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Libros

Nota sobre Andrés Neuman - 'Fractura'

fractura 250Fractura
Andrés Neuman
Novela
Alfaguara
Páginas 496
2018

 

 

La loca de la casa llamó Sor Juana de la Inés de la Cruz a la imaginación y a las imágenes que acompañan durante la vida a todo ser humano. También, La Loca de la casa es una novela del escritor Benito Pérez Galdós que gira sobre el amor como el motor de conquistas. Pero en el caso de Fractura, de Andrés Newman, para un aficionado a la literatura con pies en la economía, es la sucesión de experiencias cinceladas en la memoria que tienen como sustento los recuerdos. Recuerdos que perduran durante toda nuestra existencia con mayor o menor detalle: los gratos y los ingratos, los amargos y los felices, los traumáticos y los que dejan secuelas de toda índole. Es tan profunda la capacidad de la memoria para contemplar y retener el pasado, que a una persona que no pueda lograrlo se le considera que tiene problemas mentales y sufre de alguna patología que debe ser tratada. Frente al extremo del Alzheimer, tener recuerdos, buenos o malos, es una bendición. Pues bien, la pluma ágil y exuberante de Andrés Neuman nos recrea en su novela de ficción diez fragmentos interconectados, teniendo como centro los recuerdos de Yoshie Watanabe, un japonés traumatizado por las imágenes de un pasado terremoto, acompañado de Tsunami, que continúa atormentándolo y llenando su vida de terror.

En el caso de “Violeta y las alfombras”, son los recuerdos de una extraña relación amorosa entre un japonés y una francesa. Culturas diferentes que entrelazan todo tipo de emociones y formas de ver la vida. Se acomodan, se reacomodan, se separan y al final se dan cuenta que el uno no es para el otro pero los recuerdos quedan grabados e impresos en Violeta por el resto de su vida, aunque ya no conviva con Yoshie. Esta simple historia en las manos de un buen novelista se convierte en una grata travesía llena de matices y finos rasgos de dos culturas llenas de contrastes. La exquisitez de la narración de Andrés es el fiel reflejo de uno de los pensamientos que acompaña el libro y que todos llevamos dentro: “Me pregunto si habrá alguna operación para extirpar recuerdos”.

El desgaste del amor, tampoco es inmune a los recuerdos. Todo se graba. Por alguna razón Mario Benedetti titula uno de sus libros de poemas El olvido está lleno de memoria. Cuando no hay sorpresa y todo se convierte en rutina, según Andrés, es signo de que el amor ha muerto, pero miserablemente se queda en la memoria. Cuando no hay sorpresa en el amor, todo se convierte en una “inquietante apariencia de felicidad”. Así, con la mezcla de recuerdos y rutinas cotidianas todo se vuelve previsible, y ante la carencia de lo novedoso y emergente, el equilibrio es como morir en vida, aunque alrededor el mundo siga lleno de eventos como la guerra y las crisis políticas y económicas.

En “El tamaño de la isla”, la versatilidad de la prosa se traslada a las reminiscencias de familia y las costumbres ancestrales. El más mínimo detalle se convierte en una historia hermosa y hasta las transformaciones geográficas o los horrores de la guerra pasada con sus fatales bombardeos sobre Nagasaki, son excusa para reflejar el alma de un pueblo y sus costumbres. Todo se convierte en una filosofía de vida que labra la memoria. Por todas partes hay voces que hablan de lo que ya no se puede ver ni oír. Sin embargo, el horror de la guerra, no son recuerdos sino traumas que se petrifican en las neuronas para siempre. La rendición detiene la tragedia pero las imágenes perduran. Todo esto es narrado de manera esplendida por Andrés. Su escritura envuelve y con especial encanto seduce al lector a continuar con la siguiente historia.

fractura 350Y la historia del Señor Watanabe continúa con “Ojo adentro”, con sus emociones contrapuestas y sus indefiniciones. Es parte de la trama que quizás todos llevamos dentro. Son arrepentimientos que ya no cuentan en la vida porque la flecha del tiempo sólo tiene dos destinos: evolucionar o perecer víctima de la entropía y el desgaste. Hiroshima y Nagasaki es más de lo primero que de lo segundo a pesar de que Chernóbil nos recuerda que la humanidad no está exenta de repetir los mismos errores. Es como un ojo que mira hacia adentro y recuerda y que por más que se viaje o traspase fronteras, ya sea en New York, París, Madrid o Buenos Aires, los recuerdos seguirán siendo la valija infaltable. Pero hay más: tal como dicen los científicos, el “efecto mariposa” también se refleja en la novela de Andrés y nos advierte que estamos interconectados en una aldea global donde el terremoto en Valdivia pudo haber generado el tsumani en tierras tan distantes como el Japón o el estallido de una planta nuclear afectar las aguas de california con sus efectos radioactivos. Todo es tan cercano, tan efímero o tan fugaz como el sakura o cerezo en flor. Y en el centro, la memoria o los recuerdos incidiendo en los caminos o direcciones que tomen nuestras vidas. Tampoco falta, entremedio o al final de cada historia, un hermoso haiku perfectamente contextualizado.

Reflejar las vivencias personales y su entorno en una ciudad como Madrid es también una virtud singular de la novela. Máxime para los que hemos estado allí. En “Carmén y las contracturas”, se reencuentran las culturas con su laberinto de expresiones lingüísticas y apreciaciones para enfrentar el amor o el querer al otro. El lector va recreando el alma de las culturas, o el alma de las personas, para enfrentar sus vidas con orden o desorden, con desplante y libertad tanto en lo íntimo como en lo cotidiano. Nada puede parecer tan distante como Argentina y Japón, pero cuándo se juntan los recuerdos de Carmén y Joshie parece una mezcla perfecta. Y entremedio de las vidas, a pesar de medio siglo pasado, el recuerdo lejano de Hiroshima sigue vigente en la memoria del personaje como un intruso indeseable. Y todo se interconecta en la aldea global: las vicisitudes de las personas, la guerra de Irak, el ataque a las torres gemelas, la burbuja inmobiliaria, la crisis y el envejecimiento que atropella la jubilación con su sensación de vació. Pero de nuevo, la flecha del tiempo reaparece con su inevitable desgaste de la vida. Y, como la propia tierra se extraña y se lleva dentro, Joshie regresa a Tokio porque prefiere dejar sus restos en el lugar que lo vio nacer y Carmén, inevitablemente, con su cadera fracturarada, decide quedarse en casa con todos sus recuerdos y junto a sus luchas cercanas con el cambio climático y la matriz energética.

Pero lejos de todo ello, en el barullo de Buenos Aires hay un periodista intentando investigar sobre los desastres naturales. Casi en paralelo, como si la flecha del tiempo avanzara y retrocediera superponiendo imágenes, el autor nos recrea el ambiente del Buenos Aires ensoñador y con las imágenes de un tremendo aguacero que recorre toda la ciudad, se da la figura perfecta para recordarnos que Argentina lleva medio siglo retrocediendo para llevarle la contraria a los demás países. La tragedia está más cerca de lo creemos y la llevamos dentro.

“Ultimo circulo” es una mirada póstuma a una ciudad fantasma, zombi, devastada, desolada y silenciosa, donde los pocos que la habitan lo hacen por vejez o porque no tiene a donde ir o se quedan por los recuerdos que no quieren abandonar. O se quedan para aferrarse a las tumbas de sus ancestros. Entre el susto de la radiación y el temor a la muerte, lo que queda es desolación. ¿No será esta también la imagen futurista de las tendencias demográficas, donde salvo en las capitales avanzadas, en los pueblos ya no hay niños ni jóvenes, sino ancianos sin energía, llenos de recuerdos y apegados a un pasado irrecuperable? Este retrato no está muy lejos de lo que puede quedar después de un estallido nuclear.

No puedo dejar de mencionar “Y el agua”. Sublime final por tratarse del elemento más extraordinario de la naturaleza, que a todo le da vida y que está presente en todo rincón del planeta. Pero la fuerza y vitalidad del agua, que todo lo arrastra, que a todo se adapta, que todo lo transforma y todo lo renueva, en el texto de Andrés adquiere la forma de una metáfora de nuestra existencia y sobre todo del nacimiento y crecimiento de las ciudades como estructuras colectivas, que se alimentan en la base de millones de interacciones sin reglas predefinidas, pero cuyas acciones individuales general una conducta global emergente. Sólo la magia y la ficción esplendorosa de Andrés pueden lograr que el lector desprevenido así lo pueda interpretar.

 

edgar ortegon 330Édgar Ortegón
Colombia, Economista por la Universidad Nacional de Colombia y Master of Arts in economics por la Rice University de Houston, EEUU. Ha sido funcionario del Departamento Nacional de Planeación de Colombia. Ex Director de Proyectos y  director de la División y Programación de Inversiones del Instituto Latinoamericano y del Caribe de Población Económica y Social (ILPES),  organismo miembro de la Comisión económica para América Latina y el Caribe (CEPAL). Consultor internacional y referente en planificación, inversión pública y política pública. Es profesor de la Universidad Alcalá de Henares (España), Universidad de Chile (Chile), Universidad del Valle (Colombia) y Universidad Continental (Perú). Ha publicado Guía sobre diseño y destión de la política pública (2008), Fundamentos de planificación y política pública (2012), Políticas públicas: Métodos conceptuales y métodos de evalucación (2015), Una aproximación a la teoría de la complejidad: Política pública y valor público (2018), y en coautoría numerosos textos, metodologías y manuales  sobre identificación, preparación y evaluación de proyectos y sistemas nacionales de inversión pública.

 

Material enviado a Aurora Boreal® por Édgar Ortegón. Publicado en Aurora Boreal® con autorización de Édgar Ortegón. Carátula Fractura © cortesía Alfaguara. Fotografía Édgar Ortegón © Édgar Ortegón.

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