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El despertar de Kate Chopin setenta años después de su censura

fernanda balanger 250La literatura es una de las formas de expresión cultural en la que las relaciones de género son representadas habitualmente. Los textos literarios pueden servir como refuerzo de los estereotipos establecidos en una época determinada, pero también como creadores de imágenes nuevas y liberadoras. A finales del siglo XIX, varias décadas después de la guerra civil estadounidense, los estados del sur como Luisiana conservaban un ambiente marcado por prácticas racistas y sexistas. En Nueva Orleans el matrimonio se basaba en el Código Napoleónico, que definía a la mujer y sus posesiones, incluyendo su ropa, como propiedad del marido; el divorcio era un hecho infrecuente y escandaloso. Imperaba un orden social conservador, que definía de manera estricta e inamovible las esferas de actuación de hombres y mujeres. El ideal de feminidad se personificaba en la típica «belleza sureña», de corazón puro y comportamiento casto, con la sensibilidad, prudencia y refinamiento necesarios para mantener alejado cualquier «impulso demasiado entusiasta e indisciplinado» que pudiera alterar la tranquilidad del hogar, su lugar por excelencia. Fue justamente en medio de este panorama que una escritora, conocida hasta el momento por sus historias de carácter regionalista, se atrevió a desafiar en su ficción las prescripciones de naturaleza inmutable que regulaban la familia y la sociedad tradicionales, haciendo hincapié en los deseos de la mujer más allá de su rol impuesto como madre y esposa. Pero sus contemporáneos no estaban preparados para una visión tan «provocadora», y su obra se vería pronto condenada por juicios morales de editores y críticos, que la llevarían a un largo periodo de oscuridad, hasta su rescate, en la segunda mitad del siglo veinte.

Katherine O’Flaherty, conocida como Kate Chopin, nació en 1850 en San Luis, Misuri, en el seno de una familia católica acomodada de raíces multiculturales. Su padre fue un inmigrante irlandés que prosperó en los negocios y su madre, miembro de la prominente comunidad francesa de la ciudad. Cuando Chopin tenía cuatro años, su padre falleció en un accidente y a partir de entonces su crianza tuvo lugar en un hogar matriarcal, de la mano de su progenitora, su abuela y su bisabuela, tres mujeres fuertes e independientes que le brindaron una temprana educación francófona, base de su característica riqueza bicultural. Siendo ya una ávida lectora, ingresó con nueve años en el colegio religioso Sacred Heart Academy, hasta completar su formación formal en 1868, con un repertorio de lecturas que incluía escritos de Dante, Cervantes, Goethe, Jane Austen, las hermanas Brönte, Samuel Coleridge, y figuras tanto clásicas como contemporáneas de origen francés como Guy de Maupassant que representarían su mayor influencia en la forma de concebir su escritura. A los veinte años se casó con Oscar Chopin, originario de Luisiana, pero descendiente también de una familia con marcada cultura cosmopolita, que encajaba muy bien con sus preferencias y bagaje personal. Durante tres meses disfrutaron de su luna de miel, recorriendo Europa, y al regresar se instalaron en Nueva Orleans, ciudad en la que aún prevalecía una acentuada atmósfera francesa. Tuvieron seis hijos, se mudaron al condado de Natchitoches donde se hicieron cargo de una plantación familiar de algodón, hasta que en 1882, de manera repentina, Oscar falleció de malaria. Durante un tiempo, ella se hizo cargo sola de la administración del negocio, pero finalmente decidió retornar a su ciudad natal en 1884.

Bayou folk 350Su carrera literaria comenzó en los primeros años de su regreso a San Luis, motivada en parte por la necesidad de aumentar los ingresos familiares. Su carácter práctico y decidido la llevó a convertirse en una escritora profesional, si bien las ganancias generadas representaban solo una parte del sostén de su cuantiosa prole. En 1890 completó su primera novela, La culpa, editada por su cuenta y riesgo, encargándose incluso de su promoción. Las reseñas que se hicieron sobre la misma destacaban el poder descriptivo de su estilo al tiempo que objetaban no solo la inclusión de una temática tan controvertida como el divorcio, sino también la perspectiva desde la cual se trataba, sin ninguna valoración moral. Dos colecciones de historias cortas, Bayou Folk (1894) y A Night in Acadie (1897), le otorgaron su reconocimiento nacional como una importante autora de ficción regionalista, género que emergió al finalizar la guerra de Secesión y se hizo muy popular al satisfacer la curiosidad que los norteamericanos habían comenzado a sentir sobre los diferentes territorios que conformaban su reunificada nación. Los relatos brindaban una descripción muy certera de la vida cotidiana de los habitantes de Luisiana, región que constituía un mosaico étnico de herencia africana, indoamericana y europea, lo que podía resultar particularmente exótico para el resto del país. Habiendo residido allí con su marido durante algo más de una década, Chopin contaba con material de primera mano para recrear su exuberante paisaje agrícola, las antiguas costumbres europeas de criollos y cajunes —grupos descendientes de los primeros colonos españoles y franceses—, la riqueza de su comunidad políglota y su carácter sociable. Pero a diferencia de otros textos regionalistas, los suyos no expresaban nostalgia por el pasado ni mostraban una imagen idealizada del sur, sino que ofrecían una perspectiva de sutil oposición o crítica, sobre todo en lo referente a la aparente armonía de las relaciones entre razas y géneros.

despertar 350Con la precisión de su estilo narrativo, la autora caracteriza escenarios y personajes como si de una pintura impresionista se tratara, con una sensibilidad especial para captar luces y sombras, colores y texturas, fusionando las imágenes visuales con significados simbólicos que proyectan la psiquis de sus protagonistas. Así, sus historias no se limitaban a una mera descripción del paisaje, sino que introducían temáticas generalmente evitadas por los escritores locales, como en el caso de «Désirée´s Baby», publicada por primera vez en la revista Vogue en 1893, que sitúa al lector en la pintorescas y evocadoras plantaciones, mientras se atreve a exhibir un tema prohibido como lo era el mestizaje. Siguiendo su exploración sobre las restricciones morales impuestas por la sociedad, sus heroínas fueron asumiendo de manera gradual un perfil más autónomo y menos acorde al ideal establecido, hecho que provocó la censura por parte de editores que consideraban demasiado indiscretas y descaradas sus aproximaciones al eros femenino. En algunas ocasiones le pedían que reescribiera sus relatos; en otras, éstos no llegaban a editarse como sucedió con «The Storm», que vio la luz de manera póstuma. La novela El despertar (1899) representa un caso paradójico, ya que el escándalo que produjo su publicación dañó la reputación literaria de Chopin y, al mismo tiempo, a partir de su redescubrimiento desde mediados del siglo veinte, colocó a su autora en un lugar privilegiado dentro de la historia de la literatura estadounidense. En esta pieza condensada de realismo lírico que se acerca al espíritu fin de siècle europeo, su protagonista, Edna Pontellier, es una mujer que experimenta un cambio de conciencia profundo, pasando de ser una posesión de su marido a comenzar un complejo proceso de autodescubrimiento.

A modo de obertura, el primer capítulo constituye una completa introducción a las problemáticas y personajes de la novela. En las páginas iniciales, la domesticidad se simboliza a través de múltiples elementos vívidamente descritos, como el loro enjaulado, cuya naturaleza salvaje ha sido domesticada para ser transformado en un entretenimiento familiar. Edna, educada bajo los preceptos de la religión protestante, se encuentra atrapada entre sus sueños y el rol que se espera que desempeñe en su hogar, junto a su marido y sus hijos. La existencia externa de la protagonista se adecúa a las expectativas sociales; la interna, da lugar a una liberación imaginativa a través de ilusiones y deseos, mientras cuestiona la monotonía doméstica. Esta dualidad provoca una tensión que se va desencadenando a medida que avanza la trama. Así, la aparente calma de su día a día comienza a desestabilizarse y su estado impasible da lugar a respuestas cada vez más vigorosas a los estímulos sensoriales que emergen a su alrededor y movilizan su espíritu. El entramado de la historia rezuma sensualidad; el mar, la arena, el sol y el cielo de la costa adquieren una sólida presencia que sobrepasa el simple elemento ornamental, como lo expresa una frase que aparece en más de una ocasión: «La voz del mar es seductora, nunca cesa, clama, susurra». La lucha interior de Edna no es melodramática ni artificial, sino real y emotiva. Junto con su redescubrimiento sexual en encuentros extramatrimoniales, experimenta una revitalización espiritual e intelectual, siendo algunos de sus puntos álgidos el efecto que produce la música del piano en todo su ser, su propia creación artística, o el disfrute de la lectura del escritor trascendentalista Emerson. En un intento por proteger su emergente autonomía y con la certeza de que no conseguirá su ansiada libertad dentro del ámbito doméstico, se aísla física y sicológicamente, desprendiéndose de sus responsabilidades familiares e instalándose, por su cuenta, en un nuevo hogar.

El imaginario sensual de esta novela y los planteamientos que expone representaron una desviación clara de la técnica y puntos de vista encontrados en la literatura de la época escrita sobre o por mujeres. La imagen de una «nueva mujer» que demandaba igualdad social, económica y política era ya un tema de discusión pública, pero este detallado estudio sobre una heroína que se siente insatisfecha desempeñando su rol de madre y esposa, que comienza a explorar un nuevo mundo de sensaciones, que no es fiel a su marido y se muestra indiferente a las opiniones convencionales de su entorno, incluso sin ningún tipo de juicio moral sobre su comportamiento por parte de la voz narrativa, iba mucho más allá de lo que la mayoría de los críticos contemporáneos estaban dispuestos a aceptar. Si bien nunca se prohibió su circulación, las reacciones fueron inmediatas, y con comentarios como «El despertar es una bebida demasiado fuerte para las criaturas y debería ser etiquetada como veneno», «Mórbida», «Poco saludable» e «Indecente», dañaron el prestigio literario de la autora, silenciando su obra por un largo periodo del que sería rescatada setenta años después. Chopin fue una mujer cosmopolita que supo volcar en un espléndido trabajo creativo la tensión interna que muchas mujeres sentían entre sus deseos personales y el limitado panorama de sus vidas bajo las reglas de una sociedad patriarcal. Pero, al igual que su personaje de ficción, quien finalmente se sumerge en el mar hasta perderse de vista, comprobó que la mentalidad de su época no estaba preparada aún para sus cuestionamientos y no estaría dispuesta a tolerarlos.

 

Bibliografía
BLOOM, Harold (ed.) (1987) Modern Critical Views. Kate Chopin. New York: Chelsea House Publishers
CHOPIN, Kate (2015) The Awakening and Selected Stories. London: Wordsworth Classics
GILBERT, Teresa (2013) American Literature to 1900. Madrid: Editorial Centro de Estudios Ramón Areces
REIDHEAD, Julia (ed.) (2007) The Norton Anthology of American Literature. New York: W.W.Norton & Company

 

 

 

fernanda balanger 375oFernanda Balangero Musso
Argentina, 1976. Traductora, investigadora, ensayista y editora. Graduada en Estudios Ingleses en la UNED (Madrid) y colaboradora de Aurora Boreal®.

Material enviado a Aurora Boreal® por Fernanda Balangero Musso. Publicado en Aurora Boreal® con autorización de Fernanda Balangero Musso. Fotografías enviadas a Aurora Boreal® por Fernanda Balangero: Carátula del libro Bayou Folk ©, El despertar © Libros Hiperi¡on. Fotografía Fernanda Balangero Musso © archvio de la autora.

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