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Siempre fui una viajera

Entrevista a Martha Canfield

En esta oportunidad entrevistamos a la poeta, ensayista y traductora uruguaya Martha Canfield Escribe en español y en italiano. Vive en Italia desde 1977 y es catedrática de Lengua y Literatura Hispanoamericana en la Universidad de Florencia. Ha editado en italiano autores hispano americanos como Benedetti, Boullosa, Cardenal, Eielson, Montejo, Mutis, Vargas Llosa, Vilariño; y en español autores italianos como Pasolini, Sanguineti, Bufalino. Es autora de cuatro poemarios en italiano: Mar/Mare (1989), Nero Cuore dell`alba (1998), Capricio di un colore (2004), Per abissi d`amore  (2006): y seis en español: Anunciaciones (1977), el Viaje de Orfeo (1990), Caza de altura (1994), Orillas como mares (2004), El cuerpo de los sueños (2009), Corazón abismo (2011).

 

1. En «Mira llega a casa» siento en tus poemas la búsqueda de la armonía, "esa unidad perfecta", que se nos presenta en el umbral de la puerta. ¿Es la presencia/promesa de la felicidad?

Hay sin duda una búsqueda de armonía a la cual se asocia por cierto la felicidad. Estar en armonía es estar felices, creo. Pero en el caso de ese poema, «Mira llega a casa», me refiero específicamente a la armonía con el mundo animal, o como dicen los animalistas “con los animales no humanos”. Personalmente soy una enamorada de los perros en primer lugar, pero en realidad de todos los animales. Veo en ellos el poder del sentimiento, la nobleza, la lealtad y la ausencia de esos rasgos horribles del ser humano como la codicia o la violencia gratuita. La "unidad perfecta" de la que habla Neruda en su hermoso poema dedicado a su perro (o a uno de sus perros) es ésta: el ser humano y el animal en simbiosis armoniosa.

2. Recuerdo (posiblemente de la madre) con las llaves: la sabiduría, la seguridad, ¿puede ella abrir/descifrar hasta el infinito con sus misterios?

Creo que cuando escribí ese poema dedicado a mi madre, «Y vino el humo gris a herir la tarde», yo tenía dos imágenes muy intensas en mi memoria: una visual y auditiva, de mi madre que llegaba con el llavero en la mano y hacía sonar las llaves. Desde el corredor –que iba del ascensor a la puerta de entrada a nuestro apartamento– se oía ese ruido metálico, armónico, casi musical, que daba la certeza de que mamá había llegado, trayendo como siempre su amorosa presencia, su alegría, su vitalidad. La otra imagen era totalmente literaria, eran versos de Vallejo, poeta que estudié y adoré desde mis años de liceo, donde él describe a su madre, y en el poema XVIII de Trilce la llama “amorosa llavera de innumerables llaves”. La que lleva y usa las llaves, la llavera, era para mí el ser capaz de gobernar y proteger. No sé si ella podía “descifrar el infinito”, pero seguramente podía volver el infinito acogedor y seguro. Ella encarnaba el misterio mismo y prodigaba la gracia.

3. “Flamante geografía” se llama tu poemario. ¿Quizás una geografía propia –en llamas– que hay que alimentar/crear/nombrar para que no se consuma?

Creo que cuando usé el adjetivo “flamante” aplicado a “geografía” pensaba sobre todo en la novedad: después de haber recorrido varias zonas geográficas, del Uruguay a Colombia y el resto de América, y luego Francia, Inglaterra, Italia, finalmente Florencia se me presentaba como una “nueva” y maravillosa geografía donde el futuro, de pronto empezó a abrirse como una promesa luminosa. Siempre fui una viajera y una enamorada del cambio y de la novedad. No me costó mucho a los 19 años dejar mi país natal, el Uruguay, y trasladarme Colombia, un país por cierto muy distinto, por paisaje, costumbres, modo de hablar, tradiciones... En el lapso de pocos meses ya estaba fascinada con Colombia y no pensaba en volver al Uruguay nunca más (por mucha nostalgia que logré volcar en la poesía). Después de seis años empecé a sentir la necesidad de cambiar de nuevo y esta vez los horizontes se ampliaron a la geografía europea. Pero curiosamente cuando llegué a Florencia sentí que ésta era definitiva. Y así fue. Algunos años más tarde conocí al que sería mi esposo y el adjetivo “flamante”, si contiene algo de llameante o pasional, se debe sin duda a él.

4. Cortázar habría tenido cien años ahora. Retrospectivamente, ¿cómo ves su figura y su obra?

Cortázar nos enseñó a leer, nos incitó a dejar de lado la pereza del lector pasivo y a enfrentarnos a la escritura como “lectores cómplices”. Nos enseñó también a escribir, a construir estructuras narrativas complejas y reveladoras. Nos enseñó a percibir dentro de nosotros mismos la existencia o la falta de esos seres fantásticos que él llamaba cronopios. Cortázar marca un hito en la literatura del siglo XX. Él y su obra son un legado sin fin y para siempre. Por otra parte, si uno tuvo la fortuna de conocerlo personalmente, como yo la tuve, su carácter generoso y vital, abierto, disponible, constituían una lección de vida imperecedera.

5. Hoy día hay programas caseros para mover/retocar/modificar las fotografías, las imágenes, a nuestro gusto. ¿Son fieles tus poemas a la imagen vivida/retenida? ¿Podrías imaginarte combatir para rescatar imágenes?

Creo que sí, que mis poemas son fieles a la imagen retenida y anteriormente vivida. Aunque sin duda esa imagen, permaneciendo en la memoria y en los sentimientos, genera otras que pueden confundirse con el sueño, con el ideal, con la esperanza.

6. Tienes mucha experiencia con ser traductora del italiano y viceversa. Y escribes en ambas lenguas. ¿Te traduces a ti misma?

La experiencia de la traducción siempre me ha entusiasmado mucho. Tú tienes que entrar a fondo en el espíritu del escritor para poder llevarlo a otra lengua. Tienes que entender exactamente qué quiso decir, y cuando su mensaje es ambiguo u oscuro, tienes que interpretarlo y tratar de transmitir en la otra lengua también su ambigüedad. Es un trabajo delicado y apasionante. Como yo soy efectivamente bilingüe español-italiano, traduzco en ambas lenguas y disfruto igualmente en una dirección y en la otra. Por mi trabajo, o sea la enseñanza de la literatura hispanoamericana a estudiantes italianos, estoy más obligada a traducir del español al italiano. Pero también he hecho (y hago) traducciones de italianos al español: grandes escritores, como Pasolini o Edoardo Sanguineti, o simplemente amigos muy queridos que aprecio, como Alessio Brandolini o Carlo Bordini. Las voces femeninas me atraen menos, ¿será porque amo más lo “diverso”? Pero últimamente he traducido por ejemplo a Dacia Maraini, y el libro – Noche de fin de año en el hospital – salió publicado en Colombia. En cuanto a traducirme a mí misma, aclaro esto: no soporto que otra persona me traduzca; sé muy bien que la traducción implica interpretación y considero que nadie sabe mejor que yo lo que he querido decir. Por otra parte, me sucede muy a menudo, que algo que dije en español, no me suena bien traducido literalmente en italiano, o viceversa, porque cada lengua tiene su ritmo, sus asociaciones habituales, sus condicionamientos. Entonces me sucede que no logro “traducirme” literalmente, sino que reescribo. Y a veces la versión española puede resultar ligeramente distinta de la italiana y viceversa. Podría citar varios ejemplos, pero tal vez el más clamoroso es el título de mi último poemario que en italiano se llama Per abissi d’amore y en español Corazón abismo.

7. Eres uruguaya, has vivido en Colombia y desde hace muchos años en Italia. ¿En "Flamante Geografía" entran otros destinos y rutas?

En parte ya he contestado a esta pregunta. Te agrego solamente que mi “flamante geografía” de veinte años atrás se ha transformado en una “geografía plácida” donde recordar y meditar ocupan más espacio que descubrir o inventar.

 

 

luis_pulido_037Luis Pulido Ritter
Es doctor en Sociología y Filosofía por la Universidad Libre de Berlín. Ha escrito Matamoscas (poesía 1997), Recuerdo Panamá (novela 1998; 2005), Sueño Americano (novela 1999), ¿De qué mundo vienes? (novela 2010). Actualmente vive en Berlín. Escribe para el periódico La Estrella de Panamá y colabora con Aurora Boreal®

 

Entrevista enviada a Aurora Boreal® por cortesía del escritor Luis Pulido Ritter. Publicado en Aurora Boreal® con autorización de Luis Pulido Ritter. Foto de Luis Pulido Ritter © Christian Olguín. Foto de Martha Canfield © Pascual Borzelli. 

 

Entrevista para Aurora Boreal® y La Estrella de Panamá.

Los amigos invisibles - próxima publicación

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