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'A ritmo de tumbao' - entrevista

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Entrevista especial para Aurora Boreal®

 

El sol palidece entreverado en las nubes y se esconde a hurtadillas para ocultar en la penumbra al coloso monumento de Cristo Rey, que con benignidad, se escabulle para entregar a Cali a los desafueros de la noche. Dóciles a la brisa, las ramas de las altas palmeras de la plaza Caycedo, rivalizan entre ellas y espantan las débiles ráfagas de la luz cobriza que baña a la ciudad. Custodiado por todos los flancos por los troncos lánguidos de estos añosos árboles, y ubicado en el centro de lo que pareciera un laberinto, me sorprendo entre gigantes aupados por los efluvios del rio Pance y el Río Cali.
Es la ciudad que se ha reinventado para cicatrizar las heridas de las infamias heredadas a los rufianes y malhechores, que sin dique ético, la convirtieron, en los convulsos años ochenta, en el epicentro de una de nuestras tantas maldiciones; pero también, es la urbe del derroche creativo, que gracias a una fusión de talento, mística y fervor, vio sus calles franquear del rebaño bucólico del cañaduzal al festín del Boogaloo y la sicodelia del cine, la música y la literatura. En la tierra del suicida más ilustre de la literatura colombiana, y confundido entre los caminantes, imagino a Amparo Arrebato luciendo ropas raudas mientras se dirige presurosa al tablado de algún barrio popular; y a María del Carmen Huerta, la mona arropada en sensualidad, con su mente embotada por el frenesí de la noche anterior.
Libre del espejismo, atisbo la cabeza despoblada de Fabio Martínez, el novelista que irriga en su escritura la más febril de las pócimas y que convierte al lector, por ensalmo y con inconfesada astucia, en bailador de un alegre sarao.

 

1. Criado en el barrio San Antonio y amparado por unas tías sin renuencias para los bailes, el camino estaba señalado para ser un creador, indistintamente del arte, imbuido de alegría y cultura popular. ¿ Al igual que Boris Vian, se asume como un escritor robado a la música o un saxofonista que lee la vida en clave literaria?

En Cali primero se aprende a bailar que a hablar español. En mi caso particular, yo me crié en una vieja casona del barrio San Antonio junto a mi madre y siete tías rumberas que todos los viernes en la noche frecuentaban el grill Séptimo Cielo, El Honka Monka y El Escalinata. Ellas fueron las culpables de mi afición temprana a la música. Luego, cuando decidí irme a vivir a Paris, terminé convertido en músico de Metro. Si hoy en día no toco en Cali o Bogotá, es porque en estas dos ciudades no hay Metro. Como Vian y Cortázar, pienso que soy un escritor robado a la música.

2. Me regocija leer sus libros por el condimento de humor; por salpicar de sarcasmo lo que tiene ribetes de transcendental, y destronar la solemnidad que creció en los heliotropos de las lecciones mal aprendidas en las novelas de ideas. ¿Porfía en la concepción y artesanía de sus obras en desterrar las tesis moralizantes ?

Marcos Fabián Herrera Muñoz, Colombia, 1984. Poeta y periodista cultural . Integra el comité editorial de la revista Puesto de Combate y del periódico virtual Con - Fabulación. Sus diálogos con escritores y artistas para la prensa cultural hispanoamericana, le han reportado unánimes elogios y lo han ubicado como uno de los cultores más versátiles, documentados y agudos de la conversación literaria. Autor del libro El Coloquio Insolente - Conversaciones con Escritores y artistas Colombianos (dos ediciones) y del poemario Huerto de Olvidos. Incluido en antologias de cuento, poesía y periodismo literario.

A excepción del Tuerto López y León de Greiff la literatura colombiana ha sido solemne y trascendental. Aquí la literatura nunca se ha mirado como un divertimento del espíritu, un goce pleno de los sentidos. Desde joven, he mantenido un humor fresco, heredado de don Francisco de Quevedo y Villegas. El humor me ha servido de antídoto para sobrevivir en este país, que mejor parece una caja de pandora. También me ha sido útil para soportar la fauna literaria criolla, que es demasiado seria, trascendental e impostada. La vida sin humor no tendría sentido para mí. Hablo, por supuesto, del humor sabio y agudo, no del humor burdo y chabacano que se estila en la televisión nacional.

3. En Pablo Ball y los hombres invisibles, al igual que en El Desmemoriado, apostó por la simbolización antes que el relato descarnado y el realismo chato; sorteó, con acierto, la creación de una distopía, en un momento de agotamiento en los recetarios de los novelistas colombianos. ¿ Le gratifica escapar a las fórmulas estéticas trajinadas y predecibles?

En Latinoamericana, exceptuando, quizás, Argentina, la literatura realista ha sido una constante desde el siglo XIX. Argentina es muy particular. Desde el siglo pasado, allí ha florecido una literatura fantástica, iniciada por Borges y Bioy Casares. En el caso de Pablo Baal no quería hacer una novela realista sobre la ciudad. Entonces, me situé en una perspectiva fantástica. Pablo Baal hace un viaje virtual a su ciudad natal en busca de su hermano muerto. Situado en esta coordenada, la novela cobró un universo inusitado que yo jamás vislumbré. Con Pablo Baal aprendí que el universo fantástico le abre nuevas puertas a la imaginación, que el realismo, en muchos casos, empobrece. En el caso de El desmemoriado, una novela que transcurre en la Bogotá de 2068, quise situarme en un mundo distópico, para desde allí narrar la historia del último humanista que quedaba en la ciudad y el mundo. A excepción de René Rebetez, Antonio Mora Vélez y Rafael Chaparro Madiedo, los escritores en el país siguen enfrascados en hacer una literatura descriptiva, autorreferencial, que no trasciende a lo simbólico.

4. Escuché en Zaperoco el diálogo de una pareja que bien podría ser una de las pláticas de Beethoven Carabalí Reyna y cualquiera de sus amigas. ¿En su aprehensión de los modismos de la cultura popular caleña, la fidelidad al habla le es fundamental para imprimir verismo en la obra?

Mi novela El tumbao de Beethoven es una alegoría a la Cali rumbera. Por esto, fui fiel al lenguaje caleño, al modo de hablar de los caleños. El caleño es un lenguaje particular que viene del español antiguo (con el voceo) y de la fonética y ritmo de los afros que llegaron aquí a trabajar en las haciendas cañeras. Los caleños hablamos en forma sincopada, cambiando la “s” por la “jota”, como lo hacen los negros. Podemos decir que si Rayuela de Cortázar está escrita en lenguaje argentino, El tumbao de Beethoven está escrito en caleño.

5. ¿Qué tanto de los componentes formales y estilísticos de la sandunga, la guaracha y la pachanga fueron asimilados por los cultores de la salsa en Cali?

La historia de la salsa en Cali viene de los años 40, cuando los amantes de esta clase de música, traían los primeros discos y acetatos, que entraban por el puerto de Buenaventura. A través de la cultura del disco, llegaron a la ciudad, grupos, sonoras y orquestas muy importantes, como El Trío Matamoros, el Trío La Rosa, Daniel Santos, y El Septeto de Ignacio Piñeiro. La música del Caribe entró por Buenaventura en barco y llegó a Cali para quedarse. El desarrollo de la salsa en la ciudad, que se expresa en sus orquestas, sus bailarines, sus escuelas de salsa, y sus coleccionistas, tiene una trayectoria que se remonta a los años 40 cuando los barcos venían de Nueva York y Cuba, cargados de música.

marcos_fabian_herrera_0016. ¿Coincide con los juicios apocalípticos que señalan la desnaturalización de la salsa como música de encuentro, inventiva orquestal y lírica callejera para transmutarse, obligada por las urgencias comerciales, en un enlatado sonoro pedestre y frívolo?

La salsa no está acabada. Lo que cambió fue su epicentro. En los años 50 La Habana fue el epicentro del son cubano. En los años sesenta, la bomba fue la sensación en San Juan de Puerto Rico. En los años ochenta, Nueva York fue el epicentro de la pachanga. Cali hoy es el epicentro de la salsa con sus novedosas fusiones musicales.

7. A todos los párvulos que me confiesan el apremio de la estancia Parisina para “decantar” sus obras, concederles un aire ecuménico y lucir cosmopolitas, les recomiendo la lectura de Un Habitante del Séptimo Cielo.  ¿Valida mi sugerencia para hacer de ese retrato visceral de Paris un libro – guía que le permita a los pretenciosos parnasos criollos ver al Sena como letrina y no como el rio de plata con azogues lunares?

Un habitante del séptimo cielo es una novela para jóvenes. Allí el lector se va a encontrar con un viaje iniciático, escalón necesario y vital de todo párvulo, que aspira a asimilar el mundo. De tu parte, me parece una recomendación juiciosa.

8. Deseo confirmar un dato que me fue suministrado por un corresponsal de Montparnasse. ¿Es cierto que su alopecia se originó en Paris una mañana en la que confundió el shampoo con un pesticida guardado en la ducha?

Antes de los treinta años, yo era un hombre que lucía una larga y frondosa cabellera. Mis fotos en las redes sociales así lo confirman. A partir de esa terrible confusión, el pelo comenzó a caerse. Amén del agua calcárea de París, que ayuda a despejar la mente con pelos y señales. Confieso que jamás he sido un calvo vergonzante como muchos de mis colegas que hoy en día usan pelucas, bisoñés y se hacen injertar pelos pagados por revistas de farándula. Soy, como dice Quevedo, un calvo que no quiere encabellarse.

 

Fabio Martínez
fabio martinez 350Colombia, 1955. Es autor de las novelas: Un habitante del séptimo cielo, 1988; Club social Monterrey, 1992; Pablo Baal y los hombres invisibles, 2003; Balboa, el polizón del Pacífico, 2007; El fantasma de Íngrid Balanta, 2008; El tumbao de Beethoven, 2012 y 2014 en Editorial Aurora Boreal®; El desmemoriado, 2014. Es autor de los libros: El viajero y la memoria. Un ensayo sobre la literatura de viaje en Colombia, 2000; y de los libros de cuentos: Fantasio, 1992; Del amor inconcluso (microrrelatos), 2006; El escritor y la bailarina, 2012. Ha sido Mención Especial en la Beca 'Ernesto Sábato', 1987. Primer Premio de Ensayo Latinoamericano 'René Uribe Ferrer', 1999 y Primer Premio 'Jorge Isaacs', 1999. Fue Director fundador del periódico La Palabra y Director de la Universidad del Valle Sede Pacífico. En la actualidad, es profesor titular de la Universidad del Valle, adscrito a la Escuela de Estuidos Literarios, y columnista de El Tiempo,

 Para descargar el Tumbao de Beethoven pulse aquí

La entrevista al escritor Fabio Martínez 'A ritmo de tumbao' realizada por  Marcos Fabián Herrera enviada a Aurora Boreal® por Marcos Fabián Herrera. Foto de Marcos Fabián Herrera©Marcos Fabián Herrera. Foto Fabio Martínez © Gustavo Reyes. Carátula El tumbao de Beethoven cortesía Eidotiral Aurora Boreal®

 

Los amigos invisibles - próxima publicación

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