La pertenencia de la literatura al campo de poder fortifica las impertinencias de la poesía. Aunque sean raras, como la medieval palabra aproche, tienen la gracia de la independencia, huelen a libertad, quiero decir: a los desafíos de esa quimera. Dos poetas cubanos impertinentes me ayudan a alimentar la autonomía de la metáfora sobre sus inexorables contextos, en especial sobre las desviaciones de la valoración estética que suele sufrir. La amistad entre ellos, fraguada entre coincidencias y divergencias, favorece la reflexión. Dar razones –por primera vez-- de tal imagen, subraya la evidencia de que la galaxia de seis 1 estrellas que girara alrededor de las revistas Espuela de Plata y Orígenes 2 brillan cada una con su propia energía.
Hace unos años enuncié algunas proximidades y lejanías, bajo la consideración de que ellos dos son los más cercanos dentro de la galaxia. 3 Hoy trataré de ahondar en algunos aspectos donde parece haber comunión y en otros donde quizás se distancien. Los puntos de contigüidad comienzan por la admiración sin par que Gastón le profesa a Lezama, desde que leyera en una modesta revista llamada Compendio el poema titulado “Discurso para despertar a las hilanderas”, en La Habana de 1935 o 36. Entre infinidad de testimonios de todo tipo que dan fe de aquella amistad siempre fiel baste recordar que fue Gastón quien primero escribiera sobre la poesía de Lezama, en artículo publicado en el periódico El Mundo, a página entera, con retrato de Lezama por Portocarrero, en 1942. O que fue Gastón quien le consiguiera el traslado de la Prisión de La Habana en el Castillo del Príncipe, donde ejercía como abogado, para la Dirección de Cultura del Ministerio de Educación, en 1945. O que cuando compilé las crónicas y artículos que publicara Lezama en el Diario de la Marina entre septiembre de 1949 y marzo de 1950 descubrí que el pago lo había efectuado Gastón de su propio bolsillo, información que me obligó a quitar del prólogo pues su “cuenta” con el amigo era estrictamente privada. 4 Pero el símbolo más exacto de la hermosa relación entre ellos fue el soneto que le escribiera en 1976, cuando recibe en el exilio madrileño la noticia del fallecimiento:
Resumen de la presentación de Jan Gustafsson durante el Festival de Literatura de Copenhague de 2015
Jan Gustafsson
Nace en un pueblito danés y desde joven se interesa por otros mundos, reales e imaginados. Estudia filología hispánica, viaja a España y América Latina, y termina por asentarse en Cuba durante un lustro para él definitivo. A su regreso a Dinamarca, se dedica a la enseñanza, la traducción y las letras. Ha publicado dos novelas: Havana Moon y Sommerfuglens skrig (El grito de la mariposa). Es profesor de estudios latinoamericanos de la Universidad de Copenhague.
Este texto-crónica-ensayo-poema sobre la experiencia del escritor guatemalteco Javier Payeras, con motivo de su visita a Copenhague para participar en el IV Festival de Literatura en español de Copenhague del año 2015.
“Copenhagen, you're the end”
Scott Walker
Toda la historia se cuenta sola.
Una imagen.
Algo recogido de la realidad para que no duela al perderse.
El sol negro del Mar Báltico.
Aves que giran como peces.
Nube que detiene la tarde y congela su breve luz.
Caminar sobre el agua.
El presente tan intenso. Este lugar. Este ahora y no verlo morirse.
Pero toda la vida se derrama en un día o en una hora o en un minuto.
Vencer la muerte a ratos. Ser testigo del deterioro.
*
Aquellos edificios son piedras. Frío justo y lluvia. La escritura marca el nivel del mar.
Casas de ladrillo. Casas de Lego. Banderas danesas.
Nada es translúcido. Todo lo cubren ladrillos. Esa es la máscara.
*
César Moro y su obra poética
César Moro es un gran poeta, para mí uno de los mejores del mundo de habla castellana en este siglo, y un gran pintor poco difundido y mal conocido: de ahí la importancia de la excelente muestra de su obra pictórica presentada por el Centro Cultural de España que
Después de leer la novela Pedro Páramo de Juan Rulfo me quedó el recuerdo de unas voces que aparecían y se iban, a veces desvaneciéndose, siempre en forma de murmullos, para contar la historia del hombre que le da el título al libro, un feudal a cuya voluntad viven otros personajes dispersos en el campo o concentrados en un pueblo de sus dominios, y la historia de todos ellos. Puedo evocar el argumento y las imágenes de sus anécdotas, pero tras cada lectura me quedan tanto la representación que me hice de los protagonistas como las frases que sirvieron para describirlos. O de los murmullos, que es lo que más recuerdo. Las veces que he tratado de descubrir el origen de ese efecto caigo de nuevo en él, desde el comienzo: “Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo. Mi madre me lo dijo”.
INTRODUCCIÓN
El filósofo y filólogo francés Ernest Renan nos advirtió que una nación debe saber recordar si quiere existir. Renan pronunció una histórica conferencia el 11 de marzo de 1882 en la Sorbona que quiero citar parcialmente para enmarcar este ejercicio en lo que él, Renan, llamara “la reinvención cotidiana de la nación”, y en esa oportunidad afirmó:
“Una nación es alma, un principio espiritual. Dos cosas que no forman sino una, a decir verdad, constituyen esta alma, este principio espiritual. Una está en el pasado, la otra en el presente. Una es la posesión en común de un rico legado de recuerdos; la otra es el consentimiento actual, el deseo de vivir juntos, la voluntad de continuar haciendo valer la herencia que se ha recibido indivisa. El hombre, señores, no se improvisa. La nación, como el individuo, es el resultado de un largo proceso de esfuerzos, de sacrificios y de desvelos. El culto a los antepasados es, entre todos, el más legítimo; los antepasados nos han hecho lo que somos. Un pasado heroico, grandes hombres, la gloria (se entiende la verdadera), he ahí el capital social sobre el cual se asienta una idea nacional. Tener glorias comunes en el pasado, una voluntad común en el presente, haber hecho grandes cosas juntos, querer seguir haciéndolas aún, he ahí las condiciones esenciales para ser un pueblo. Se ama en proporción a los sacrificios que se han consentido, a los males que se han sufrido. Se ama la casa que se ha construido y que se traslada. El canto espartano: ‘Somos lo que ustedes fueron, somos los que son’, es en su simplicidad el himno abreviado de toda patria…
Conferencia dada por el escritor Alejandro José López, PhD. y Profesor Asociado Universidad del Valle durante el V Festival de Literatura en español de Copenhague, el 28 de septiembre de 2017.
Crecimos admirando el Boom latinoamericano. Quienes vivimos en condición de lectores la segunda mitad del siglo XX, frecuentamos con gran entusiasmo novelas tan emblemáticas como “La región más transparente” (1958) de Carlos Fuentes, “La ciudad y los perros” (1963) de Mario Vargas Llosa, “Rayuela” (1963) de Julio Cortázar, “Cien años de soledad” (1967) de Gabriel García Márquez, o “El obsceno pájaro de la noche” (1970) de José Donoso. Estos autores nos deslumbraron y sus opiniones fueron seguidas con gran interés en Latinoamérica, en los Estados Unidos y también en otras latitudes. No obstante, aunque dichas obras maestras de nuestra narrativa ―entre otras― iluminaron el panorama literario de la lengua española, también es cierto que produjeron un efecto de eclipse sobre otra novelística escrita simultánea o posteriormente en esta región. Bien es sabido que los narradores del Post-boom tuvieron, desde el inicio de sus carreras, enormes dificultades para legitimarse culturalmente. En este orden de ideas, estudiar la novelística latinoamericana de la segunda mitad del siglo XX implica realizar una mirada contrastiva entre lo que ha dado en llamarse Boom y Post-boom en nuestra literatura.
Ponencia completa del escritor colombiano Pablo Montoya Campuzano, realizada durante el V Festival de Literatura en español de Copenhague, el día jueves 28 de septiembre de 2017 en las instalaciones de la Universidad de Copenhague.
La literatura es invención y reescritura de los mitos. El escritor francés Michel Tournier aireó el de Adán y Eva en su cuento “La familia de Adán”. En él se dice que el primer hombre fue un hermafrodita. Una curiosa criatura que no solo vivía feliz en su jardín, sino que además vivía dichosa consigo misma. Tournier, en este punto, toca uno de los temas más candentes de la historia de las utopías: el de la felicidad sexual donde no existe el otro, o donde existe pero como experiencia de la plenitud. El Adán de Tournier, como es un hombre y no un dios, se hastía muy rápido de su onanismo y le pide a su padre una compañía. Pero a este Adán, tipo de exiliado que se presenta a veces, cuando es expulsado, no le da nostalgia por su jardín perdido. ¿De qué podría sentir nostalgia, si él ha sido hecho con el mismo polvo de la tierra por donde camina y de la cual vive? Se piensa con frecuencia que Adán es una suerte de proscrito, un fugitivo miserable que se la pasa añorando su Edén en medio de trabajos agobiantes. Tournier, no obstante, muestra otra cosa. Su Adán se siente en el desierto como pez en el agua. Se apasiona por la aventura y los horizontes lejanos son una invitación al conocimiento de la diversidad. Y como Dios le ha hecho el gran favor de extirparle sus pertrechos femeninos, Adán recorre con soltura los nuevos caminos que moldean su devenir. Quien siente nostalgia del Paraíso, en realidad, es Eva. La mujer fundacional no cesa el llanto y piensa a todo instante que algún día volverá al sitio donde conoció los besos de Adán, el sabor de las frutas, el olor de las mañanas y las noches, y el misterio de las músicas primigenias, en caso de que se piense que su compañero fue un tocador de arco o de algún cuerno o de una flauta de hueso.
P es por el paso del tiempo. También por el paso secreto que conduce fuera del tiempo,
a la quietud que todavía no es, sin nombre, el paso que conduce al lugar de nacimiento de los poemas.
“El alfabeto del poeta”
Mark Strand
a.
“Un poeta es alguien que, sin ser escritor, escribe”. Este pensamiento, que muchos ponen en textos de Jean Cocteau, describe para mí la paradoja que signa el trabajo del escritor de versos, quien más desde el silencio que desde la palabra, más desde el enigma que desde la certeza, persevera para alcanzar su máxima expresión. El poeta no encuentra la armonía; la armonía encuentra al poeta. Por eso, más sorprendente que el texto “acabado” —un texto no se termina, se deja—, confieso mi constante asombro por el misterio que asiste a su creación. La poesía no tiene horario: la poesía se escribe no cuando uno quiere/ sino cuando ella –la poesía– quiere/ dicen.
Cuentos sin hadas / Omvendte eventyr
Sergio Laignelet
Poesía
Español / Danés
Forlaget Editorial Aurora Boreal®, Copenhague
ISBN 978-87-970038-0-0
Páginas 63
Traduccíón al danés Helge Krarup
2017
Los cuentos que llevamos hasta la orilla de nuestros hijos e hijas son esa versión preventiva del mundo que quiere asombrarles y agradarles con la fantasía encapsulada en la imaginación popular pero también informarles de las conductas que desatan el peligro. Sin embargo, esos cuentos infantiles son hoy en día una reconstrucción infantilizada y segura de los originales surgidos de la tradición oral recopilada, reescrita o inventada por autores como Perrault, los hermanos Grimm, Afanásiev o Hans Christian Andersen. En ese sentido el poemario de Sergio Laignelet, Cuentos sin hadas, es una vuelta a la tradición popular, al origen de la información sin filtros de la naturaleza humana más inquietante. Un libro para quien desee un vistazo en nosotros, y en sí mismo, intenso y macabro sin dejar de ser bello y seductor en su reinterpretación del folclore de los cuentos. Con un lenguaje codificado en la combinación entre fantasía y poesía que nos lleva al mundo de las fábulas de la infancia, pero esta vez para devolvernos a las advertencias originales que estaban en estos relatos, ahora tamizadas por el ojo de la experiencia moderna, otra vida despiadada, un nuevo tiempo que rodea todo lo que somos.
Resumen de la presentación de Claudio Cifuentes-Aldunate durante el Festival de Literatura de Copenhague 2015.
Claudio Cifuentes-Aldunate: Es chileno de origen y danés por adopción, es Docteur ès Lettres por la Universidad de Friburgo, Suiza. Ha vivido en Europa desde 1978: Italia, Suiza y finalmente Dinamarca, donde es profesor titular de Literaturas y culturas iberoamericanas. Ha escrito numerosos ensayos y artículos de crítica literaria, pictórica y cinematográfica, siempre con un enfoque estético-semiótico. En el ámbito de la creación ha incursionado tanto en la prosa como en la poesía.
Tú no conocerás el miedo ni los platos de hojalata...
Alguien te hablará de los tiempos oscuros.
Jorge Díaz. “Toda esa larga noche”.
Al término de la Segunda Guerra Mundial, 1945, la división crucial en la que se vieron inmersas las naciones del mundo fue un momento cúspide para lo que sería el desarrollo histórico en la segunda mitad del siglo XX. La polarización de las dos fuerzas políticas y económicas como fueron el capitalismo y el comunismo llevó a los países a circunscribir sus ideologías, dinámicas sociales, políticas y económicas dentro de uno u otro de los dos países que conformaban estos frentes: la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas y los Estados Unidos de América. Esta situación dio inicio a la Guerra Fría e instó a los países a nivel mundial a tomar partido por alguna de estas dos fuerzas de poder.
El surgimiento de estos dos grupos de poder a nivel mundial ocasionó que en los países latinoamericanos se manifestaran choques sobre las vías que debían implantar los gobiernos, es decir alinearse a ideologías capitalistas o socialistas. Esta situación creó dos frentes de poder que luchaban por un mismo fin pero con diferentes concepciones de la realidad latinoamericana, mientras el gobierno optaba por la soberanía nacional ayudados por la potencia capitalista, Estados Unidos de América, las guerrillas luchaban por sus ideales patrióticos a través del socialismo, fundamentado en las revoluciones sociales surgidas en el siglo XX como fueron la Revolución Mexicana (1910), Rusa (1917), Cubana (1959) y Nicaragüense (1979).
¿Cómo un aforismo de Elías Canetti pudo servir de leitmotiv para la escritura de un cuento? ¿Qué relación establezco entre un aforismo –frase que sugiere pauta-- y un leitmotiv –motivo central, tema dominante de alguna obra musical o literaria--? ¿Puede mostrarse que una parte significativa –por no decir decisiva-- de las obras de arte literario se inspiran en otras obras y no en sucesos de los llamados reales; aunque tan real sea la llamada Sonata Facile (No.16, K 545) de Mozart, como la agobiante situación económica del genial músico cuando la compuso?
El aforismo de Elías Canetti --“Sólo cuenta el saber oscilante”-- aparece en sus últimos Apuntes (1992-3) y él mismo puso oscilante en cursivas para resaltar su carga de ironía y desenfado, de atrevimiento y sugerencia. Su principal editor al español --Mario Muchnik-- no exagera en la nota de solapa cuando lo caracteriza como un “gran solitario inadaptado”. Y señala que “este libro póstumo ha de leerse como el legado de un hombre familiarizado con muchos mundos, el de los mitos y literaturas de todo el planeta, pero también el de nuestra actualidad, que él analiza, interroga y condena con mirada fría y a la vez compasiva”. Esa mirada del autor de la novela Auto de fe llegó a mis libretas de apuntes en forma de citas, paráfrasis y comentarios. Su re-creación de oscilar se convirtió en uno de mis lemas. Dio pie –leitmotiv— a varios proyectos, entre ellos el cuento que aquí incluyo.
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