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Entrevista a Fernando Iwasaki

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Entrevista en exclusiva para Aurora Boreal®

 

El escritor Fernando Iwasaki (Lima, 1961) es uno de los referentes actuales cuando se trata de literatura peruana. Ha incursionado con igual éxito en distintos géneros como el cuento, el ensayo, la crónica y la novela. Cuando se trata de microrrelato es uno de los nombres más importantes en lengua española. Su colección de ficciones brevísimas Ajuar funerario (2004) ha sido traducida a diversas lenguas y ha sido reeditada en numerosas ocasiones. Pese a la distancia cronológica y espacial —acaso por culpa de ellas—, nunca ha descuidado la literatura peruana, lo que la constituye, sus fracturas y exponentes. Radicado en Sevilla, donde desde hace varias décadas vive con su familia, Fernando Iwasaki es asimismo uno de los escritores hispanoamericanos más conocidos y celebrados. Desde la mencionada ciudad respondió, con la lucidez y cultura que le caracteriza, a nuestra entrevista exclusiva para el número dedicado a la literatura peruana de Aurora Boreal®.


F.T.: Hace algunos meses publicaste un sugerente artículo titulado La mancha extraterritorial en el que reivindicas el espacio literario en castellano como el “único territorio donde la lengua de Cervantes todavía es capaz de quijoterías”. ¿En qué medida consideras que el exilio, en todas sus formas y expresiones, motiva e inspira nuestra literatura hispanoamericana?


F.I.: En aquel artículo me propuse romper una lanza por los hispanohablantes que nacieron en otra lengua, pero que han elegido el español como idioma literario. El poeta peruano César Moro —por ejemplo— vivía en Lima y escribía en francés, igual que el poeta ecuatoriano Alfredo Gangotena, quien escribió toda su poesía en francés, incluso instalado en Quito y en Santiago de Chile. César Moro y Alfredo Gangotena fueron poetas extraterritoriales porque ambos se “exiliaron” en la lengua francesa. No es preciso trasladarse a otro país para vivir un exilio, pues el poeta Martín Adán buscó refugio en un manicomio sin salir de Lima. La literatura latinoamericana es riquísima en exiliados como los que he citado, por no referirme a todos los poetas y escritores que además residen fuera de sus países de nacimiento. Sin embargo, no creo que el exilio sea siempre algo inspirador. Ni siquiera bienhechor, pues no descarto que algunos lo vivan como un auténtico drama. En realidad, la mayoría de personas que hemos elegido vivir fuera lo hacemos por razones familiares y profesionales que rara vez tienen alguna relación con la literatura. Lo que ocurre es que durante los siglos XIX y XX fueron numerosos los poetas y escritores latinoamericanos que se avecindaron en París o Madrid, pero dejando de lado los grandes nombres nos quedaríamos con una constelación de autores menores que quizá no trascendieron porque ni escribieron ni publicaron en sus países de nacimiento. Por lo tanto, la condición de exiliado no es garantía de reconocimiento literario.


F.T.: Lo que tu subrayas, entonces, es la cualidad negativa del exilio… ¿Acaso se trataría de cierta manera de no seguir en contacto con la realidad, la experiencia y el idioma dejados detrás en beneficio de un cosmopolitismo que no permitiría trascender porque ya no cuenta con raíces?


F.I.: Siento haber transmitido una cualidad negativa, porque para mí no lo ha sido. No obstante, la índole bienhechora de mi exilio ha sido muy distinta porque no vivo ni en Madrid ni en Barcelona sino en una casa rural a las afueras de Sevilla. Por lo tanto, residir en una periferia como el campo andaluz no ha estimulado al cosmopolita que todos los limeños creemos que llevamos dentro, sino más bien al provinciano que todos los limeños escondemos. Así, en mi “exilio” lo que ha trascendido es mi nostalgia por Caraz, Huamantanga y Guayaquil, las tierras de mis abuelos. O sea, que mi “cosmopolitismo” es provinciano.


F.T.: Eres un escritor que ha abordado diversos géneros literarios, tocado diferentes temáticas, de manera seria o con mucho humor, pero siempre, de un modo o de otro, el Perú —“el malhadado país” como dice el narrador de El hablador— regresa a tus ensayos o ficciones. ¿Cómo explicas que pese a la distancia, el tiempo, y sobre todo las experiencias, la cultura peruana ocupe ese lugar en tu trabajo?


dificil hacer amor 350F.I.: Porque mi educación sentimental transcurrió en el Perú; porque allá hice mi “acumulación primaria” de capital cultural; porque peruanas fueron mis primeras epifanías literarias, y porque mi “sistema operativo” intelectual es peruano. Puede que lleve viviendo fuera del Perú más de la mitad de mi vida, pero siempre seré alguien que interpreta el mundo con las herramientas que aprendí a manejar gracias a mis maestros peruanos del colegio y la universidad, y que me gustaría decir que no tenían nada que envidiarle a ningún profesor o catedrático de Europa o América. Nunca olvido de dónde vengo ni de dónde vienen mis antepasados. Quizá por eso mantengo intacta mi capacidad de fascinación y gratitud.


F.T.: Vives en España desde hace varias décadas, país donde hablas tu idioma pero, por decirlo de alguna manera, no tu lengua. Recuerdo que José Donoso siempre se preocupaba de perder lo que él denominaba el oído chileno, lo cual lo llevó a decidir regresar definitivamente a Chile. ¿Compartes la misma inquietud? ¿Cómo concibes tu trabajo literario a partir de lo que podríamos entender como otra forma de exilio, esta vez más radical, el exilio lingüístico?


F.I.: A mí me quedan por escribir dos novelas y quizá un libro de cuentos. No creo que escriba más libros de ficción después de aquellos proyectos. Ahora bien, todas esas narraciones estarán ambientadas antes de 1989, que fue el año donde se detuvo mi habla peruana. Creo que no he perdido mi oído peruano, pero ya no domino la calle, los protocolos, la nueva jerga y los referentes de la creatividad popular. Al mismo tiempo, mi castellano limeño es una suerte de reserva de la replana de los años 50 hasta el argot de los 80. Allí vivo todavía, como Cabrera Infante vivió en el habla cubana de la primera mitad del siglo XX dentro de su refugio londinense de Gloucester Road. Donoso regresó a Chile porque en España llegó a sentirse malquerido y en Santiago impartió unos talleres de donde salieron Fontaine, Contreras, Franz, Fuguet y casi toda la narrativa chilena que irrumpió con fuerza en los 90. No es mi caso. Mi esposa es sevillana, mis hijas son andaluzas y ya no tengo adónde regresar. Más bien, ahora soy capaz de jugar partidas simultáneas en diferentes tableros del habla española y latinoamericana, tal como solía jugar el mismo Guillermo Cabrera Infante. Él es mi espejo y mi modelo.


F.T.: Precisamente, ya que hablas de Guillermo Cabrera Infante, hay un elemento que también compartes con él: el humor. Este resalta aún más en una literatura como la peruana que en ocasiones puede ser muy circunspecta ¿Podrías comentarnos un poco acerca del lugar que le das al humor en tu literatura, acaso una de las que más lo expresan?


F.I.: En la historia de la literatura peruana el humor está presente desde Valle y Caviedes pasando por Manuel Ascensio Segura, Felipe Pardo y Aliaga, Ricardo Palma y Juan de Arona, hasta llegar a Héctor Velarde, Sofocleto, Jaime Bayly, Sergio Galarza, Lorenzo Helguero y muchos más. No me considero ni una excepción ni nada excepcional. Sin embargo, lo que sí he tratado de construir es una genealogía del humor literario donde además tengan cabida otros autores latinoamericanos como Conrado Nalé Roxlo (Argentina), José Santos González Vera (Chile), Jorge Ibargüengoitia (México) y –por supuesto– Guillermo Cabrera Infante (Cuba), por no hablar de Borges, Cortázar, Sergio Pitol, Manuel Puig y Alfredo Bryce. Gracias a ellos existimos Bolaño, Villoro, Gumucio, Birmajer, Méndez Guédez, Constaín y todos los que reivindicamos el humor en la literatura.


F.T.: Dentro del marco de tus planteamientos en La mancha extraterritorial y tu experiencia como lector y escritor, ¿consideras que existe algo que caracterice a la literatura peruana? De ser el caso, ¿cuáles serían sus características?, ¿qué podría caracterizarla frente a lo que también por convención llamamos, por ejemplo, literatura argentina o española?


F.I.: Creo que la literatura peruana gira en torno a la figura de César Vallejo, que es nuestro gran clásico. Un poeta de provincias, de los márgenes y que fue celebrado después de haber muerto en la pobreza más absoluta. Ninguno de estos factores es literario, pero han servido para medir la valía literaria de otros autores peruanos. Somos implacables con Vargas Llosa y Bryce Echenique, porque irradian una imagen triunfadora que los perjudica. En cambio, empatizamos mejor con José María Arguedas y Julio Ramón Ribeyro porque nos conciernen más sus tragedias y melancolías. Con ese mismo criterio preferimos a Guamán Poma sobre el Inca Garcilaso y a José Watanabe sobre Blanca Varela. ¿Por qué no podemos sentirnos orgullosos de todos por igual? Vallejo debe ser el único autor peruano que disfruta de la unanimidad de los peruanos, porque nosotros somos los primeros en poner en entredicho los méritos de otros autores peruanos. En Chile nadie pone en duda los prestigios de Neruda, Huidobro, Mistral, Rojas, Donoso, Bolaño y del propio Parra, que felizmente vive todavía. En Argentina ocurre lo mismo con Borges, Cortázar, Bioy, Sabato, Saer, Di Benedetto e incluso Piglia, que está muy delicado de salud. Podría seguir citando casos semejantes en México y Colombia, pero ya es suficiente. Desde un punto de vista estrictamente literario contamos con nombres extraordinarios, pero somos nosotros quienes dudamos de ellos. Si el poeta Carlos Germán Belli no gana pronto el Premio Cervantes, ningún otro autor peruano lo ganará en los próximos treinta años.


F.T.: Entonces, algo así como una lectura emocional determinaría el acercamiento que tenemos los peruanos hacia la literatura peruana, ¿no es así? Y dime, para terminar, ya que has vivido durante décadas en España, distancia que imagino te ha permitido una perspectiva crítica, ya pasando al plano formal y temático, ¿crees que hay algo que caracterizaría a la ficción en particular?


F.I.: Creo que en la narrativa peruana abundan los espacios cerrados que cifran nuestra ominosa realidad, como el cuartel de La ciudad y los perros (Vargas Llosa) o la cárcel de El Sexto (Arguedas). Así, desde Lima la horrible de Salazar Bondy hasta Mañana las ratas de José Adolph, el Perú como territorio narrativo propende a la purulencia, lo repugnante y la descomposición. El basural de Los gallinazos sin plumas (Ribeyro) o los estercoleros de No una sino muchas muertes (Enrique Congrains) me reafirman en mi idea de que la ficción peruana requiere un Huerto cerrado (Alfredo Bryce).

 

fernando iwasaki 361Fernado Iwasaki
Perú, 1961. Narrador, ensayista, crítico e historiador. Autor de las novelas Neguijón (Alfaguara, 2005) y Libro de mal amor (RBA, 2001), y de los libros de cuentos España, aparta de mí estos premios (Páginas de Espuma, 2009), Helarte de amar (Páginas de Espuma, 2006), Ajuar funerario (Páginas de Espuma, 2004), Un milagro informal (Alfaguara, 2003), Inquisiciones Peruanas (Renacimiento, 1997), A Troya, Helena (Los Libros de Hermes, 1993) y Tres noches de corbata (AVE, 1987). Papel Carbón (Páginas de Espuma, 2012) reúne sus dos primeros libros de relatos. Como ensayista es autor de Mínimo común literario (Asamblea Nacional de Rectores, 2014), Nabokobia Peruviana (Isla de Siltolá, 2011), Arte de introducir (Renacimiento, 2011), rePUBLICANOS (Premio Algaba de Ensayo, 2008), Mi poncho es un kimono flamenco (Sarita Cartonera, 2005) y El Descubrimiento de España (Nobel, 1996), y sus crónicas han sido reunidas en Somos libros, seámoslo siempre (Universidad de Sevilla, 2014), Desleídos y efervescentes (El Mercurio/Aguilar, 2013), El laberinto de los cincuenta (Cal y Arena, 2013), Una declaración de humor (Premio Bodegas Olarra & Café Bretón, 2012), Sevilla, sin mapa (Paréntesis, 2010), La caja de pan duro (Signatura, 2000) y El sentimiento trágico de la Liga (Premio Fundación del Fútbol Profesional, 1995).

 

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Entrevista realizada en exclusiva para Aurora Boreal® por Félix Terrones. Publicada en Aurora Boreal® con autorización de Félix Terrones. La entrevista hace parte de la revista Aurora Boreal® nr. 17  de mayo  de 2015, un especial dedicado a autores peruanos del siglo XXI. Foto Fernando Iwasaki © Fernando Iwasaki. Carátula del libro © cortesía Fernando Iwasaki tomados de su página oficial en internet.

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