Adelaida Fernández Ochoa - Premio de Novela Casa de las Américas 2015

adelaida fernandez 250Un canto al amor y a la libertad

Una visión estremecedora y libertaria, en la voz de los esclavizados Nay y Sundiata de Gambia, madre e hijo, anima la bella urdimbre poética de La hoguera lame mi piel con cariño de perro de Adelaida Fernández Ochoa, novela ganadora del premio Casa de las Américas 2015. Egresada de la licenciatura en Lenguas Modernas de la Facultad de Humanidades de la Universidad del Valle. Sobre la génesis de la novela y el proceso de creación concedió este reportaje especial para La Palabra.

 

 

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Por fin se salda una vieja deuda de la novela colombiana con la mujer negra esclava. Ahora si desempeñando un papel protagónico. Después de casi siglo y medio de la publicación de María en 1867, la escritora Adelaida Fernández Ochoa, nacida en Cali y criada en Palmira, -en los mismos territorios reales e imaginarios que inspiraron a Jorge Isaacs–, imagina y escribe la novela de Nay, la nana de María, aquí dueña de si misma y contándonos ese mundo desde su mirada libertaria. La hoguera lame mi piel con cariño de perro nos adentra en la rebeldía y el cimarronaje de los esclavos de las haciendas del valle del río Cauca en el siglo XIX, en medio de la guerra de los Supremos liderada por el general José María Obando. Este trasfondo histórico, dominado por las sublevaciones de los esclavos con las cuales se identifica Nay, influencia sus acciones y determina su carácter y tenacidad para alcanzar la libertad. Vive a plenitud y conciencia los acontecimientos de su época. La mueven en todas sus horas el amor, bálsamo para enfrentar el dolor, la perdida y el exilio, y para ir poco a poco urdiendo su viaje de regreso al África con su hijo Sundiata.

Ocuparse de la mujer esclava era un tema que rondaba en la cabeza de Adelaida desde cuando la conocí hace algunos años siendo alumna de la maestría en Literatura Colombiana de la Universidad Tecnológica de Pereira. Me abordó al final de mi conferencia inaugural en esta maestría sobre Manuel Zapata Olivella. Me habló de su propósito de investigar la representación de la mujer negra en la novela colombiana y con delicada timidez me pidió que aceptara la orientación de su trabajo. Desde ese momento, como lo recordamos ahora que la visito en su casa cerca de Circasia camino a Pereira, en compañía de su esposo, el profesor de filosofía José Reinel Sánchez, comenzó a entusiasmarse con la idea que le sugerí en nuestros primeros encuentros: contar el universo de María desde la mirada de Nay. Su tesis, Presencia de la mujer negra en la novela colombiana, defendida y laureada en el 2011, significó un ejercicio de inmersión en el mundo de las esclavas. De este trabajo salió convencida de la falta de autoras para ocuparse de la presencia de la mujer negra en la novela colombiana. Ya estás lista para escribir la novela de Nay, le dije, pues no sólo tenía avanzada la investigación, como también ya era poseedora de un hábil y acertado manejo narrativo de la primera persona, exhibido en su obra prima, Que me busquen en el río (2006). Una novela desgarradora, dotada de gran aliento poético, sobre sus experiencias como maestra en Trujillo en los tiempos de las matanzas que estremecieron a este municipio del Valle del Cauca. Adelaida se decidió apenas acabó su tesis y como ejercicio me mandó algunos relatos breves contados por las esclavas de las novelas que había estudiado. Tiempo después me compartió un fragmento de la novela en ciernes y, al leerlo, sentí esa dicha indecible cuando otro cristaliza una idea compartida. Recuerdo que compré dos ejemplares en La Habana de la novela de Maryse Condé, Yo Tituba, uno para Adelaida, pensando en modelos que le dieran luces para su proyecto. De esto y otros libros compartidos hablamos ahora que su paciente y amorosa dedicación ha merecido el premio de novela Casa de las Américas 2015. Estamos muy emocionados, pues ambos sabemos lo que significa este triunfo poético para nuestra literatura: darle voz y reconocimiento al aporte de los africanos, en especial a las mujeres de ese origen, en la construcción de la nación colombiana.

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Cuando era muy niña, mi mamita, Adelaida Uribe se llamaba, me hablaba de María, como si hubiera sido una vecina suya, como si la hacienda El Paraíso hubiera sido muy próxima a ella. Era un mundo alrededor de Palmira y Pradera, donde mi bisabuelo tuvo una hacienda muy grande que se llamaba La Aurora y donde mis abuelos escuchaban de la tradición oral la historia de los dos enamorados. La persona que más me orientó hacia el mundo de los esclavos, de la nana negra de María, fue mi papito, Marco Tulio Fernández, él siempre me decía: "yo que te alimenté con estas tetas negras", así me inculcó la conciencia de que yo era negra. Estos recuerdos emergen muchos años después cuando estoy escribiendo la novela, reflexiona Adelaida, y fueron vitales porque me ayudaron a sentir mi identidad con Nay. Sin esa identidad no hubiera podido escribir La hoguera lame mi piel con cariño de perro. Por eso me propuse conocer ese mundo hasta conseguir intimidad con esa geografía humana y física en la cual vivieron los personajes de la novela.

 

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adelaida fernandez 350Para escribir La hoguera seguí los senderos abiertos por mis maestros Manuel Zapata Olivella en Changó, el gran putas y Roberto Burgos Cantor en La ceiba de la memoria, confiesa con la sencillez y dulzura que la caracterizan. También leí y releí con la atención del oficio novelas como Beloved de Toni Morrison y vi varias veces la bella adaptación al cine con Oprah Winfrey en el papel de Sethe; Yo Tituba de Maryse Condé y Fe en disfraz de Mayra Santos. Me ayudaron mucho estas lecturas. Me propuse desde un comienzo recrear la subjetividad de Nay y en mucho me iluminaron Agnes Brown, Analia Tu-Bari, Sethe, Tituba y Fe Verdejo, protagonistas de las novelas mencionadas. En La hoguera lame mi piel con cariño de perro Nay es dueña de si misma, de sus pasiones, de sus ansias y del goce de su cuerpo. Administra el huerto y la lechería de la hacienda Santa Ruda de su amo de origen judío, Ibrahin Sahal, y con él negocia sus intereses en medio de su relación carnal, espacio a través del cual obtiene cierta autonomía en su condición de esclavizada. Por eso puede ir a la guerra como enterradora y curandera, siempre preguntando por Sinar. Una búsqueda que la obsesiona. Adelaida dice que hilvanó su novela a partir de pautas e indicios poco o nada valorados en María y de los cuales se valió para armar otra ficción radicalmente diferente, con otra mirada de la historia del siglo XIX y el contexto de la hacienda patriarcal esclavista en disolución. La sensibilidad de Nay es la que da cuenta del paisaje, la vida de las gentes, los dramas de la guerra y todas las peripecias de los esclavos por cambiar con su libertad ese mundo. En vez del paisaje idílico de María en mi novela no hay rosales ni perfumes sino una naturaleza agreste y hostil que clava sus espinas en las personas y contra la cual luchan mis personajes. Por eso quise rescatar visiones como la de Agustín Codazzi, quien en un valioso testimonio decía que el camino entre Palmira y Cali era el más difícil, selva de palmeras, fangales, grandes humedales, piaras de cerdos y en medio los palenques de los negros. Igual contraste, continua Adelaida, se da entre el erotismo vivido por María y Efraín y el de Nay con todas las libertades para gozar de su cuerpo. Una vuelta completa de la visión patriarcal del mundo.

Nay y su hijo Sundiata sienten orgullo de su identidad africana y no de los nombres conferidos por el amo, Feliciana y Juan Ángel. Participan de otros horizontes, animados por las rebeliones de los esclavos en esos tiempos, y por la tenacidad y pasión con la cual Nay busca sin éxito a su amado Sinar, cometido que le depara otro amor, el del guerrero cimarrón Candelario Mezú, quien la ayuda en la infructuosa búsqueda. El encuentro de otro amor en su indeseable exilio no desanima a Nay de su indeclinable anhelo de volver a su aldea natal en Gambia, África. Nay se empeña en conservar su identidad africana y se aferra a su lengua para mantenerla. Es el wólof hablado en su aldea natal. Adelaida cuenta sobre los estudios que adelantó sobre ésta lengua africana. Durante varios meses, con la ayuda de una gramática y un diccionario de los Cuerpos de paz de Gambia, me dediqué a aprenderla para poder traducir los cantos de Nay en su lengua. La dulzura de las melodías en wólof encantan a María y a su hijo Sundiata. Algún día, guardo la esperanza de conocer algún nativo de esa lengua que corrija mis traducciones.

 

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La luminosa metáfora del regreso al África me surgió de la lectura de María desde el mundo de los esclavizados. Me propuse superar la interpretación canónica imperante en la cual la presencia de los esclavos está perdida y no tienen protagonismo. Ahora soy consciente de que mi novela hace parte de ese movimiento iniciado en el Primer Simposio Internacional Jorge Isaacs: el creador en todas sus facetas (2005), organizado por la Escuela de Literatura de la Universidad del Valle, y de muchos estudios desde la historia y la antropología aparecidos desde los años setentas. Visibilizar a Nay y su mundo fue unos de los temas que más me entusiasmaron de ese Simposio. Muchos historiadores, antropólogos, viajeros y novelistas me sirvieron para recrear la intimidad de estas vidas, sus pequeñas y grandes luchas y el mundo espiritual que fueron configurando lejos del África natal. A diferencia de María, donde apenas si se sugiere el abolicionismo, la resistencia y las luchas libertarias de los esclavos son el asunto central en la trama de La hoguera lame mi piel con cariño de perro. Sus fugas y la conformación de los palenques constituyó un gran cambio de paradigma interpretativo en los estudios acerca de la esclavitud en la historiografía de países como los Estados Unidos, Cuba, Brasil y Colombia. Y de esta perspectiva eché mano para escribir la novela de Nay.

La hoguera... encierra una extraordinaria visión de las luchas de los esclavizados, su resistencia y el cómo enfrentaron la brutalidad del sistema esclavista, cargada de una poderosa fuerza poética porque Nay es una esclava letrada. Me ayudó mucho la vida de la esclava norteamericana, Harriet Tubman, cuya inteligencia le permitió acceder a la lectura y a la escritura, potente medio para su participación en esa acción libertaria que fue el "Ferrocarril subterráneo". De ella tuve las primeras noticias cuando leí Changó, el gran putas y me puse a investigar sobre esta extraordinaria mujer. Las ideas sobre el valor de la libertad que tiene Nay provienen de Harriet Tubman. Yo quería además de ilustrar el poder indómito de los esclavos, afirmar su iniciativa humana en circunstancias extremadamente adversas. Por eso Nay, como les inculcaba Harriet Tubman a los esclavos norteamericanos, no temió nunca a la muerte en su lucha por la libertad. Con voz emocionada y firme, Adelaida concluye: Mi novela es un canto al amor y a la libertad.

 

Sobre Darío Henao Restrepo
dario henao 350Director de La Palabra, periódico cultural de la Universidad del Valle publicado para la Región. Profesor titular de la Escuela de Literatura de la Universidad del Valle, fue Decano de la Facultad de Humanidades y Director del Grupo de investigación Narrativa colombiana, la revista Poligramas, el Simposio Internacional Jorge Isaacs y el Centro Virtual Isaacs, portal cultural del Pacífico colombiano. Es autor de los libros La unidad diversa, Jorge Isaacs: el creador en todas sus facetas, Lo fáustico en la narrativa latinoamericana y África está aquí. Representación de los negros en la narrativa colombiana. Además dirige la Colección Clásicos regionales dedicada a la publicación de autores del Pacífico colombiano de la revista La Palabra

Un canto al amor y a la libertad enviado por Darío Henao Restrepo a Aurora Boreal®. Publicado en Aurora Boreal® con autorización de Darío Henao Restrepo. Publicado originalmente en La Palabra No. 24, No. 257, marzo de 2015. Fotos Adelaida Fernández Ochoa © cortesía de Darío Henao Restrepo. Foto Darío Henao Restrepo © Darío Henao Restrepo.

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