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Ensayo

Copenhague

javier payeras 251Este texto-crónica-ensayo-poema sobre la experiencia del escritor guatemalteco Javier Payeras, con motivo de su visita a Copenhague para participar en el IV Festival de Literatura en español de Copenhague del año 2015.

 

“Copenhagen, you're the end”
Scott Walker

 

 

 

Toda la historia se cuenta sola.
Una imagen.
Algo recogido de la realidad para que no duela al perderse.
El sol negro del Mar Báltico.
Aves que giran como peces.
Nube que detiene la tarde y congela su breve luz.
Caminar sobre el agua.
El presente tan intenso. Este lugar. Este ahora y no verlo morirse.
Pero toda la vida se derrama en un día o en una hora o en un minuto.
Vencer la muerte a ratos. Ser testigo del deterioro.

 

*

 

Aquellos edificios son piedras. Frío justo y lluvia. La escritura marca el nivel del mar.
Casas de ladrillo. Casas de Lego. Banderas danesas.
Nada es translúcido. Todo lo cubren ladrillos. Esa es la máscara.

 

*

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La Habana para un Castro difunto

antonio moreno 259Para Ivet Kamar. Por el sabor del café.
Las constelaciones y el aroma del mediterráneo.

 

De Ciudad de México a Cancún. El avión aterrizó a medio día.

Como tenía que esperar cuatro o cinco horas para hacer la conexión con Cubana de Aviación, deambulé por los alrededores; de modo que recordé imágenes de hacía 10 años, cuando siendo un adolescente, en un viaje de estudios, visité este espléndido lugar para los sedientos del sol, playa y safaris nocturnos. La más atractiva de ellas fue la noche que, caminando por el malecón, divisé las luces titilar desde la capital isleña. Quedé empapado.

Si la humedad era insoportable aquí, me dije, en este lugar tan concurrido por cardúmenes de turistas del mundo entero, no quise imaginarme lo que podría registrar el termómetro en La Habana, casi a finales del mes de marzo, el anticipo del verano más frankenstein de 1997, pleno de confusiones y asombros. Mi vuelo estaba programado para las 20:00 horas. Ni los sextantes, ni las gitanas quirománticas, tampoco las bolas de cristal habrían revelado que mi arribo coincidiría con la llegada de los restos mortales del Che Guevara. Eso, para empezar, ya era mucho.

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Quiero ser árbol

anne marie berglund 251La literatura es una premonición,
uno escribe sobre su futuro.
Anne-Marie Berglund.

 

 

 

 

Desde su debut la poeta sueca Anne-Marie Berglund ha llamado la atención por su original universo poético. Una voz propia y particular en la literatura moderna de Suecia.

Anne-Marie Berglund nació en 1952 en Finlandia de padres sueco-finlandeses que se trasladaron a Suecia cuando tenía cuatro años. Los bosques suecos fueron el ambiente donde creció la poeta, pero ya desde joven tenía un anhelo de liberarse de los lazos familiares y del triste ambiente de la casa. En su juventud vivió dos años en Francia donde empezó a escribir y durante toda su vida ha vuelto a este país. De hecho, muchos de sus cuentos se desarrollan en París, ciudad que indudablemente le ha dado mucha inspiración.

Berglund debutó en 1977 con el libro de poemas Luftberusningen (La embriaguez del aire) el cual llamó mucho la atención por la fuerza y sensualidad de su lenguaje poético y por su estilo audaz y auto revelador. Los críticos suecos la han comparado con la gran poeta modernista finlandesa Edith Södergran (1892-1923), entre otras cosas por la pasión común por Nietzsche y por su visión dionisíaca.

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Un 'aproche' a dos poetas

jose prats sariol 56 250La pertenencia de la literatura al campo de poder fortifica las impertinencias de la poesía. Aunque sean raras, como la medieval palabra aproche, tienen la gracia de la independencia, huelen a libertad, quiero decir: a los desafíos de esa quimera. Dos poetas cubanos impertinentes me ayudan a alimentar la autonomía de la metáfora sobre sus inexorables contextos, en especial sobre las desviaciones de la valoración estética que suele sufrir. La amistad entre ellos, fraguada entre coincidencias y divergencias, favorece la reflexión. Dar razones –por primera vez-- de tal imagen, subraya la evidencia de que la galaxia de seis 1 estrellas que girara alrededor de las revistas Espuela de Plata y Orígenes 2 brillan cada una con su propia energía.

Hace unos años enuncié algunas proximidades y lejanías, bajo la consideración de que ellos dos son los más cercanos dentro de la galaxia. 3 Hoy trataré de ahondar en algunos aspectos donde parece haber comunión y en otros donde quizás se distancien. Los puntos de contigüidad comienzan por la admiración sin par que Gastón le profesa a Lezama, desde que leyera en una modesta revista llamada Compendio el poema titulado “Discurso para despertar a las hilanderas”, en La Habana de 1935 o 36. Entre infinidad de testimonios de todo tipo que dan fe de aquella amistad siempre fiel baste recordar que fue Gastón quien primero escribiera sobre la poesía de Lezama, en artículo publicado en el periódico El Mundo, a página entera, con retrato de Lezama por Portocarrero, en 1942. O que fue Gastón quien le consiguiera el traslado de la Prisión de La Habana en el Castillo del Príncipe, donde ejercía como abogado, para la Dirección de Cultura del Ministerio de Educación, en 1945. O que cuando compilé las crónicas y artículos que publicara Lezama en el Diario de la Marina entre septiembre de 1949 y marzo de 1950 descubrí que el pago lo había efectuado Gastón de su propio bolsillo, información que me obligó a quitar del prólogo pues su “cuenta” con el amigo era estrictamente privada. 4  Pero el símbolo más exacto de la hermosa relación entre ellos fue el soneto que le escribiera en 1976, cuando recibe en el exilio madrileño la noticia del fallecimiento:

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¿Qué pedo con Bob?

bob dylan 250Per Wätsberg consideró su silencio más que un desplante. Ese mismo silencio que hacía eco por todos lados una vez que la noticia del premio le dio la vuelta al mundo entero, hasta entumecer a los apostadores más gárrulas y poner en evidencia a los críticos literarios menos progres, le impedía percibir el verdadero mensaje de Bob Dylan (1941), nacido en Minnesota y registrado como Robert Allen Zimmerman, que un compositor y cantante como él, de jipi en conserva, le arrebatara el Nobel de Literatura a novelistas y poetas consagrados como Alí Ahmad Said Esber (Adonis), Philip Roth o a Ngugi wa Thiongo. Un hecho inesperado que no sólo podía ser interpretado como la reivindicación de un género popular, sino como la impugnación hacia la política del canon occidental, las redefiniciones de lo que es una obra de arte y las escaramuzas alrededor de lo que se llama literatura.

Mientras se sedimentaba ese silencio entre propios y extraños, en uno de los armarios de la Academia Suecia brotaba un hedor repugnante ligado al chivatazo y el acoso sexual sistemático. No era para menos, el depredador estaba en casa: el escritor francés Jean-Claude Arnault, casado con Katarina Frostenson. El escándalo empezó a crecer como una ola y de inmediato hizo mella entre la mayoría del círculo sagrado, conocido como De Anderton, es decir, los dieciocho integrantes vitalicios de la institución que eligen a los galardonados para el Nobel de Literatura. Algunos de ellos presentaron su renuncia, en tanto que la prensa sueca señalaba directamente al responsable: el esposo de Katarina Frostenson, miembro vitalicio de la academia, a quien se le acusaba aparentemente de ser el responsable de filtrar a las casas de apuestas los nombres de los galardonados con mucho tiempo de anticipación: Elfriede Jelinek, Harold Pinter, J.M.G. Le Clézio y Patrick Modiano. Posteriormente, las mujeres agredidas por Arnault revelaron a la prensa sus testimonios, por lo que Frostenson tuvo que renunciar a su cargo. De ese calibre era el culebrón que padecía la generosa e inmaculada Academia Sueca, y para entonces, cuando Bob Dylan fue ungido con el Nobel, aún no salían por completo los trapitos al sol. Después de Dylan, premiaron a Kazuo Ishiguro y, finalmente, los académicos decidieron limpiar la casa a fondo para no quedar ante el mundo como una vulgar pandilla de solapadores, declarando desierto el premio en 2018. Era entendible que Per Wätsberg calificara la actitud del flamante premio Nobel de Literatura 2016, el ya mítico Bob Dylan, propia de un tipo maleducado y arrogante, cuando sus palabras verdaderamente trataban de espantar, con impotencia, no la indiferencia del cantante sino la verdadera tormenta que se les avecinaba a los integrantes vitalicios de la Academia Sueca.

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