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La columna de Ricardo Bada

CARTA DE ALEMANIA (41)

Si bemol La Do Si = Bach

¿Quién fue Bach, ese portentoso creador cuyo apellido, en la notación musical alemana, lo integran las notas Si bemol La Do Si, combinación con la que jugó en algunas de sus fugas?

En su libro El Valle de Josafat, el pensador español Eugenio d’Ors arguye sobre Bach: «No solamente sabe representarse las cosas en el espacio (al fin y cabo esto se llama inteligencia), sino que proporciona a los auditores magníficas asociaciones espaciales. // Arquitecturales, para precisar más. Cuando se dice de la música que es una arquitectura en movimiento, yo evoco siempre a Bach. // Y siempre se me aparece “la imagen de una augusta catedral”, según canté un día ya lejano. // Decía entonces: catedral. A veces, sobre todo en los conciertos, he estado a punto de corregirme y de sustituir catedral por palacio. Pero no. Decididamente, era catedral el término justo».

D’Ors refuerza su argumento con una cita del Tratado de Lógica, de Edmond Goblot, donde puede leerse: «El valor estético de Notre Dame de París o Saint–Ouen de Ruán, de una Meditación de Lamartine o de un sermón de Bossuet, de una Cantata de Bach o de la Misa Solemne de Beethoven, no puede ser plenamente gustado por el hombre al cual le sea totalmente extraño el sentimiento religioso». A mí me parece una petición de principio, sería tanto como argüir que el valor estético de la escultura helénica no puede ser plenamente gustado por el hombre al cual le sea totalmente extraño el sentimiento pagano. Pero de todos modos, la cita pone en evidencia el alto valor espiritual que se le otorga a la obra de Bach: sin lugar a dudas, es la cumbre de la música sacra evangélica. Tanto, que el obispo luterano sueco Nathan Södermann llegó a calificarla en 1929 como “el quinto Evangelio”.

Ricardo Bada   España, 1939. Escritor y periodista residente en Alemania desde 1963. Autor de La generación del 39 (cuentos, 1972), Basura cuidadosamente seleccionada (poesía, 1994), Amos y perros (cuento, 1997), Me queda la palabra (ensayos, 1998) y Los mejores fandangos de la lengua castellana (parodias, 2000). Editor en Alemania, junto con Felipe Boso, de una antología de literatura española contemporánea (Ein Schiff aus Wasser [Un barco de agua]), y en solitario, de la obra periodística de Gabriel García Márquez y los libros de viaje de Camilo José Cela. Editor en España de la obra poética de la costarricense Ana Istarú (La estación de fiebre y otros amaneceres, 1991), y en Bolivia de la única antología integral de Heinrich Böll (Don Enrique, 1995) en castellano.

Bach nació en Eisenach, 1685, y murió en Leipzig, 1750. Fue el menor de los ocho hijos de sus padres y recibió su nombre doble a causa de sus dos padrinos, pero en la familia se le llamaba Sebastian a secas. Huérfano de madre y padre desde los nueve años. se fue a vivir a Ohrduf con su hermano mayor, Johann Gabriel, de quien aprendió incluso la mecánica de los órganos y cómo repararlos; y de Ohrduf datan al menos 25 de las primeras composiciones del joven Bach, antes de iniciar una precoz, fulgurante y remunerativa carrera como compositor e intérprete.

A los 18 años firma en Arnstadt su primer contrato (50 florines, además de otros 30 para manutención y alojamiento) como organista y por su colaboración con el coro. Tres años más tarde se traslada a Lübeck, para oír al más famoso organista de su tiempo, Dieter Buxtehude, ya anciano y de quien podía heredar su puesto... a condición de desposar a su hija, pero con ella, diez años mayor que Bach, no se quiso casar.

A los 22 años se instala en Mühlhausen, donde le asignan unos emolumentos casi el doble que en Arnstadt, lo que le permite casarse ese mismo año con su prima Maria Barbara, con quien tuvo siete hijos, de los que dos murieron a poco de nacer y uno sólo vivió un año.

A los 23 años da un concierto en Weimar donde el duque Wilhelm Ernst le ofrece un contrato por 150 florines más viáticos, que seis años después se convertirán en 250 florines al acceder al puesto de Konzertmeister.

A los 32 años firma contrato como director musical en Köthen sin haber rescindido el que lo ligaba a Weimar, lo cual le acarrea unos días de arresto y un despido deshonroso. En Köthen recibe un anticipo de 50 táleros al firmar el contrato y 400 de sueldo + 12 como ayuda al pago del alquiler .

En 1720, al regreso de un viaje, se encuentra con que su esposa ha muerto y ya la enterraron. Al año siguiente se casa con la soprano Anna Magdalena Wicke, de quien tendría 13 hijos, la mayoría de ellos muertos a poco de nacer. Dicho sea de paso, dos de sus hijos de su primer matrimonio y dos del segundo fueron asimismo excelentes compositores. En el año 1735, Bach documentó la existencia de 53 músicos de su clan en la crónica “Orígenes de la familia musical Bach”.

A los 38 años, en 1723, gana el concurso para el puesto de maestro cantor de la iglesia de santo Tomás, en Leipzig, aunque sólo debido a que los dos que ganaron por delante suya renunciaron al puesto (Telemann cuando le subieron el salario en Hamburgo, y Graupner porque el duque de Hesse, su patrón, se negó a rescindirle su contrato). Y hasta su muerte en 1750 se mantuvo Bach en ese puesto, haciendo alguna que otra escapada como la de 1747, invitado por Federico el Grande, de Prusia, a dar conciertos en Berlín

Sus últimos trabajos fueron “El arte de la fuga” y la Misa en mi menor (por cierto que fue compuesta para una Corte católica, la de Dresde), muy afectado ya por problemas de salud con la vista y motóricos: casi no podía mover el brazo derecho, hasta el punto de que su esposa y su hijo Johan Christian firmaban los documentos en su nombre.

Sus restos reposan en esa iglesia de santo Tomás, a un tiro de piedra de la iglesia de san Nicolás, epicentro de la revolución pacífica que acabó con la dictadura de la RDA.

Bach 350El Indice Bach registra 1.128 obras de todas clases: cantatas, motetes, misas, Pasiones, Lieder, arias, corales, oratorios, obras para órgano, clavichémbalo y laúd, contrapuntos, conciertos, suites, preludios, fugas, sonatas, variaciones..., en fin, todo el abanico, excepto óperas, que no compuso ninguna. Y ahora viene la guinda del pastel: ¡¡Johann Sebastian Bach jamás estudió composición, era un autodidacta en toda la extensión de la palabra!! Aprendió a componer oyendo música, y leyendo y transcribiendo partituras. Y era un virtuoso como organista y chembalista, y amén de ello un gran improvisador, elogiado como tal por el rey de Prusia.

Pero a su muerte casi cayó en el olvido. Fue recién en 1829 cuando, gracias al empeño de Felix Mendelssohn–Bartholdy, se volvió a interpretar “La Pasión según san Mateo”, su obra más depurada y mejor. Y a partir de entonces, la obra de Bach conoció un renacimiento, fue objeto de interpretaciones inolvidables por artistas tan distintos como la violonchelista polaca Wanda Landowska, el pianista canadiense Glenn Gould, el francés Jacques Loussier, el estadounidense Keith Jarrett, la mascarón de proa de la Black Classical Music, Nina Simone... e inspiró las “Bachianas brasileiras” de Heitor Villa–Lobos y el film El silencio antes de Bach, de Pere Portabella, estrenado en el festival de Venecia del 2007. Añádase a ello que hay 7 asteroides y planetoides circulando en el espacio con su nombre.

El autor neerlandés Maarten ‘t Hart le dedicó todo un libro, Bach y yo, como una forma
de pagarle lo mucho que le debe: «Aún recuerdo muy bien cómo escuché por primera vez
“La Pasión según San Mateo”. Fue un domingo de Ramos, en mi cuarto abohardillado en Maassluis, en una transmisión radiofónica desde el Concertgebouw de Ámsterdam bajo la dirección de Eugen Jochum. Tenía que pegar la oreja al radio, porque no me estaba permitido subir el volumen. Cuando lo hacía, enseguida corría mi madre escaleras arriba para llamarme ásperamente la atención: “Por amor del cielo, baja inmediatamente el volumen, nos atruenan los oídos ahí abajo”. Entonces, la primera vez, lo primero que tuve que hacer fue tratar de ubicarme en aquél mundo maravilloso, porque había muchas cosas que aún no me decían nada. Un aria me conmovió mucho: “Sehet, Jesus hat die Hand, / uns zu fassen, ausgespannt, kommt [Mirad, Jesús ha tendido la mano para asirnos, venid]“. Me pareció tan excepcionalmente bello, los dos oboes en un sereno dueto, los trinos, los pasajes corales: “Wohin? Wohin? Wohin?” [¿Adónde? ¿Adónde? ¿Adónde?]» PINCHAR AQUÍ

Y ahora déjenme terminar citando al filósofo británico Isaiah Berlin quien escribió que dizque los ángeles, estando entre ellos, tocan Mozart, pero si tocan para Dios, entonces tocan Bach.

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Estas son tres versiones más, que añado porque no todas están libres, a causa de problemas con la GEMA, la SGAE alemana :

https://www.youtube.com/watch?v=OwhJ2LYSHZI

https://www.youtube.com/watch?v=3y6aLKD06_k

https://www.youtube.com/watch?v=GftBaxSOIVs

 

Carta de Alemania (41). «Si bemol La Do Si = Bach» enviado a Aurora Boreal® por Ricardo Bada. Publicado en Aurora Boreal® con autorización de Ricardo Bada.  Fotografía Ricardo Bada © Ricardo Bada. Este texto se publicó por primera vez en el suplemento El Pentagrama, de El Espectador, de Bogotá. William H. Scheide, Princeton, New Jersey, Johann Sebastian Bach; pintura por Elias Gottlob Haussmann, 1748; tomado del internet.

 

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