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La columna de Ricardo Bada

CARTA DE ALEMANIA (58)

Mi Abecedario Beethoven

A de Amada inmortal
En 1812 escribió Beethoven su “Carta a la Amada Inmortal”, cuya personalidad es uno de los secretos mejor guardados de la Historia, pese a que conocemos con nombres y apellidos todos y cada uno (si acaso menos éste) de los amores y amoríos de don Ludwig van, que no fueron pocos. Aunque durante mucho tiempo se creyó que “la Amada Inmortal” era Josephine Brunsvik, hoy son mayoría quienes creen que fue Antonie Brentano, la cuñada de Bettina von Arnim. [Ver J y Y]

B de Beethoven
Si hubiera sido de ascendencia franco–normanda, de unos 100 km más al sudoeste, probable es que lo conociéramos por el nombre Louis de Bethencourt. Pero puesto que sus ancestros fueron belga–flamencos, ha pasado a la posteridad como Ludwig van Beethoven. Y a partir de Clockwork Orange se le conoce simplemente como Ludwig van... aunque ya el argentino Mauricio Kagel había compuesto un año antes, en 1970, una pieza titulada de ese modo. [Ver L]

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CARTA DE ALEMANIA (57)

Un pecado de juventud de Engels (*28.11.1820)

133 años permaneció acumulando polvo un pecado de juventud de Friedrich Engels, que él mismo no mencionaría nunca en su obra posterior. Se trata del manuscrito del torso de un drama, o tal vez un libreto de ópera (como se puede desprender de ciertas acotaciones), cuyo protagonista es Cola di Rienzi, el tribuno romano del siglo XIV.

La vida y la personalidad de Cola di Rienzi (*1313–†1354) parecen salidas de una novela de Alejandro Dumas. Nacido en cuna más bien humilde, logra encumbrarse socialmente gracias a su boda con la hija de un notario. En calidad de embajador es enviado a la Corte pontificia en Aviñón, donde residía a la sazón Clemente VI, quien era el cuarto Papa del cisma que lleva el nombre de la ciudad. En ella, Cola entabló amistad con Francesco Petrarca y se entusiasmó con el glorioso pasado de Roma. Petrarca consiguió del Papa que nombrase a Cola notario de la Cámara Apostólica romana, de la que dependían las finanzas del Vaticano. De regreso en la ciudad dizque eterna, nuestro hombre se da cuenta del estado catastrófico de esas finanzas y del descontento del pueblo ante los atropellos y la arrogancia de la aristocracia, polarizada a su vez entre dos poderosos clanes: los Colonna y los Orsini.

Cola de Rienzi se lanza a la vida pública, se convierte en tribuno del pueblo con un discurso que hoy llamaríamos populista, y logra expulsar de Roma a la nobleza, al menos de momento. Sólo que su gobierno fue tan autoritario que pronto el pueblo se rebeló en su contra, el Papa lo excomulgó y tuvo que huir, refugiándose primero en Nápoles y luego en los Apeninos, lo que fue una gran suerte para él, pues de ese modo escapó a la epidemia de peste negra que en aquellos días asolaba Europa. Pasado un tiempo viajó a Praga, donde trató de ganar al emperador Carlos IV para la fundación de una República romana. Pero el emperador lo mantuvo recluido en una fortaleza, esperando enviarlo a Aviñón para ser juzgado. Muerto Clemente VI, su sucesor Inocencio VI lo indultó y lo envió como senador a Roma en compañía y bajo la vigilencia del cardenal español Gil de Albornoz. Y allí se vio de nuevo al poco tiempo enfrentado a un alzamiento popular contra sus medidas despóticas: quiso huir pero lo atraparon y fue apuñalado a traición (otras fuentes dicen que lo decapitaron), siendo quemado su cadáver y sus cenizas dispersadas en las aguas del Tíber.

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CARTA DE ALEMANIA (52)

En mi blog: José F.A. Oliver

Llevo ocupando este espacio desde enero 2010, y acabo de rastrear todos mis postings y debo rendirme a la evidencia. De manera inexplicable para mí, en ningún momento de estos diez años y un pico de cinco meses les he hablado de José F.A. Oliver. Y es la hora ya de remediarlo.

Mi amigo José F. A. Oliver es español de pura cepa, español de corazón. Pero nació de padres malagueños nada menos que en la Selva Negra y hoy cuenta como uno de los mejores poetas alemanes de los últimos tiempos. Hasta del mítico Instituto de Tecnología de Massachussets lo han invitado para que vaya a Boston a dar recitales de su poesía. Debe ser porque José vale, ya que a Boston, y sin llamarte Cabot o Lowell, no te invitan tan fácilmente.

[Recuerden la acerada observación de Juan Ramón Jiménez en Diario de un poeta recién casado: «Andan por New York –mala amiga ¿por qué? de Boston, la culta, la Ciudad-Eje– unos versillos que dicen así:

 

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CARTA DE ALEMANIA (56)

Un verso intraducible de Brecht

Alemania, entre otros muchos dones, me regaló tres amigos de los que dos ya murieron, más joven que yo uno de los dos: Dieter Schulmeister. Fuimos vecinos durante unos diez años en este mismo complejo habitacional donde aún residimos mi mujer y yo, y su hija, Alexandra, Alex, es para nosotros algo así como un cuarto hijo

 

 

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CARTA DE ALEMANIA (53)

Un maestro llamado Mark Twain

Allá por 1993, cuando aún estaba en la vida laboral activa y me desempeñaba como redactor cultural en el servicio latinoamericano de la Radio Deutsche Welle, se me ocurrió proponer una serie dedicada a siete escritores indiscutibles que no ganaron los que hubieran debido ser los siete primeros Premios Nobel. En lugar de Sully Prudhomme, Mommsen, Bjørnson, Echegaray ex aequo con Frédéric Mistral, y luego Sienkiewicz y Carducci, que ya me dirán ustedes si los leyeron o si recuerdan haber leído algo de alguno de ellos, en lugar de ellos, digo, considerar que debieron ganarlo Zola, Rilke, Ibsen, Tolstoi, Galdós y Machado de Assis ex aequo con Mark Twain, y ya me dirán ustedes si no va una cierta diferencia cualitativa de lista a lista.

[A decir verdad estuve dudando si el ex aequo del año 1906 no tendría que ser entre Mark Twain y Rubén Darío, porque también sostuve siempre que si España, y no Inglaterra, hubiera sido la potencia colonial de los siglos XIX al XX, entonces el Nobel de 1913 no se lo habrían concedido a Rabindranath Tagore sino al nicaragüense. Pero en una comparación de méritos entre Darío y Machado de Assis, la balanza siempre caía del lado del Brasil, y de todos modos dejaba abierta la postulación de don Rubén para 1913].

Sea como fuere, por aquel tiempo fui nombrado subjefe de la redacción y, lo que es “más pior” (© Cantinflas), anchorman principal de los dos informativos diarios, live, para América Latina; y es así como mis cinco últimos años en la RDW estuvieron dedicados sola y exclusivamente a la remilperrísima actualidad y a la burrocracia [sic]. Hélas!

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