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Testamento de un hombre de negocios

luis_fayad_005Lea el primer capítulo de la última novela de Luis Fayad Testamento de un hombre de negocios

Capítulo I
El encargo de mamá...

---Las casas de ese barrio son muy parecidas y a cualquier hora es difícil distinguirlas, pero a la que tienes que ir queda a mitad de la calle cuarta, donde hay muchas zapaterías. No es lejos de tu colegio, tú conoces.
---Sí, mamá.
---Te aseguras con un número que voy a darte. No lo escribes, te lo aprendes de memoria. ¿Me estás oyendo, Jacinto?
---Oigo muy bien, mamá.
---Yo te digo el número y tú lo repites. Frente a la casa hay un árbol de eucalipto y al lado una tienda. No creo que te equivoques.
---Claro que no, mamá.
---No estés tan seguro, es mejor que retengas las indicaciones.
---Ya las conozco, mamá.
---Ni siquiera las has oído, Jacintico, deja la prisa y pon atención.
---Es cierto, mamá.
---¿Qué es lo que es cierto? ¿Por qué no quieres oír?
---Ya sé lo que vas a decirme.
---Tú de esto no sabes nada, tu papá me pidió que te lo dijera yo misma.
---Lo sé por Lucio, el hijo de don Lucio.
---No creo que se trate de lo que voy a decirte, Jacinto, este asunto es muy delicado.
---Es lo mismo, mamá, yo sé de qué casa y de qué tienda me hablas.
---Si hablamos de la misma me parece muy mal que lo sepas por Lucio, hablar de esa tienda está prohibido, iba a advertírtelo al final pero te lo advierto desde ahora.
---También lo sé, mamá, Lucio me lo advirtió.
---¿Lucio lo sabía y sin embargo hizo lo contrario?

---Si él me cuenta algo a mí es como si no se lo contara a nadie, y es lo mismo si yo le cuento algo a él.
Luis Fayad nació en Bogotá en 1945. Durante los años escolares se desempeñó como guionista en teatro, televisión y radio. En los años 60 empezó a trabajar como periodista de contratos libres y de planta y a publicar cuentos y notas literarias en revistas y periódicos nacionales y extranjeros. Hizo cursos de Sociología en la Universidad Nacional de Colombia. Literatura, periodismo y otras tareas relacionadas con el arte fueron sus ocupaciones hasta su viaje al exterior en 1975. En París continuó con sus ocupaciones, al lado de otras que le proporcionaban el sustento, mientras asistía a conferencias y hacía de oyente en cursos de literatura, arte e historia en universidades, escuelas superiores e institutos especializados. También ha vivido en España y en Estocolmo. En la actualidad vive en Berlín, Alemania, adonde fue invitado por el Programa Cultural de Berlín del DAAD durante un año. Se desempeña por cuenta propia como periodista, traductor del alemán al castellano y lector de su trabajo literario y conferencista en universidades y centros culturales. Publicaciones: Novela: Los parientes de Ester (1978), Compañeros de viaje (1991), La caída de los puntos cardinales (2000), Testamento de un hombre de negocios (2004).Relato:La carta del futuro (1993), El regreso de los ecos (1993), Un espejo después (1995).
Cuento:Los sonidos del fuego (1968), Olor de lluvia (1974), Una lección de la vida (1984
luis_fayad-004---¿Y tú qué le has contado?
---Nada.
---O sea que tú sabes guardar mejor los secretos.
---Es que yo nunca tengo nada que contarle.
---¿Y es mucho lo que él te cuenta?
---Todo lo que sabe y le da importancia. Me advierte que no lo repita, que es peligroso.
---Exacto, le da importancia, quizá cree que tú eres más tonto que él.
---Le gusta poder contarme algo y se siente orgulloso. Por ahora él sabe más.
---Quizá un poquito más porque empezó primero, eso es todo, no tienes que hablar en ese tono de admiración.
---Él sabe más de un poquito, mamá.
---En esto hay mucho que aprender, Jacinto, lo primero, no hay que creer nada de lo que te dicen y poco de lo que ves hasta que no lo compruebes bien.
---Lucio me lo dijo igual, pero yo a él le creo, él ha oído y visto mucho.
---Se nota que te tiene obnubilado y tú te dejas engañar.
---Qué va, mamá, él me tiene confianza y respeto. Dice que le gustaría que su hermana Fabiola se casara con alguien como yo.
---¡De qué disparates te habla el tal Lucio!, se está burlando de ti, Jacinto, ten cuidado.
---Si tú supieras lo que me ha contado no pensarías así de él.
---Me importa más lo que yo tengo que decirte.
---Mejor, mamá, así puedo cumplir la promesa de quedarme callado.
---Quieres despertarme la curiosidad, Jacintico, te estás volviendo malicioso antes de tiempo.
---Es que no me gustaría que le cogieras rabia a Lucio.
---Si tú lo dices es porque hay algún motivo, a mí sólo me molesta que quiera divertirse por tu cuenta.
---Nos divertimos los dos, mamá, si tú supieras lo que me ha contado.
---Por la cara que pones debe ser algo admirable. Por desgracia soy yo la que tiene que decirte algo a ti.
---Como quieras, mamá, pero si tú supieras. Él sabe quién mató a las hermanas Tarasona.
---¡Cállate la boca o al menos habla más bajito!, qué tal que alguien te oiga y te tome en serio.
---Lucio sabe más de lo que uno pueda imaginarse. A veces le gusta inventar cuando habla de las niñas que conoce en otros barrios, pero en lo demás no tiene nada que inventar.
---Ten cuidado con empezar a contarme esa clase de mentiras. Lo único cierto que te ha dicho Lucio es que hablar de esto es peligroso.
---Lo demás también es cierto, mamá.
---Quién sabe a qué mentiroso se lo oyó o se lo inventó él mismo.
---No se lo oyó a nadie, mamá, él lo vio y sólo sus papás lo saben. Él vio cómo mataron a las hermanas Tarasona.
---¡Jacinto, mijo, estás hecho un recién nacido o un descarado! O es verdad que le crees a ese embustero o es que intentas jugar conmigo.
---Lucio lo vio todo, mamá, esa tarde saltó al patio de las Tarasona a coger unas brevas del árbol y le dio por asomarse a la ventana de la sala.
---No puede ser, Jacinto, ese día tú y él salieron de paseo con los compañeros del colegio. Cuando volvieron ya las hermanas Tarasona estaban muertas.
---Lucio no fue al paseo, mamá, amaneció enfermo. Por la mañana se quedó en la cama y por la tarde saltó al patio de las Tarasona. La ventana estaba abierta y él las vio en una mesita arreglando unos papeles. Lo más seguro es que hacían las cuentas de sus negocios. Se oyeron unos golpes en la puerta y una de las hermanas se levantó y fue a abrir. Apareció un hombre y ella le preguntó qué se le ofrecía. "Ustedes esperan a alguien", dijo él. "Nosotras esperamos a nuestro hermano. ¿Y usted quién es, señor?" El hombre entró y cerró la puerta: "Ustedes me esperan a mí, aunque no lo sepan". La otra hermana también se puso de pie: "¿Quién es usted, qué se le ofrece en esta casa?" "Vengo a comunicarles que su hermano no viene hoy. Nadie me lo dijo pero yo lo sé". Una de ellas le preguntó cómo lo sabía y qué le había pasado a su hermano. "Percances sin importancia. A un hombre honesto como él no le pasa nada malo, los males les llegan a los deshonestos que no cumplen su palabra". "¿Qué quiere usted decir con percances?" "Tonterías, mi señora, se rodó por las escaleras y tocó llevarlo a la clínica con una pierna rota, yo no lo vi pero lo supongo y creo que está tranquilo, acostado en una cama".
---Cómo así, Jacintico, ¿entonces no fue por una herencia como se dijo, el hermano de las Tarasona no fingió el accidente para estar lejos de la casa y mandarlas matar, no fue una coartada de él, le pusieron una trampa?
---Tampoco, mamá, no era nada contra él, querían mantenerlo lejos. El hombre no conocía al hermano de las Tarasona y dijo que sabía que era honesto y que cómo sentía que por culpa de sus hermanas le hubiera pasado lo que él creía que le pasó. "¿Cuáles hermanas?", dijo una de ellas. "Que yo sepa, dijo el hombre, él no tiene más de dos y le traen mala suerte". "Usted se equivocó de casa, señor, nosotras no comprendemos sus disparates". "Puede ser, señoras, vamos a verificarlo, y en cuanto más rapidito mejor. Ustedes recibieron una mercancía que debían entregarle a mi jefe, pero no la entregaron". "Le repito que usted se equivocó de casa, nosotras no sabemos nada de ninguna mercancía". "No empecemos a alargar el diálogo, respetables señoras, denme la mercancía, yo mismo se la llevo a mi jefe y les prometo que ustedes no vuelven a verme ni hasta el sol de los venados". "Salga de esta casa, esto es un abuso, usted nos está irrespetando". "Lo que más siento, señoras, no es la mercancía. Mi compadre Anatolio vino a entregárselas a ustedes y no regresó, desapareció, quizá ustedes puedan darme razón de su paradero". "Aquí no nos trajeron nada, tal vez su propio compadre Anatolio se perdió con el paquete", dijo la que estaba cerca a él y Lucio me contó que él no se dio cuenta cuando el hombre levantó la mano y le dio a la mujer un cachetadón que la dejó temblando. Lo oyó decir: "Cuidado con hablar así de mi compadre Anatolio, viejas rateras, hijueputas".
---Jacintico, mijo, no repitas las groserías delante de mí.
---La que estaba cerca a la mesita corrió a abrazar a su hermana y le gritó al hombre: "Es cierto que esperábamos una mercancía y alguien debía traerla pero no llegó". "Sí llegó, mi compadre Anatolio nunca falla". "Si usted vuelve a tocar a mi hermana lo mato". "Entréguenme la mercancía y estoy dispuesto a olvidar hasta a mi compadre Anatolio". "Salga de esta casa, nosotras no tenemos nada para usted". El hombre volvió a levantar la mano y le dio un cachetadón a la otra hermana: "Quiero ver esa mercancía sin más demora". Las dos hermanas se pusieron al acecho para mandársele encima. Lucio me dijo que por la cara que los tres tenían él se dio cuenta de que iba a haber un muerto. El hombre las esperó y cuando pudo le estrelló la cabeza de la una contra la cabeza de la otra y las tiró a las dos al suelo: "Se acabó la paciencia, señoras, ni una palabra más o no vuelven a caminar con sus propias piernas. ¡La mercancía!" Las dos hermanas se levantaron ayudándose la una a la otra y empezaron a caminar hacia atrás hasta quedar cerca a una cómoda. Una de ellas abrió un cajón, metió la mano y sacó un revólver. Pero el hombre ya sospechaba algo y se abalanzó y se lo tumbó de un manotazo.
---¿Un revólver, Jacinto?, yo oí decir que no se encontraron armas por ningún lado.
---El hombre lo recogió y se lo guardó en un bolsillo del pantalón, Lucio lo vio. Después les dio un puñetazo a cada una de las hermanas y con un empujón volvió a mandarlas al suelo. A una de ellas le salió sangre por la nariz y la boca pero ninguna de las dos cedió. Se le lanzaron al hombre desde el suelo y le clavaron las uñas en el cuello y en la cara. Él empezó a dar vueltas con ellas colgadas como banderas y sólo cuando los tres se tropezaron con la mesita y se cayeron pudo zafarse y mandarlas lejos. Lucio dice que de pronto los tres estaban de pie y que el hombre sacó el revólver del bolsillo del pantalón y un cuchillo de alguna otra parte: "Quietas, viejas hijuetales, les dijo, entréguenme la mercancía o las mato". Pero Lucio dice que no se veían tan viejas y tenían fuerza.
---Claro que no eran viejas, Jacinto, eran como yo, tendrían unos cuarenta años.
---Según Lucio se veían más jóvenes y parecía que sus dientes habían crecido. Se le tiraron al hombre cada una por un lado, lo agarraron de los brazos, lo mordieron donde pudieron y lo hicieron revolverse como si tuviera electricidad en el cuerpo. El hombre se zafó de una de ellas dándole con el revólver en la frente y de la otra con una patada y agitó el cuchillo para mantenerlas lejos. Se notaba que no quería matarlas antes de saber dónde estaba la mercancía, pero ellas volvieron a agarrarlo y hechas un nudo con él rodaron por la sala. Cuando se soltaron, a ellas les sangraban los brazos por las cuchilladas y a él le sangraba la cara por los mordiscos y los arañazos. Lucio vio que una de ellas cogió algo, una porcelana o una jarra, y se lo lanzó al hombre y le dio en el pecho. El hombre no sintió el golpe. Se echó el revólver en el bolsillo y con el cuchillo extendido se les acercó lento y les dijo: "La última oportunidad, o la mercancía o la vida". Una de ellas intentó distraerlo para que la otra lo atacara por la espalda, pero Lucio se dio cuenta de que el hombre se hacía el descuidado. De pronto le lanzó una cuchillada a la que venía detrás y le dio en la barriga y no hizo más pausas, les dio con el cuchillo a la una y a la otra hasta que las dejó muertas y él quedó salpicado de sangre. Lucio no se explica cómo pudo salir así a la calle.
---¿Y la mercancía?
---El hombre la buscó en la sala y en los otros cuartos pero Lucio lo vio salir con las manos vacías.
---Pero las Tarasona se la robaron, Jacinto, es lógico, al comienzo negaron que hubieran oído algo de una mercancía y luego reconocieron que la esperaban. Es mentira que no les llegó.
---Yo creo que la enterraron en el patio, mamá.
---¿Lucio te lo dijo?
---Se me ocurre a mí ahora que me pongo a pensar.
---Bien pensado, Jacintico, el que las mató caerá en cuenta y vendrá a escarbar la tierra, o algún día la encontrarán de casualidad, cuando ya no valga nada.
---¿Y qué le pasaría a ese compadre Anatolio, mamá? ¿Quién sería ése?
---Algo me está dando vueltas en la cabeza, mijito. Esto me hace acordar del muerto que encontraron hace tres días en una cuneta al pie del cerro. Llevaba otros tres días ahí y a las Tarasona las mataron hace cinco, o sea que todo concuerda. Todavía se murmura que fue una venganza de la Tropa o de la Insurgencia o de los paratropas, lo que hubiera podido ser con las cosas que se hacen por todas partes, y resulta que el asunto se resuelve por este lado. ¡Las hermanas Tarasona, ahora está claro! Al muerto lo encontraron con dos disparos en el pecho y tú me dijiste que las Tarasona tenían un revólver.
---Pero el muerto apareció muy lejos de la casa de ellas, mamá.
---No tan lejos, Jacintico, y acuérdate que el comisario dijo que no lo mataron en ese lugar, que lo arrastraron después de muerto. Seguro que las Tarasona le pusieron la cita ahí cerca y no en su casa y él se dejó engañar. Llevó la mercancía pero ellas no llevaron la plata sino el revólver. Ese era el compadre Anatolio, no lo dudes.
---¿Y por qué nadie dijo nada, mamá?, nadie lo identificó.
---Seguro que no tenía familia y ni su jefe ni el hombre que mató a las Tarasona quisieron comprometerse y dejaron que lo echaran en una fosa común.
---Y pensar que nosotros lo sabemos y no podemos decir nada.
---Nada, Jacinto, eso ya está arreglado. El compadre Anatolio pagó por tonto y las hermanas Tarasona por traidoras.
---Pobre del hermano, mamá, que crean que él las mandó matar.
---Sería por lo único que valdría la pena decir la verdad, pero a lo mejor el que la diga se hace sospechoso. Eso ya está arreglado, contra el hermano no hay pruebas y lo único que va a quedar es la calumnia.
---Si yo fuera él me vengaría.
---No pienses en venganzas tan pronto, mijito, de todos modos más tarde va a entrarte la tentación. Y en este caso, ¿de quién se vengaría el hermano? Si él no está metido en el negocio no puede pensar en nadie, y ni Lucio ni tú van a darle pistas.
---Qué tal, mamá, nosotros ni sabemos quién las mató. Lucio me lo describió pero para mí puede ser cualquiera.
---¿Y crees que para Lucio también, o lo había visto antes?
---Nunca. Quizá su papá lo conoce. Se hizo describir hasta el último detalle. Le dijo a Lucio que si el hombre pudo vencer a las Tarasona debía ser alto y robusto y le preguntó por el color del pelo y si tenía la cara cuadrada o alargada, si los ojos redondos o achinados y cómo era la nariz.
---¿Y don Lucio por qué estaba tan interesado?
---Lucio no me lo dijo, me dijo que recuerda mejor al hombre cuando habla conmigo que con su papá.
---Qué raro, qué puede importarle a don Lucio la descripción exacta.
---Se preocupó mucho y Lucio no pudo confesarle que yo también lo sabía.
---Eso no está bien, Jacintico, los papás tienen que saber todo lo de sus niños para poder ayudarlos.
---Esta vez Lucio no podía decirle la verdad, hubiera sido peor si le habla de mí. El papá no quiere que nadie lo sepa.
---Así y todo, no está bien.
---Creo que esta vez sí, mamá. Un día te oí decir que hay mentiras mejores que la verdad, que son mentiritas piadosas.
---¿Te lo dije yo, Jacinto?
---Se lo dijiste a papá y yo lo oí.
---¿Y cuántas de ésas me has dicho tú a mí?
---Contigo no hay necesidad, en cambio Lucio hizo bien, el papá estaba bastante preocupado y le pidió que no se lo contara a nadie y que si se lo había contado le dijera que era un invento.
---Para nosotros esa historia termina aquí, Jacinto, voy a contársela a tu papá a ver qué piensa él de don Lucio.
---No, mamá, por favor, yo le prometí a Lucio que nadie más la sabría. No quiero que me pierda la confianza.
---Haces bien, te felicito, mientras cumplas tu palabra saldrás ganando.
---Y creo que Lucio también le cumple a su papá. A mí no ha vuelto a contarme si le ha hecho más preguntas ni si ha vuelto a preocuparse.
---Se me ocurre algo, Jacinto, dile a Lucio que como si fuera idea suya, sin mencionarte a ti, le diga a su papá que quizá la mercancía está enterrada en el patio de las hermanas Tarasona.
---Se lo digo ahora mismo.
---Hoy ya es tarde, va a oscurecer y todavía tengo que hablarte del encargo de tu papá y tú tienes que hacer las tareas del colegio.
---Lo del encargo ya lo sé, cuando papá regrese el sábado va a ponerse contento de lo perfecto que salió todo.
---No hables con esa seguridad, mijito, no te fíes así ante nada, vas a ver que las indicaciones son otras.
---Como quieras, mamá, pero me hiciste dar ganas de ir ahora mismo a hablar con Lucio.
---Lo que quieres es andar por la calle y no me importaría si fueras a comprar dulces y volvieras pronto. Me parece que lo dejas para mañana.
---Y tú lo que quieres es que yo te ayude a arreglar el cuarto de atrás.
---Mejor para ti, cuando el cuarto esté listo una de tus primas podrá quedarse ahí y te libra de ayudarme todos los días. Ya lo hablamos con tu abuelita Nicolasa.
---Tampoco es mucho el oficio, mamita.
---Porque no lo haces tú, y ya verás cuando nazca tu hermanito.
---Entonces será más fácil, me van a dar ganas de cuidarlo y cualquiera puede venir a ayudar. Fabiola me dijo que si tú le dabas permiso ella venía por las tardes.
---Otra vez Fabiola, da la impresión de que no quieres ir a ver a Lucio sino a su hermana.
---No, mamita, yo casi nunca la veo, con Lucio jugamos afuera. La última vez que me la encontré fue en misa y me dijo que a ella le gustaría cuidar al niño.
---A la iglesia se va a rezar, Jacinto, no a hablar.
---Fue a la salida, antes de irme con Lucio y Marcelo a jugar fútbol. A ella no la llevamos porque es muy chiquita y de pronto le damos un balonazo.
---A ese Marcelo nunca te lo he oído mencionar.
---Ese es de otro colegio y tú no puedes conocerlo de nada. Viene por las tardes a buscarnos al parque con otro que se llama Régulo.
---Ya tienes muchos amigos, Jacintico, y no lo cuentas.
---Y eso que antes venían otros dos pero ya no los dejamos meterse. Marcelo los sacó corriendo.
---Tú no te pongas a buscar pelea, te lo pido por favor.
---Yo no empecé, fue uno de esos pendejos que me dijo unas cosas y Marcelo lo amenazó.
---Acuérdate de que dos no pelean si uno no quiere. ¿Cuáles fueron las cosas que te dijo?
---Nada más que mentiras, por eso no quería decírtelas. Dizque papá tuvo que ver con el contrabando grande que interceptó la Tropa y con el tiroteo en la estación de trenes.
---¡Qué absurdos está inventando ese pendejo, como le dices tú y se lo tiene bien merecido. ¿De dónde sacó esa barbaridad?, ¿tú de qué lo conoces?
---De ninguna parte, lo que te conté, una tarde se apareció con otro a jugar fútbol y se puso bravo porque le di dos canillazos.
---¡Qué majadero, entonces para qué juega! ¿Y de pronto te dijo todo eso?
---Primero me empujó y yo le mandé una patada, no le di y cuando él se me vino encima Marcelo se puso en medio.
---¿Y por qué Marcelo, por qué no te defendiste tú?
---Ellos eran más grandes que nosotros, Marcelo tuvo que sacarles cuchillo.
---Está bien que me lo cuentes para decirte que no me gusta nada lo que me estás contando. ¡Cuchillo! ¡Cómo así! ¡De cuándo acá andas tú con cuchilleros!
---Fue una casualidad, mamita, nadie sabía que Marcelo cargaba un cuchillo y él no sabía que iba a tener que usarlo.
---¿Y acaso fue que llegó a usarlo?
---No del todo pero ganas no le faltaron. Los mantuvo a raya lanzándoles cuchilladas. A uno alcanzó a rajarle una manga de la camisa y les gritó: "Sí, el papá de Jacinto estuvo en el tiroteo y en todo lo bueno y si ustedes siguen jodiendo él los mata".
---No sé, Jacintico, no me gusta nada ese enredo de bocones. Esos no conocen a tu papá o sabrían que no está como para meterse en semejante cargamento, ni es de los tontos que se aturde y se pone a disparar a lo que sea, esta vez al aire. ¡Dizque la estación de trenes! Esos que se agarraron a tiros con la Tropa eran unos babosos y la Tropa lo sabía y sobre todo lo sabía la Agencia Central de los extranjeros. Fue una jugada suya.
---Yo no recuerdo mucho, mamita, ni Lucio me contó nada ni Marcelo dijo nada más.
---Después entenderás mejor. ¿De dónde iban a sacar esos pobres inexpertos tamaña cantidad de mercancía? Se la vendieron baratísima acompañada de la trampa. La jugada resultó una chambonada de los agentes de la Agencia Central y todo el mundo se dio cuenta, pero a ellos no les importó. Ya entenderás, se murmura que participan en el negocio y para limpiarse y demostrar lo contrario montan shows como el de la estación de trenes. Anunciaron que el cargamento cayó gracias a sus pesquisas.
---Lo entiendo todo, mamita, pero no recuerdo bien lo que pasó y Lucio no me ha contado lo que dijeron en su casa.
---No pudieron decir nada, nadie le dio importancia, lo único que ganaron los agentes extranjeros fue poner a la Tropa a matar a cuatro pistoleritos. Lo demás se queda para que los niños inventen juegos que no deben jugar, como esos dos que se aparecieron en el parque.
---En el colegio también, mamá, los niños no juegan a indios y vaqueros sino a la Tropa, los negociantes y los paratropas. A la Insurgencia no la nombran porque es lo único que el rector no aguanta.
---Se lo toman a chiste y después pasa lo que pasa. Tú no te metas en esos juegos.
---A mí no me gustan, ni en el parque ni en el colegio, y cuando hablo con Lucio nos vamos a otra parte.
---Ojalá hablen los dos solos sin otros niños. Ni siquiera con Marcelo y con Régulo aunque te defiendan y te quieran tanto.
---Lo del cuchillo fue una casualidad, mamá, Marcelo no es un pandillero y Régulo es más chiquito, nosotros no hablamos con él.
---Tampoco deberías hablar con Lucio del negocio ni de lo que se murmura por la calle. Nosotros estamos empezando pero somos gente seria, Jacinto, tú conoces a tu papá, a él no puedes contarle que en vez de jugar como niños decentes se insultan y se atacan con cuchillo. Tú sabes lo que te diría, que esas pequeñeces dañan las ideas grandes, que el que se quedó afuera del progreso juega a lo que nunca va a ser y saca su rabia contra el que hizo su camino. Si tu papá decidió hacer plata a su modo, es para que tú y el nené que esperamos salgan adelante y no les toque como a nosotros, y si por ahora quieres ayudarnos tienes que evitar las debilidades que entorpezcan lo que te propones. Si en el parque otro niño te dice groserías y te nombra a tu mamá o a tu papá, tú tienes derecho a defenderte. Pero si te habla de esto que me has contado, tú no debes responder o dices que no has oído nada. Para ti es el tema más serio y lo recuerdas sólo con quien se arriesgue contigo. No puedes sacarlo en juego ni en serio y mejor contestas que no entiendes y que es mentira, que en este país nadie se dedica a ese comercio, y que en caso de ser verdad, es la primera vez que tú lo oyes. No sé si tu papá te lo ha dicho pero es así. Supongamos que tú eres boxeador y quieres llegar a ser campeón y alguien en la calle te busca pelea. Tú no debes contestarle sino seguir adelante, no le dejas saber que eres boxeador, tus contrincantes no son los que te encuentras en cualquier esquina.
---Es lo que yo haría, mamá, yo sé más de lo que tú crees aunque papá no me lo haya dicho, por eso va a ser fácil el encargo que vas a pedirme. Si por mí fuera y no tuviera que ir todos los días al colegio, estaría haciendo algo más importante, con los planes que imagino yo mismo.
---Es inútil que imagines nada por ahora y ojalá no te toque hacerlo después. No olvides que tu papá y yo procuramos que tu ayuda sea pasajera y no me obligues a hacerte jurar que por encima de todo terminarás tus estudios.
---No hace falta, mamá, me basta con ver las ganas de papá de que yo saque el título de bachiller. Pero mientras tanto podré combinar mis planes con el colegio.
---Déjanos esa decisión a nosotros y para librarte de tentaciones júrame que irás todos los días a clases.
---Sin jurarlo no he dejado de ir sino cuando estoy enfermo, o sea una vez al año. Por eso creo que puedo faltar otros días con esa disculpa y aprovecharlos mejor.
---Jacintico, júrame que estarás presente desde la primera hasta la última hora en el salón de clases y que cada tarde harás las tareas que te pongan los profesores.
---No hago más que eso, que es el problema que no me deja pensar en mis planes. Si te juro lo del colegio y las tareas es para que te sientas mejor aunque yo no pueda olvidar lo mío.
---Con tal de que me cumplas eres libre de recordar lo demás, pero ojalá cuando estés solo, sin mí y sin nadie más adelante.
---Yo no lo comento ni con los que van a estar metidos conmigo.
---Y ojalá no olvides que nada de planes que no sean por cuenta de esta casa, como el encargo que vamos a pedirte. Y no tienes porqué hacer mala cara, esto ya es mucho.
---Para mí no es nada y además sé de qué se trata.
---Por pequeño que sea, agradécelo a que es un caso de necesidad. Conoces la casa, según me dices tú mismo, pero quiero que escuches con atención. La casa queda pegada a una tienda.
---Ya lo sé, mamá, pero me callo.
---La casa queda después de la tienda, de acuerdo a la dirección en que caminas. En esa calle hay dos tiendas.
---Pronto habrá tres, mamá, lo oí en el colegio. En ese barrio hay una escuela pública y todos los niños pasan por esa calle y hacen fila para comprar dulces.
---La cantidad de niños es lo importante, nadie va a fijarse en ti, parecerá que eres uno de ellos con el mismo morral del colegio y las mismas ganas de comer dulces. En este caso tú pides un helado.
---Lo mismo me dijo Lucio, así uno puede lamerlo un rato al lado de la casa sin que nadie se imagine lo que está haciendo.
---Tienes que pararte al lado de la puerta, no sólo de la casa. Tú dejas el morral abierto en el suelo, recostado en el marco, donde nadie lo vea, y te distraes quitándole el papel al helado. Cuando la puerta se abra tú estás de espaldas a ella y no debes volver la mirada. Alguien saca los tres talegos y cuando tú oigas que la puerta se cierra recoges el morral, te lo cuelgas y te marchas comiéndote tu helado.
---Son dos talegos, mamá, ¿por qué dices tres?
---Hay cambios, Jacinto, yo hubiera preferido que no supieras nada y aprendieras sólo mis instrucciones. No dejes que se te confundan.
---Pero no entiendo porqué tres, mamá. ¿Fue que el hombre subió la comisión?
---Yo no sé de qué hombre ni de qué comisión me preguntas. ¿Acaso se lo has oído a tu papá?
---Es fácil adivinarlo, mamá. Desde que Lucio me contó que a él le sacaban los talegos del morral y no le ponían billetes, supe que era una comisión y no una venta. Me imagino que el hombre ayuda a pasar los cargamentos o a lo mejor recibe el pago por callarse lo que sabe.
---Nunca te habías equivocado tanto, Jacintico. Imaginaste lo contrario, pero no es lo que vamos a aclarar hoy.
---Entonces es una venta, eso es lo contrario. Me gustaría saber cómo nos llegan los billetes.
---Sigues igual de frío y al final no vale la pena que aciertes con algo.
---Los billetes me dejan intrigado, mamá. ¿A quién le entrego yo la mercancía y con qué billetes nos paga?
---Yo prefiero que no nos desviemos. Pasado mañana, bien temprano, preparamos el morral con los tres talegos adentro. Para poder acomodarlos tú sacas algunos cuadernos y la lonchera de las mediasnueves y los llevas en la mano. Sales de la casa más temprano que los otros días y antes de ir al colegio pasas por allí con la mercancía. Luego te devuelves por la misma calle, no la atraviesas, y llegas al colegio por el camino de siempre, y si le has oído decir a alguien, por ejemplo a Lucio, que en este encargo no hacen falta más previsiones, no se te olvide que hay cambios.
---Me imagino una cosa, mamá, no sigo por la misma calle porque más adelante viven los parientes de papá y van a intrigarse de verme por ahí, con Lucio no importa porque a él no lo conocen.
---Todavía no pero ya empieza a figurar y van a tenerlo en cuenta. Eso dijo tu papá y todos estuvimos de acuerdo.
---Yo no sabía que papá y el papá de Lucio tenían este negocio juntos.
---Tenían dos y con éste tres, es el más reciente. Hasta ahí puedes saber aunque no sea necesario. Por ahora te aprendes bien las instrucciones.
---No estoy de acuerdo. Si yo hago un encargo tengo derecho a saber más. Yo llevo la mercancía y no sé cómo llega el pago ni sé si los billetes son los del país o son los verdes.
---De verdad que andas que ni sabes lo que dices, te precipitas y no te detienes a comprobar lo que vislumbras en el primer momento. Mientras vas creciendo me voy dando cuenta y te lo hago notar. Si te hubieras detenido, hubieras recordado que ya no menudeamos la mercancía y por lógica sabrías que si estuviéramos en ese caso, no nos pagarían con los verdes.
---Y si no menudeamos, ¿por qué se despachan sólo tres talegos?
---No le pones lógica, así no vas a poder hacer tus propios planes, no aprendes a deducir lo que saben los demás.
---Entonces, aunque todavía no entienda lo de los tres talegos, deduzco que no menudeamos y que recibimos el pago en los verdes. Yo los he visto en cantidades, una vez que bajé al sótano a buscar un repuesto para la bicicleta y me encontré abajo con papá y con otro hombre. La puerta del armario donde papá esconde la caja fuerte estaba abierta y cuando abrieron la caja vi el arrume de billetes.
---¿Te pusiste a espiar a tu papá?
---Yo estaba delante de ellos. El otro hombre me miró a mí y miró a papá con preocupación y hasta con rabia pero papá le dijo: "Jacintico es mi socio".
---Mucha confianza te tiene tu papá, no le importó y se le olvidó contarme que tú habías visto la caja fuerte por dentro.
---Entre nosotros no hay secretos, mamá, él me cuenta algo y yo imagino lo demás.
---De acuerdo, puedes ponerte a hacer las tareas del colegio y después me ayudas a correr los muebles del cuarto de atrás. Es todo lo que hay que preparar para pasado mañana. A ti no tengo que repetirte nada y sólo voy a pedirte un favor. Cuando estés parado junto a la puerta comiéndote el helado, espera sin impacientarte, no vuelvas la mirada atrás, no creas que ha pasado mucho tiempo y que ya debieron sacar los talegos del morral, el ruido de la puerta al cerrarse es claro, es una señal, si no estás seguro de haberlo oído significa que no tienes porqué haberlo oído.
---El encargo no me preocupa, mamá, lo más claro que tengo es lo que voy a hacer, pero no porqué.
---Otro cambio, o en realidad una información, es posible que desde la próxima semana te mandemos dos veces a entregar los talegos.
---Me alegra, mamá, eso quiere decir que nos está yendo bien. Lo único que me falta saber es el truco para que nos manden los billetes. Me imagino que van amontonando los talegos y nos pagan todo redondeado. Y sé lo que pasa después, esto me ayuda en mis planes, vas a ver, mamá.
---¿Puedo pedirte el último favor, Jacintico?, todavía es temprano pero te recuerdo que antes de que te acuestes te laves los dientes, el dentista notó que te los lavas sólo una vez al día y dijo que se te van a dañar. No sé si prefieres hacer las tareas del colegio primero o me ayudas con los muebles.
---Las tareas son corticas y las hago en cualquier momento, pero como quieras.
---Haz las tareas primero, con eso no estás cansado después.
---Mamá, ¿tú has pensado en el nombre que le vamos a poner a mi hermanito cuando nazca?
---Todos los días y me toca pensarlo a mí sola, tu papá dice que ese trabajo me lo deja a mí. Pero sé que si es niña le pondremos Juana Inés, como tu bisabuela. El problema es si nace un niño, tú tienes el nombre de uno de tus abuelos y el otro no me gusta.
---Esa es una señal de que va a ser una niña, como todos queremos. Yo voy a encargarme de cuidarla, voy a hacer mucha plata para que no tenga los problemas que tú dices que tuviste. Yo pienso en mis planes y me imagino que aparte de mí y de Lucio hay más como nosotros que llevan talegos en el morral y así se va preparando el cargamento.
---Hay uno más aparte de Lucio y de ti, y lo del cargamento es más o menos como imaginas. Sin preguntar tanto vas aprendiendo lo que saben los demás.
---Si por mí fuera, yo llevaría los talegos dos veces al día y pondría a Lucio y al otro a hacer lo mismo.
---Otra vez empiezas a fallar, Jacintico, dedúcelo tú mismo, al final todos llamarían la atención, la táctica hay que cambiarla de vez en cuando por si alguien le está siguiendo la pista.
---Mala táctica, mamá, lo que hay que hacer es cambiar a los que llevan los talegos.
---Casi estás en lo cierto. Con este paso nosotros entramos al organigrama del tres, somos tres que proveemos a uno que pertenece a tres que proveen a uno. El sistema se mantiene y se inventa otra táctica, pero no olvides que este caso va a durarte unos dos meses, por la necesidad, no se sabe si después tu papá vuelve a utilizarte.
---Lo que me dices del organigrama del tres me sirve para imaginar mejor mis planes, ya verás, y pronto.
---Recuerda que me juraste ir todos los días a clases hasta el último curso del colegio.
---Tú crees que por una cosa no puedo hacer la otra, y yo creo que si papá no terminó el colegio no fue por hacer algo distinto, sino porque mi abuelo no tenía con qué mantenerlo.
---Vamos a arreglar el cuarto de atrás, Jacintico. Cuando tu papá venga el sábado se va a llevar esa sorpresa. Hace mucho que quiere despejar el cuarto del pasillo y tenemos que pasar la cómoda y la cama al cuarto de atrás. Él quiere más espacio para la televisión y una poltrona y una mesita.
---Todo lo que él quiera, mamá. Desde este año me he dado cuenta de que si papá no está de viaje se pasa en la casa más tiempo que antes.
---Él mismo cumplió un deseo que yo ya había pensado para él. No vale la pena dedicarle tantas horas al almacén sólo para que parezca el trabajo más productivo de la casa.
---Yo lo había pensado, mamá, yo sé cómo se hacen las cuentas en los cuadernos de contabilidad y me voy a encargar de ellos un día. Hay que escribir que se vendieron diez neveras en vez de una y veinte radios en vez de uno, así nadie pregunta de dónde sale la plata. Y después abro otro almacén.
---Todavía no es tiempo, por ahora tu papá y tu tía tienen ganas de montar una tienda de cosméticos. La idea es de tu papá para ayudar un poco a tu tía.
---A ella no le hace falta, mamá.
---Es por tus primas, no quieren estudiar nada y no les gusta cocinar ni tejer. Tu tía y tu abuelita Nicolasa dicen que sólo piensan en los cosméticos y hay que ponerlas a hacer algo.
---La idea de papá es buenísima, mamá, la tienda también va a servirnos a nosotros.
--- Jacintico, no importa que mañana comentes todo esto con Lucio, lo más seguro es que él lo sepa y mañana o pasado mañana tú ibas a saberlo por él mismo, pero no se te olvide decirle que hable con su papá de la mercancía que se robaron las hermanas Tarasona y que le diga que a lo mejor está enterrada en el patio. Si se descubre algo nuevo, vamos a recibir a tu papá con otra sorpresa.
---Son tres, mamá, con la del cuarto del pasillo y el encargo mío que va a salir perfecto.

Foto de Luis Fayad por Alejandro Lorente

Los amigos invisibles - próxima publicación

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