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La columna de Consuelo Triviño

Lecturas en confinamiento - Consuelo Triviño Anzola

consuelo trvino 250En estos tiempos de penuria, bajo la amenaza del caos o del colapso de la economía, nos aferramos a la lectura, al frágil soporte del libro, para enfrentar el incierto futuro. De alguna manera ya hemos vivido aquello que tememos en estas dos primeras décadas de este siglo.

Asistimos al desprestigio de la razón, del saber y de las especialidades, a la destrucción de las jerarquías, al abucheo a los maestros, a la desvalorización de la cultura, que ahora se designa “cultureta”, como para no ofender a quienes aprendieron a despreciarla. Ya lo sabía Antonio Machado al referirse con pena a aquel que desprecia cuanto ignora.

En ese panorama que nos espera, y que para muchos es desolador, el confinamiento nos deja no pocas enseñanzas. Se dice que hemos recuperado el amor a la naturaleza. Al interior de nuestra burbuja antivírica, ponemos en valor lo cotidiano. Nuestros seres queridos reciben el regalo del tiempo. En los hogares se recuperan hábitos, rutinas, se aprende a fabricar panes y bizcochos, dado el desabastecimientos de harina en los supermercados. Pero, además, nos acostumbramos a ver el mundo desde los mensajes que nos llegan a los dispositivos móviles: dosis diarias de poesía en píldoras, conciertos de grandes artistas, paisajes y conmovedoras escenas de la naturaleza o vídeos de vecinos que nos comunican desde sus ventanas la emoción del momento.

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La casa imposible

consuelo trvino 250En aquella casa nadie se ponía de acuerdo ni siquiera para hacer un café. Si alguien decía “me provoca un café”; el otro respondía, “hágalo usted mismo”, con un retintín cargado de escepticismo. Ante semejante respuesta, el antojado se dirigía a la cocina sin deseos de café y lleno de rencor hacia el escéptico que tanto se complacía criticando la ineficacia de los habitantes de esa casa imposible. Por su parte, el antojado añadía una afrenta al memorial de agravios que crecía ante sus ojos rencorosos, como quien ve infectarse una llaga sin aplicarle el remedio, acaso por culpabilizar a los otros, esos otros responsables de sus desgracias. En la casa de los imposibles se habían cometido en el pasado –y se seguían cometiendo–afrentas imperdonables, tantas que hubiera sido inútil dar cuenta de ellas. Los habitantes de la casa imposible podrían considerarse seres pasivos pero, en cambio, para infligir ofensas eran activos. El altanero escéptico sabía que no era fácil preparar el café; conocía las causas de esa dificultad, pero se callaba para no evitarles la desagradable sorpresa a los otros. Él mismo había fracasado en su intento y había quedado tan frustrado que necesitaba vengarse. Ya había comprobado que hacían faltan los ingredientes y las mínimas condiciones para realizar ese deseo. Una tercera persona se quejaba de la discusión entre el antojado y el altanero “por un miserable café”, y se dirigía a la cocina a prepararlo sólo “por restregárselo a esos dos inútiles que malgastaban el tiempo discutiendo por un café”.

El problema es que en la cocina, de verdad, no había con qué prepararse ese “miserable café” –en aquella casa todo acaba recibiendo el apelativo de miserable: “sus miserables gafas”, “su miserable camisa”, “su miserable plata”–. Lo que había surgido como un deseo inocuo se cernía sobre los habitantes como una amenaza, o un reto. Una cuarta persona –a veces se juntaban hasta cinco personas en la casa imposible– se daba cuenta de que faltaba café y azúcar en la cocina e iba calladamente a la tienda a comprarlos, con la idea de darle una lección a los demás. Estos la veían dirigirse a la puerta en dirección a la calle, con una mueca de desprecio.

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El Berlín de Esther Andradi

mi berlin 152Mi Berlín
Esther Andradi
Editorial Mirada Malva
2015

 

 

La primera vez que tuve noticias de Esther Andradi fue por su libro Vivir en otra lengua, volumen que recopila textos de autores latinoamericanos residentes en ciudades como Lausana, París, Berlín o Roma, y que refieren su experiencia de escribir en una lengua distinta de la del lugar de su exilio. Estos autores problematizan lo que implica para su escritura una condición bífida: la de quien se aísla en la cápsula de la lengua nativa para convertirse en otro (quizás más puro), que sueña o se sumerge en las aguas profundas de sus orígenes.
Es el caso de la propia Esther Andradi, argentina que reside en Berlín, ciudad íntimamente ligada a su historia. Nacida en Ataliva, en la provincia de Santa Fe, Argentina. Estudió Ciencias de la Comunicación en Rosario y en 1975 se trasladó a Perú donde se dedicó al periodismo escrito y publicó su primer libro. Allí le correspondió vivir el derrumbe de la sociedad tradicional de este país, de lo cual dejó constancia en sus crónicas. Después pasó a Berlín en 1983. Allí compartió con otros extranjeros, y con los propios berlineses, la experiencia de una ciudad herida, divida por un muro cuya caída presenció con asombro. En 1995, Esther regresó a Argentina, a Buenos Aires, donde fue testigo del estallido neoliberal que sufrió su país en 2001. En 2003 volvió a Berlín, ciudad en la que ha echado raíces y se dedica a la escritura, donde vive en otra lengua.

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Proyección internacional de las culturas hispanas: lengua literaria y globalización*

gomila 225El hispanismo en un mundo global solo puede asumirse a partir del reconocimiento del multiculturalismo. Pero ¿qué entendemos por ‘hispanismo’ en un contexto global? Veamos la definición que en 1970 ofrecía el diccionario de la RAE: «afición al estudio de la lengua y la literatura españolas y de las cosas de España».

Esta definición cambia en la edición de 1984: «afición al estudio de lenguas, literaturas o culturas hispánicas». El plural, en este caso, modifica cuestiones de fondo: asume el enfoque multicultural de los estudios hispánicos. La pregunta es si el concepto abarca las distintas lenguas y culturas de la Península, y si incluye a los países hispanoamericanos. También debemos preguntarnos si se tiene en cuenta a quienes escriben en lengua española aunque pertenecen a un ámbito cultural no hispánico, en países como Marruecos, Filipinas o Guinea Ecuatorial.

¿Deberían formar parte de los estudios hispánicos los escritores marroquíes que desde comienzos del siglo XX ofrecieron su visión de la historia de España, de sus relaciones con Marruecos, y lo hicieron en lengua española? ¿Qué lugar ocupa la producción intelectual de autores como Abdellatif Limami y Abderrahman El Fathi, o los poetas y narradores como Aziz Amhjour y Mohamed Bouissef Rekab? ¿Deberían pertenecer al corpus de la literatura en lengua española los escritores de Guinea Ecuatorial como Esteban Bualo, Andrés Ikuga Ebombebombe y Constantino Ocha'a cuya literatura arraiga en la tradición oral de su país, pero se escribe en español? ¿Dónde situar la primera novela de Guinea Ecuatorial Cuando los combes luchaban (de Leoncio Evita (Udubuandyola, Bata, 1929-), editada en 1953?

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Jorge Urrutia, entre la experimentación y el simbolismo

jorge urrtia 250En exclusiva para Aurora Boreal®

 

 

 

El panorama generalmente aceptado de la poesía española actual parece dejar de lado aquello que no responda a una poética de la sentimentalidad cotidiana y olvida lo que ha sido una importante búsqueda lingüística, que cuestiona la poesía española desde los sesenta. La descalificación con la posmodernidad de las urgencias políticas, en general, fijó un canon que ignoró la nueva vanguardia marcada por los posestructuralismos, que supo recuperar el concepto de poesía representada en la Generación del Cincuenta por José Ángel Valente: un compromiso ideológico que se plasma en una postura ética de ruptura estética y una nueva mirada sobre la tradición, con poetas de la dimensión de José Miguel Ullán, Jenaro Talens, Jorge Urrutia, Aníbal Núñez, Clara Janés, Antonio Carvajal y Olvido García Valdés, entre otros.
Jorge Urrutia publicó en 1968 La fuente como un pájaro escondido, un libro considerado experimental por Francisco Umbral, quien en el momento de su aparición señaló, eso sí, la "provisionalidad" e "inmadurez" de las formas utilizadas, así como su "urgencia", debidas a la juventud de un poeta con escasos 23 años. El libro se plantea como "ejercicios", es decir, no se concibe como un producto acabado ni definitivo. Da cuenta del paso del poeta por distintos lugares, en su búsqueda de la poesía. Uno de los poemas señala el encuentro con la mujer como fuente de inspiración y representación del universo. El último, titulado "Fonética naumática", se cierra anunciando la renovación del verbo en los versos finales: "las canciones cantadas se perderán al fin. / Y será ya el momento de prepararnos todos, / de afinar cada voz y entonarlas a tiempo / para empezar de un brío el himno nuevo". El término naumática, procede del latín naumachia, del griego antiguo ναυμαχία/naumajía, literalmente "combate naval", que designaba simultáneamente en época romana, tanto al espectáculo en el que se representaba una batalla naval, como al edificio donde ésta se escenificaba, lo que nos sugiere la lucha que ha de emprender el poeta en su intento por renovar las formas.

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