el dolor
para proyectarlo
para actuar sobre él con la palabra

escribir

para descansar
(escribir que el sol, en invierno, es hermoso)

por no llorar tan dentro
tan a escondidas

escribir

hasta la extenuación
para que se derrame el dolor contenido
desde el inicio del mundo

escribir
para rebelarse
sin provecho

a pesar de la derrota ya prevista

porque no hay rebeldía que no esté justificada
ni violencia que no sea, en el fondo,
inocente,
                 escribir
con derecho al llanto

escribir para curar
escribir para guarecerse
escribir como si cerrase los ojos
para no cerrarlos
para mover la mano y seguir su curso
para sentirse viva
AÚN
para aplazar la angustia
como simulación
para guiar la mente y que no se desboque
para controlar lo controlable

escribir

como quien deja la luz encendida
y duerme de pie sobre sí mismo
para saldar las cuentas con el miedo

escribir
para reorganizar

escribir
sin hacer concesiones

escribir
como quien des-espera
para cauterizar
para tomarle las medidas al miedo
para conjurar
para morder de nuevo el anzuelo de la vida
para no claudicar

escribir
para apuntar al blanco

escribir
con palabras pequeñas
palabras cotidianas
palabras muy concretas
palabrasojo
palabras animales
palabrasbocadegato
ásperas por dentro y por fuera
suaves como «tal vez»
palabraslatigazo
como «demasiado» y «tarde»

escribir

para no mentir
para dejar de mentir
con palabras abstractas
para poder decir tan sólo lo que cuenta

decir que a las once
de la noche de hoy
mientras la luz calienta
el lado izquierdo de mi almohada
y la sábana verde se desdobla
en el espejo del armario
estoy en mí
en el lugar en que acostumbro
a encontrarme
en este aquí hecho de extraña
duración en lo mismo
repitiéndome
la carne dolorida
los huesos lastimados
los nervios, la piel
tirante, amoratada
el pelo encanecido
el grito sólo postergado
y hoy a las once
de la noche de hoy
mientras la luz calienta
el lado izquierdo de mi almohada

muere un niño
o dos o no sé cuántos
mueren y una anciana dice
sus últimas palabras
o no las dice y muere
y es otra la que habla
pero no habla, dice
apenas dice y muere
sin decir
apenas
nada
y algo se me atraganta
tal vez un alarido
largo como las once horas de esta noche
o tal vez la conciencia
que duerme encendida
como una lumbre la conciencia
de todos los que mueren
como una fogata
un espantoso incendio
que prende en las ventanas
de la ciudad y en el mar no se apaga
una conciencia absurda
una antorchahorizonte
la conciencia de todos los que saben
que se están acabando
en sus huesos de antorcha
hoy, mañana, siempre

escribir
todas las muertes son mi muerte
mi grito es el de todos
y no hay consentimiento
escribir

¿para consentir?
¡escribir para rebelarse!
no hay lugar para plegarias
no hay lugar para el sosiego
el ajuste de las almas
se hace en rebeldía

Estamos solas
y nos pertenecemos.
En nosotras está el poder
Somos un pueblo de almas
en rebeldía
¡Despertad!
Lo que escribo aquí
se traza en el aire
el dolor es la senda
el dolor es el medio
por el dolor la fuerza
que combate el dolor
y lo transforma
por el dolor deshago
mi dolor en lo ajeno
y el ajeno en el mío

escribir

para des-esperar
por todos los que están
por todos
los que fueron
los desaparecidos
escribir para cuidar
sus des

             apariciones
para alimentarlas
para que no se enturbien
no tan pronto
no tan siempre
pronto

[…]

               [Escribir, 2004]

 

 

El cansancio

El cansancio. De nuevo, el
cansancio. El esfuerzo por
sobrevivir. Reiterado.

Observar las nubes.
Dentro.
Barrer.
Dentro.

Elegir quedar.

                         Toda nube
lleva una trayectoria. Asumir
la trayectoria. Imposible
barrer todo siempre. Está el
cansancio.

                     Aunque también el de
las trayectorias. De ver pasar las nubes.
También ese cansancio.

                                             Entonces,
por un momento, ahora.
Sin voluntad. Y casi está bien.
Hasta pensar el estar bien y convertirlo
en nube. En trayectoria.

 

 

El pez

Volver a las palabras.
Creer en ellas. Poco. Sólo
un poco. Lo bastante
como para salir a flote y coger aire
y así poder aguantar, luego,
en el fondo.

Volver a las palabras. Con
voluntad de sentido.
Boqueando. Pez en la orilla
común de los creyentes.

Volver. Decir superficie. Escribirla.

No, lector, no deslices
tan rápido tus ojos por la página,
nada te obliga a terminar
de leer este texto. Puedes
dejarlo. Muchos lo habrán hecho
antes de haber llegado a estas líneas.
He dicho superficie. Vuelve atrás.
Detente. Piénsalo. Piénsatelo. He
escrito la palabra palabra y
estoy tratando de decirte algo
que no acierta a decirse. Entonces
digo impotencia. Tú sabes lo que es
la impotencia, a buen seguro
alguna vez la habrás sentido. Ahora
te pido que despojes la impotencia
de la palabra que la nombra
y te quedes sintiéndola tan sólo.
¿Lo consigues?
Tal vez no sea para ti,
ahora, tiempo de impotencia.

Se deslizan tus ojos por
los caracteres impresos y sientes
cierto placer en esta redundancia
de lo escrito. Los óvalos te tientan.
Aproxímate, lector, mira por
ese pequeño orificio. Adéntrate.
Hay abismo —¿abismo?— hay vértigo.

Repite, entonces, conmigo Infinito.
Di Infinito. Repítelo. No dejes
de decirlo, hasta que pierda
sentido la palabra infinito y
te encuentres en el vértigo,
desprovisto de pértiga.

Entonces di Infinito. Pronúncialo.
Pronúncialo de nuevo,
despacio, con voluntad de sentido.
Como al principio del mundo o
del poema.
Para volver. En superficie
por un tiempo.
Para hacer el tiempo
brevemente.

               [Hilos, 2007]

 

 

[Ser pájaro]

Ser pájaro.
Cual considerando.
Andar desnudo. Las heridas
cauterizadas por el aire.
Entre las plumas, disimuladas.
Cuerpo sin carga, movimiento.
Ser de vuelo. Ser

pájaro. Tener por límite tan sólo
la helada imprevista o la bala o

el ansia de la carne
por otra carne ajena…

Presagiando la urgencia de
las migraciones, Cual.

Aleteo.
                                   Un rumor
de horizonte en el pulso
batiendo.

               [Cual, 2007]

 

 

[Ventanas]

Ventanas
                         para la mano trémula
                         para la boca áspera y el
                         espíritu en fuga el cuerpo

                         erguido sobre el hambre
                         en su endeblez de ramo
                         de huesos sorprendidos
                         en la caída
                         por
                         la caída

                         ventanas
                         para fugarse / franquear

                         el límite
                         que protege a los débiles

                         ventanas para oír
                         el eco
                         que al abismo convoca

                         desde lo no cifrado
                         al otro lado de
                         al otro lado tiempo
                         la otra oscuridad
                        de sin dolor sin sombra
                        ni tan siquiera de
                        cuando tan sólo
                        sin

                              alféizares:

                              polvo de vidrio
                              para cortar los hilos)

          [La herida de la lengua, 2015]

               (En un principio era el hambre: antología esencial, 2015)

 

 

fragmento 1

Je suis un revenant.

He vuelto de la muerte.
De la nada enorme
el inmenso
vacío bajo el manto.

Je suis un revenant.

He vuelto transparente
fantasmal la palabra como un hilo
de saliva temblando entre los labios.
In-vertido el curso del habla.

¡Cuida bien tus deseos, tú
                            que vienes a oírme,
no sea que se cumplan!

Quise volver entre los vivos
abandonar el don
de los abismos. Quise
cerrar los ojos que mantienen
despierta en las tinieblas y volver
a abrir los que distinguen
las cosas por su luz.
Lo deseé. Lo quise. Ahora
añoro el reino de las sombras.
Sofoco. Golpeo
el hielo endurecido
tratando de abrir un agujero
un túnel que conduzca
de vuelta a lo perdido. Me destrozo
las uñas. Resbalo.

He olvidado cómo hacer.

Contempla tus errores
tú que ahora penetras en mi celda,
que yo consideré los míos
hace ya mucho tiempo.

 

 

fragmento 10

Maté a mis hijos, sí. O esa fue
la historia que os contaron.
¿Qué utilicé: la soga el cuchillo
el veneno? ¿O quizás fue la ausencia?
¿Importa eso ahora?

Tan sólo aceleré el final de un proceso.
¿No condenamos todas
acaso a nuestros hijos? ¿No
destinamos su cuerpo tembloroso
a la muerte
en aquel mismo instante
en que los concebimos?
Y al expulsarlos
del útero a la luz ¿no les forzamos a
compartir la violencia
y el miedo de saber
que cada paso adelante es una resta?

¿Mayor culpa tendrá quien se adelanta
deliberadamente al destino que quienes
conscientes del dolor que les aguarda
se complacen al oír su primer grito
y sonríen beatos ante el hambre?

Maté a mis hijos. Sí. Mas no fue por piedad.
No tuve ese valor.

Cuentan bien los poetas: yo amaba a Jasón.
Pero en eso acaba lo que saben.

          [Libro primero]

 

 

Fragmento 22

No os pedí clemencia.

No hay generosidad
en el perdón sino desdén.
cuando el que perdona no descubre
en su interior y no en sus ordenanzas
la arcaica cepa del crimen.

Si con mis actos ofendí
a quienes tiemblan y se amparan
en sus sagrados mandamientos
que averigüen de cuánta expectativa
y cuánto desengaño se nutren las ofensas.

Se ofende el que no ve
el que espera y confía
Esperar no es virtud
es falta de discernimiento
Confiar es delegar
cobardemente en el destino
la parte de saber que nos incumbe.
Quien sabe no confía, anticipa.

Yo no pedí clemencia.

El perdón lo otorga el ofendido
el bueno el poderoso el que dicta
la norma y la sentencia el que decreta
la culpa y el insulto.

No busquéis en mis actos
motivos de piedad:
la piedad es moral y la moral consagra
el orden de los justos.

El que se apiada no padece,
                                                  obedece.

Par es la lengua de los hombres.
Par es el juicio
que absuelve y que condena.

Par es el ritmo que acelera
el pulso de las multitudes
ante quien osa hacerse cargo
de una libertad más alta
más íntegra, más fiera.

Yo no pedí clemencia.

Vuestra piedad es menos apreciable
en mi universo que la baba
de un molusco en la espuma del océano.

          [Libro segundo]

 

 

Fragmento 47

Penetra más abajo
desprovista de historia.

No esperes
ni el perdón ni la gracia
pues en esos lugares
no hay culpa ni culpable.

Levanta la cabeza.
Escora los sentidos.

De ahora en adelante

tu víctima
será tu guía.

Disponte a recibirla.

          [Libro tercero]

               (Medea, 2020)

 

 

chantal maillard 350Chantal Maillard (Bélgica, 1951). Poeta, filósofa, ensayista y traductora española. Entre otros galardones ha recibido el Premio Nacional de Poesía (2004), el Premio de la Crítica (2007) y el Premio Andalucía de la Crítica (2008). La escritura de Maillard es profunda, reveladora y radical. La poeta construye las imágenes e ideas que transmite a partir de ciertas vivencias aflictivas y un profundo conocimiento del pensamiento oriental, que han potenciado su forma de entender la vida, la muerte y el dolor desde una perspectiva que trasciende lo personal. De este modo, explorando sentimientos y acontecimientos, su escritura transita el espacio de lo propio y lo universal. Sus diarios, su poesía, su prosa poética, así como sus ensayos, conforman la obra de una de las autoras más relevantes de la literatura contemporánea escrita en nuestra lengua.

 

 

Material de consulta
Hainuwele y otros poemas. Barcelona: TusQuets, 2009; En un principio era el hambre: antología escencial. Madrid: FCE, 2015; Medea. Barcelona: TusQuets, 2020.

 

 

"Domingos de poesía" es una idea original del poeta Sergio Laignelet, colaborador de Aurora Boreal®. Se publica semanalmente. Toda la selección y cura de los materiales por Sergio Laignelet.

sergio laignelet 250

Sobre Sergio Laignelet
Bogotá, 1969. Poeta colombiano residente en Madrid, editor, corrector de estilo y ortotipográfico de publicaciones educativas y culturales. Libros publicados: That's all Folks! (poemas animados). Madrid, 2017; Cuentos sin hadas. Canarias, 2010; Carnaval (plaquette). Bogotá, 2007; Malas Lenguas. Bogotá, 2005. Ediciones bilingües de CSH: Danés: Omvendte eventyr. H. Krarup trad. Copenhague, 2017; Francés: Contes á l’envers. R. Durand trad. Toulon, 2015, y Colomiers, 2017 (además, poemas suyos han sido traducidos al inglés, portugués, italiano, sueco, finés, polaco y japonés). Antología editada: Gatimonio: poemas de gatos de autores hispanoamericanos. Madrid, 2013.

Poemas de Chantal Maillard. Selección de poemas: Sergio Laignelet. Material enviado a Aurora Boreal® por Sergio Laignelet. Poemas publicados con autorización de ©Chantal Maillard. Copyright y autorización de la fotografía © Bernabé Fernández. Fotografía Sergio Laignelet © Lorenzo Hernández.

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