En 1994 A. S. Byatt publicó el libro El genio en el ojo del ruiseñor compuesto de una colección de cinco historias, en las que el estilo ecléctico de la autora combina elementos reconocibles de los cuentos tradicionales, como una lámpara maravillosa, con una narrativa que escapa de la forma tradicional lineal. Se establece una vasta red de conexiones intertextuales a la vez que la línea entre ficción y realidad es deliberadamente difuminada.
Reseña sobre Luis Sepúlveda en periódico danés. Descargar pulse aquí Pulse aquí
Pedro Lastra (Chile, 1932). Poeta y crítico de literatura hispanoamericana. Profesor Emérito de la Universidad del Estado de Nueva York, Profesor Honorario de la Universidad de San Marcos de Perú y de la Universidad de San Andrés de Bolivia, ingresó como miembro de número en la Academia Chilena de la Lengua en 2011 y ganó el Premio Pedro Henríquez Ureña 2015. Concisos y justos en cuanto a contenido y forma, sus poemas poseen una regularidad rítmica de inusual consistencia. Cada palabra, salto y silencio está justificado en ellos. El hablante lastriano ofrece distintos tonos e intensidades en la construcción de sus imágenes, en las que registra diferentes experiencias. El exilio, la extranjería, las afinidades, la celebración de la amistad, el amor y la muerte son temas recurrentes en su poesía. Su obra poética está conformada por una serie de libros que en realidad son uno, al que suma y resta poemas únicos y selectos.
La película danesa Hævnen (En un mundo mejor) de la directora Susanne Bier ganó el Oscar como mejor película de habla no inglesa ayer domingo 27 de febrero de 2011. En un mundo mejor se muestran los efectos de la violencia entre generaciones. La historia va desde un campo de refugiados en África hasta la cotidianidad grisácea de una ciudad danesa de provincias. Las vidas de dos familias se entrecruzan y nace una extraordinaria, aunque arriesgada amistad. Pero la soledad, la fragilidad y la tristeza están esperando para aparecer. Muy pronto, la amistad se transforma en una peligrosa alianza y en una persecución desaforada con la vida en juego.

Inédito
¿El samurái debe carecer de miedo?
No.
El samurái debe poseer la cantidad exacta de miedo: ni tanto que le impida luchar ni tan poco que lo lleve a arriesgar su vida en vano.
Nadie conoce esa cantidad exacta.
El buen samurái finge que la conoce perfectamente.
Cuando en 1973 se expuso por primera vez en Madrid la emblemática obra de Juan Gomila, Cajasambiente, España empezaba a abrirse tímidamente a las corrientes artísticas internacionales. Aunque el informalismo de Tàpies y el grupo El Paso había supuesto el inicio de la modernidad pictórica, fue la generación contemporánea a Gomila la que comenzó a introducir el Pop y los movimientos figurativos de raigambre europea, que aquí fueron transformados en una versión crítica de la situación socio-política.
Cuando un fenómeno literario o estético logra una gran repercusión cultural, le sobrevienen epígonos por doquier. Todo el mundo quiere su pedacito de gloria, ya se sabe; incluso hay quienes, para conseguirlo, imitan sin pudor. Hasta este punto, no he dicho más que una perogrullada: cada ratón va por su queso. La cuestión se pone verdaderamente espinosa, sin embrago, cuando dicho fenómeno literario o estético se vuelve hegemónico. El prestigio que logra un determinado núcleo de autores y de obras resulta asaz contundente; de manera que, en lo sucesivo, no parece posible crear de una forma alternativa. Y esto ahoga, desde luego, cualquier exploración artística distinta. Algo parecido ocurrió con el "Boom" de la novelística latinoamericana.
Aunque hubo una gran pluralidad de estilos e inclinaciones en la narrativa de aquellos años 60 y 70, algunos rasgos generales predominaron en sus obras más emblemáticas. La búsqueda de la "novela total", por ejemplo; o la experimentación formal; o el rompimiento de la linealidad temporal. Trazas como éstas presuponen un atento trabajo de lectura; es decir, un esfuerzo para desentrañar los hilos del relato. También es cierto que ponen de manifiesto una vocación de trascendencia, una filiación de sus autores con la "alta cultura". Bueno, nada que objetar: estas características del "Boom" son tan válidas literariamente como sus opuestas. He aquí la nuez del asunto que quiero plantear.
La tarde que me encontré con la escritora argentina Esther Andradi, quien reside en Berlín desde hace muchísimos años, lo primero que se nos ocurrió, entre la emoción de conocernos en persona y compartir opiniones, fue visitar el lugar donde fue victimada Rosa Luxemburgo, la revolucionaria marxista que nació en Polonia en 1871 y murió en Alemania en 1919. Tenía mucho interés por saber algo más sobre ella, que es una de las mujeres emblemáticas del movimiento obrero internacional, cuyo compromiso político la enfrentó tanto al machismo patriarcal como al sistema capitalista.
Rosa Luxemburgo era hija de un comerciante maderero judío en un pequeño poblado de Polonia. Creció en Varsovia, egresó del colegio secundario a los 18 años de edad y asumió las posturas de la izquierda radical, que amenazaban con lanzarla a la cárcel. Entonces emigró a Suiza, donde prosiguió sus estudios universitarios. Su capacidad intelectual era tan prodigiosa que cursó simultáneamente filosofía, historia, derecho, política, economía y matemáticas en la Universidad de Zúrich.
Sus biógrafos aseveran que nació con un defecto congénito que marcó toda su vida. A la edad de cinco años, después de permanecer postrada en la cama por una dolencia en la cadera, quedó con una cojera permanente. Sin embargo, gracias a su fuerza de voluntad y temple de acero, se convirtió en una de esas niñas que, a pesar de las dificultades, se esfuerzan por sacarle ventajas a su inteligencia y sus garras de luchadora indomable. Y, aunque era delgada y menuda, con apenas un metro y medio de estatura, inspiraba natural admiración entre sus partidarios y adversarios políticos, de quienes se burlaba increíblemente, poniéndolos en ridículo con su rapidez verbal, su sentido del humor y su ironía a toda prueba. Por lo tanto, es fácil suponer que una discusión con ella era como enfrentarse a un temible torbellino de palabras e ideas capaces de desarmar a cualquiera.
Victoria Ocampo fue una de una las figuras más influyentes de la cultura Argentina del siglo XX. Rabiosamente cosmopolita, no solo dominaba el inglés y el francés, lenguas en la que aprendió las primeras letras, sino que además se mantuvo en la vanguardia, respecto a modas artísticas y literarias europeas, así como a los adelantos científicos y tecnológicos, gracias a los frecuentes viajes trasatlánticos que realizaba con su familia. Bautizada como Ramona Victoria Epifanía Rufina Ocampo nació en Buenos Aires en 1890 y murió en 1979. Era hija del ingeniero Manuel S. Ocampo y de Ramona Aguirre, quienes pertenecían desde la época de la independencia al llamado «poder culto», liberal y conservador que se afanaba por seguir los cánones ingleses y franceses. Entre la civilización y la barbarie, el viaje a Europa era una necesidad imperiosa para estas familias, que llegaban a París con las vacas, los aparejos y la servidumbre para permanecer por periodos de hasta dos años. Su prosperidad llamaba tanto la atención que el patronímico «argentino» equivalía a «rico» en el París de las primeras décadas del siglo XX.
Cuando nombran las divisiones del Tiempo los poetas crean personajes míticos, lo sabemos al abrir los diccionarios de mitologías. Leemos entonces que para los primitivos griegos las Horas no eran las divisiones del día sino del año, las tres hijas que Zeus tuvo con Temis, llamadas Eunomía (buen orden), Diké (justicia) e Irene (paz).
Para Homero ellas son las porteras del cielo. Con los siglos las tres Horas fueron identificadas a la Primavera, el Verano y el Invierno. Cuando se habló del Otoño y el solsticio de Invierno, es decir su parte más fría, la mitología creó dos nuevas Horas, Carpo y Talata, para velar por las frutas y las flores. Recordad carpe diem, aprovecha la oportunidad, cosecha la luz.
Por último cuando los griegos dividieron el día en doce partes iguales los poetas multiplicaron el número de Horas, llamándolas las doce hermanas... los modernos representamos las Horas con alas de mariposa...
Sí, nomás esta mañana se me ocurrió, vivimos cazando las Horas cual mariposas, y aquí es donde pensé en un filósofo criollo cantor, Juan Polo Cervantes, Qué tan lindo es pasear en Santa Marta en la tardecita por las orillas del Mar, mirando las aguas yo allí me puse a pensar: se me van las Horas, pero no me hacen falta...
Diario de la peste
Gonçalo M. Tavares
Traducción: Paula Abramo
21 de abril de 2020
La representación de la mujer en la literatura ha sido siempre una cuestión significativa en los movimientos feministas. Durante siglos se promulgaron en obras literarias universales, modelos y objetivos vitales apropiados de personajes femeninos. En este sentido, los cuentos de hadas clásicos se han considerado agentes claves de socialización y poderosos constructores de género, proyectando imágenes inamovibles de heroínas y héroes en concordancia con los discursos dominantes y hegemónicos.
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