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Entrevistas

Epilepsia de eunucos. Consuelo Triviño Anzola conversa con José Prats Sariol

En exclusiva para Aurora Boreal®

El escritor  y ensayística cubano José Prats Sariol, se encuentra con a la escritora colombiana Consuelo Triviño Anzola y conversan sobre José María Vargas Vila y la novela de la colombiana, La semilla de la ira.

 

1. Me muerde la curiosidad: ¿Por qué José María Vargas Vila. Y sobre todo antes de tu espléndida novela La semilla de la ira, cuando decidiste nada menos que hacer el doctorado sobre él, escogerlo entre tantos, aunque haya sido el primer escritor latinoamericano que gozó de éxito por su obra y quizás el más atrabiliario, anarquista y lenguaraz?

Vargas Vila era un mito en Colombia hasta hace unos años. En mi infancia, mi abuela materna se refería a él como a una figura terrorífica, que si bien era autor de una novela romántica, Aura o las violetas, llevada al cine y además dramatizada en la radio, no dejaba de ser una especie de demonio prohibido por la Iglesia. Me formé en el desprecio hacia Vargas Vila porque en la Universidad Nacional donde me eduqué se le consideraba un autor menor, panfletario que ni siquiera merecía un lugar en el canon de la literatura. La verdad es que poco apreciábamos la literatura colombiana, en general, para nosotros estaba lastrada por el costumbrismo y la denuncia social, que era lo que se conocía y difundía, pero con García Márquez las cosas cambiaron en ese sentido. No leíamos a Eduardo Zalamea Borda ni a José Osorio Lizarazo. Desconocíamos la obra de Álvaro Cepeda Samudio, de Fernando González y de Efe Gómez. Sin embargo, Vargas Vila no dejaba de tener apasionados defensores que le dedicaban largos artículos en la prensa y en algunas revistas literarias. Sin duda, era una leyenda negra, tal como él había querido que se le recordara. Hasta que la izquierda lo reivindicó en los ochenta, acaso, por su antiimperialismo, no se le empezó a leer desde una perspectiva histórica. Por esos años la editorial La Oveja Negra, de la que Gabo era socio, publicó unos cuantos libros suyos: Ante los Bárbaros, Aura o las violetas, Los divinos y los humanos e Ibis. En esas ediciones lo leí sin que me conmoviera ninguno de estos libros. Pero el hecho de que despertara tantas pasiones planteaba muchos interrogantes. Obligaba a investigar sobre su época, la segunda mitad del siglo XIX en Colombia, un periodo apasionante: disputas entre liberales radicales y católicos ultramontanos, y en las últimas décadas la irrupción del modernismo. Fue una época hermosa y triste, a la vez, porque Colombia soñó la constitución más avanzada de su tiempo y lo pagó caro: guerras civiles, desolación en los campos, miseria y al final, la pérdida de Panamá. Vargas Vila, como liberal radical, arremetía contra los que consideraba responsables de tanta ignominia: caudillos arrodillados ante las poderosas potencias extranjeras, déspotas, curas libidinosos y glotones e imperios avariciosos y arrogantes. Pero además de todo esto, tenía el dato de que Vargas Villa llegó a ser el autor más leído de su tiempo y entonces me pareció interesante abordar al autor como fenómeno de lectura e indagar sobre el lector de las primeras décadas del siglo XX. Ahí estaba el tema de la tesis doctoral esperando y me dediqué durante cinco años a trabajar en ese sentido.


2. Fernando Vallejo y tú... Porfirio Barba Jacob y Vargas Vila... ¿Cómo sitúas tu novela en la fuerte, controvertida tradición de la biografía-ficción o de la microhistoria ficcional?

La novela se podría ajustar al género considerado como "microhistoria ficcional" porque introduce al lector en un momento histórico a partir de la vida de Vargas Vila, en una episteme en el sentido de Foucault. La novela no solo se limita a la biografía de este intelectual al que espía en las fragmentarias páginas de su diario, sino que se sumerge en la belle époque, en su lenguaje, en su sensibilidad, y en su atmósfera. Vargas Vila solo es una disculpa para seguir, a través de su verbo incendiario el ritmo, la respiración de un momento clave en la historia de América Latina. El lector puede viajar con el protagonista: de Nueva York a París, de París a Roma, de Roma a Madrid y Barcelona, de Barcelona a La Habana y a Buenos Aires. La novela deja escuchar sus quejas y diatribas, pero también se adapta a la entonación de la época, a las voces de los personajes que Vargas Vila procesa. Uno de los momentos más elevados de la literatura latinoamericana fue el modernismo, todos venimos de allí. Traer al presente esa estética, como vivencia auténtica, no como imitación de un acento, hizo muy grato el proceso de escritura porque le asignó el peso de una verdad, más allá de lo que esperaba en el momento en que trabajaba en el libro.

Distinto es el trabajo de Fernando Vallejo sobre Barba Jacob y Silva, porque el narrador no viaja al interior de la lengua en que se expresaron sus personajes, sino que habla desde el estilo de Vallejo. La primera persona es muy difícil porque a menudo nos resulta falsa, pero a Vargas Vila solo se le podía abordar mediante la primera persona, es decir, desde dentro de él mismo, desde su estética, en un momento de la lengua española cuya máxima aspiración era la belleza. Esa aspiración de los artistas decimonónicos latinoamericanos era una medida de protección contra la rudeza y mediocridad de su medio, muy atrasado con respecto a los países europeos.

 José Prats Sariol. Escritor cubano, conocido por su obra narrativa y ensayística. Ha publicado las novelas  Mariel (1997), Las penas de la joven Lila (2004) y Guanabo gay (2005),  y los libros de cuentos Erótica (1988), Cuentos (2007), Por sí o por no (2013, Editorial Aurora Boreal®).  En el 2010 publicó Lezama Lima o el azar concurrente (2010) y en el 2014 aparecerá en New York The Sorrows of Young Lila y en Madrid la edición definitiva de Mariel.

jose prats 0953. Ibis y Flor de fango, entre otras novelas transgresivas para su época, conformaron, poco después de que se inicia tu narración, los senderos expresivos del popular escritor colombiano cuyas "máscaras" develas; pero que nunca regresó, salvo muerto, cuando trasladan con fanfarrias polémicas sus restos de Barcelona a Bogotá. Él inaugura para la literatura colombiana un elogio del anarquismo-exiliado como necesidad para la autonomía del artista, del intelectual independiente... En esta dirección tú también escoges España o ella te escoge a ti para vivir, para ser "extranjera"... ¿Son las reflexiones que pones en boca de Vargas Vila una actualización –no digo "subliminal"-- del emigrar como distancia y como fatalidad?

No puedo negar que haya mucho de mí en Vargas Vila ni que no haya pensado en mi propio "exilio" cuando escribí este libro, pero hay matices importantes. Por ejemplo, jamás pensé en abandonar Colombia definitivamente, es más, la dejé en el momento más feliz de mi vida, cuando todo parecía sonreírme. Vine a Madrid a matricularme en el doctorado y el proyecto de tesis alargó mi estancia más de lo debido. Solo pensaba quedarme un año, pero el azar también decidió por mí. España ha sido generosa conmigo, me becó más de una vez y me dio una oportunidad laboral estable. Aquí puedo escribir y esa es la razón más poderosa que me retiene en este país. Pero a veces me siento dividida entre el aquí y el allá y esto no es bueno porque impide que los proyectos fluyan. Esa parte de nuestro ser que se queda en la patria puede ser opresiva. Hay que tener claro que el regreso es prácticamente imposible. Si, en un momento dado, regresamos hay que asumir que no encontraremos jamás el país que dejamos. Llegaremos a la patria como extranjeros, como extranjera, en mi caso, pero en eso ya he ganado alguna experiencia en España. De este modo el regreso será menos amargo y nos protegeremos contra las decepciones que nos esperan allá.

Vargas Vila, en cambio, tuvo que salir de Colombia en contra de su voluntad, cuando Rafael Núñez persiguió a los liberales radicales y eliminó muchas de las libertades de la Constitución de Rionegro. Vivió de la escritura y para la escritura, pero jugó un papel muy importante como intelectual comprometido con unas ideas que defendió desde sus libros. Sus novelas eróticas no fueron más que un gancho para atrapar lectores. Eran la pornografía de la época y ellas se iniciaron sexualmente muchos jóvenes y no me extrañaría que también algunos curas libidinosos. En política es otra cosa. Cualquier persona sensata estaría de acuerdo con sus consignas: libertad de expresión, justicia, derechos para los ciudadanos, educación laica y para todos, etc... Pero muchos de los modernistas rechazaban la democracia que consideraban "igualitaria" en el sentido más peyorativo. Como artistas se creían superiores y defendían la "aristocracia del espíritu". Su liberalismo estaba adaptado a la mentalidad de la época. Ahora bien, si pensamos en los populismos que nos hunden hoy, en los grupos hegemónicos latinoamericanos sometidos a los intereses de las multinacionales, en la pérdida de derechos de los trabajadores y en la violencia del Estado y en la impunidad que afecta a nuestros países, entonces, el discurso de Vargas Vila adquiere una vigencia dolorosa en el presente.


4. En el fresco de época que ofreces en tu novela con tanta amenidad en el rigor investigativo y la selección de datos, como en la precisión verbal desde la difícil primera persona del singular, resalta que los enemigos más fuertes de Vargas Vila fueron gente despótica, depredadores de la libertad individual o escritores tan vanidosos como él, pero muy hipócritas. ¿De qué modo su odio al Poder conforma un motivo central en tu novela, desde la Iglesia Católica hasta los partidos políticos, desde los sectarismos ideológicos hasta los fanatismos revolucionarios, desde los enemigos de la diversidad sexual hasta la nueva moral de "tapadillo digital"?

Sí, tienes razón, ahí están los enemigos de Vargas Vila: la doble moral. Nada más debemos imaginar lo que fue en su época un escándalo sexual en una institución educativa de los jesuitas, con el poder que siempre han tenido... La orientación sexual de Vargas Vila no es un dato secundario. Esa diferencia lo sitúa en otra orilla, pero él sabe que tiene más de un alma gemela en ese lado. El fin de siglo, que fue tan misógino, cultivó cierto afeminamiento en los hombres, el dandismo bajo el que se enmascararon muchos escritores: Darío, Gómez Carrillo, Amado Nervo y el propio Silva, también Valle Inclán y Alejandro Sawa. Pero las razones políticas e ideológicas fueron más poderosas en Vargas Vila, que vivió su homosexualidad en una solapada relación filial, la única permitida por los usos sociales. El liberalismo se consideraba pecado por la Iglesia y esto era más peligroso. Los liberales como Juan Montalvo debieron exiliarse. En los Estados Unidos se refugiaron muchos de ellos.

En cambio, en el arte Vargas Vila se decía anarquista, pero esto no era más que retórica. Él nunca estuvo de acuerdo con las estrategias de los anarquistas y repudiaba los atentados que aterrorizaban a Barcelona. El debate lo entablaba con la pluma, como él decía, con la palabra donde ejercitaba su elocuencia, su capacidad persuasiva. Dicen que Martí recurrió más de una vez a él para animar a los trabajadores en los Estados Unidos, entre quienes hizo su campaña de guerra a favor de la independencia de Cuba.

 
5. Como conoces mejor que cualquiera de los exégetas de Vargas Vila, entre sus fobias estaban los críticos literarios, por supuesto que en primer lugar los que lo ninguneaban o aborrecían. Su venenosa frase ha sido repetida muchas veces, la crítica literaria es "epilepsia de eunucos". En ese sentido La semilla de la ira, ahora en 2013 con la cuidada reedición en Madrid por la prestigiosa Editorial Verbum, ha recibido críticas literarias muy favorables y justas. ¿Cómo dialogas con las recepciones que recibe tu novela, desde 2008 hasta hoy?

Afortunadamente el libro ha sido muy bien recibido por quienes lo leen, pero le ha faltado la oportunidad de llegar a más lectores. Hasta ahora no ha superado las fronteras de Colombia debido al funcionamiento de una industria editorial que parece atentar contra la literatura y que instala alambradas en las fronteras de nuestros países. En Colombia fue muy acogido en los seis primeros meses de su lanzamiento, pero después cayó en el olvido. Es el signo de los tiempos y yo no pertenezco a la nómina de los autores promocionados por Seix Barral, el sello que lo editó. No importa que los editores hayan considerado bueno este libro, ellos no deciden la política de marketing. Por suerte, este orden de cosas está cambiando debido a las tecnologías. Esta edición en España, bajo el sello de Verbum, le da una nueva oportunidad al libro, que se puede adquirir en formato e-book desde cualquier parte. Todavía nos esperan muchos cambios en este sentido, por ejemplo, las bibliotecas electrónicas que ahora  empiezan a implantar un nuevo sistema de préstamo con un éxito notable, ya que están adquiriendo los catálogos de las editoriales. Esperemos que La semilla de la ira llegue a sus lectores en otros formatos.

El caso es que si La semilla de la ira se lee a fondo deja muchas ampollas porque vuelve sobre los errores de nuestra historia y apunta al presente, como te decía. Un libro como el mío interesa poco a las corrientes hegemónicas del mercado editorial, no solo por no estar escrito de esa forma estándar y plana que parece entrar tan fácil en la mente del lector actual. Una falacia si pensamos en hermosos proyectos editoriales como el de Acantilado que reedita clásicos como Zweig. Sin embargo, otros sellos proyectan una literatura muy alejada de aquella que abre horizontes, que enseña a pensar y es por tanto una fuente de felicidad. Mi libro resulta tan familiar a diversos lectores a quienes les impresiona ver cómo se reproducen las estrategias del poder, según me comentan algunos amigos. Sin embargo, lo que atrae del libro, el nombre de Vargas Vila, también conspira en su contra, porque hay cierta tendencia a reducir el libro a este personaje, lo cual es un error para mí. La novela es, ante todo, un fresco de nuestra lánguida belle époque, algo que solo William Ospina supo captar y de lo que dejó constancia en una reseña en el momento de su aparición. Además, su espacio no se circunscribe solo a Colombia, sino que atraviesa el continente americano de Norte a Sur y junta las orillas europeas con las americanas. El modernismo fue también eso: un viaje de ida y vuelta entre Europa y América y una confrontación de valores: el utilitarismo anglosajón: Calibán contra la "espiritualidad latina": Ariel. Paradigmas en cuestión, claro está. Desde la época se puede comprobar que Calibán ganó la batalla. Pero Ariel sigue vivo, afortunadamente, mientras haya en nosotros sed de belleza. Desde esa perspectiva este libro encuentra su justificación, porque refiere esa necesidad de belleza que hay en los seres humanos aún en la adversidad.

 

semilla verbum 002Consuelo Triviño Anzola.
Nacida en Bogotá reside en Madrid desde 1983, donde se doctoró en la Universidad Complutense con una tesis sobre José María Vargas Vila. Entre la docencia y la investigación, ha colaborado en prestigiosas revistas especializadas y en suplementos literarios en España. Está vinculada al Instituto Cervantes desde 1997. Como narradora ha publicado novelas como Prohibido salir a la calle o Una isla en la luna, y series de relatos como El ojo en la aguja, Letra herida, La casa imposible o su mas reciente publicación  Extravíos y desvaríos. Relatos suyos han sido traducidos a otras lenguas e incluidos en numerosas antologías y en revistas de reconocido prestigio internacional. La crítica más exigente ha valorado la "profundidad de su prosa y su tersa escritura".

 

Entrevista a la escritora Consuelo Triviño Anzola realizada en exclusiva para Aurora Boreal® por el esritor José Prats Sariol. Fotos: Foto Consuelo Triviño por Samuel Sánchez. Tomada del artículo de El País el 3 de julio  de 2013. http://cultura.elpais.com/cultura/2013/06/05/actualidad/1370431301_455325.html.  José Prats Sariol © José Prats Sariol.

 

Los amigos invisibles - próxima publicación

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