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El poeta colombiano Aurelio Arturo: un hombre en el sur contando historias

casa_al_sud_001Para las nuevas generaciones de ese país de América del Sur llamado Colombia, tal vez no resulte extraño que los círculos literarios se apresten a celebrar en el año 2006 el centenario del natalicio del poeta Aurelio Arturo, y que recientemente la UNESCO haya publicado un voluminoso tomo en el que se incluyen las diferentes versiones de sus poemas, además de una colección de ensayos sobre su obra escritos por notables autores colombianos y extranjeros. Y digo que para ellos tal vez no resulte extraño, pues desde hace unos pocos lustros para acá el nombre de este poeta - y de su obra - cada vez se oye más, es más difundido por diferentes editoriales y es más leído por el público. Sin embargo no siempre fue así. Opacado por sus compañeros de generación, un grupo de fogosos poetas que se hizo conocer en el ámbito de la literatura nacional con el nombre de Piedra y cielo - en homenaje al poeta español Juan Ramón Jiménez - Arturo asumió, sin duda también por razones de carácter aunque su estética distaba mucho de la de aquellos, una posición marginal, lo que contribuyó a que en vida, y aún varios años después de su muerte, su obra sólo fuera conocida por algunos entusiastas.


Nacido en 1.906 en La Unión, un pueblecito enclavado en las cumbres de la cordillera de los Andes, Aurelio Arturo abandonó su vida familiar para ir a terminar sus estudios de bachillerato en Bogotá, la capital del país. De ese rompimiento, de esa nostalgia de los idílicos paisajes de su infancia se nutre Morada al sur, su único libro de poemas. Pero, ¿Qué hace de la voz de este poeta una voz singular? A menos de un siglo de la independencia de España la poesía en América Latina había sido recientemente sacudida por el Modernismo, movimiento literario que iría a modificar la forma de escribir y en alguna medida variaría la forma de hablar, de sentir y de pensar. Hijos de Paul Verlaine y de los simbolistas franceses, los poetas que lideraron ese aurelio_arturo_001movimiento en todo el continente, con el nicaragüense Rubén Darío a la cabeza, pronto tuvieron una pléyade de seguidores que se encargaron de atiborrar con sus fruslerías lo que los otros habían querido cambiar. A las resonancias que del francés trajeron los modernistas a la lengua española, se sumarían otras influencias que sólo en pocas ocasiones han dado cuenta de lo que es el hombre americano en relación con su entorno. ¿Cómo nombrar un territorio en una lengua que no nos pertenece del todo? ó ¿Cómo hacer que esa lengua extranjera se convierta en nuestra para dar nombre a una vegetación, a una fauna, a una geografía que no existe en esa lengua? Han sido muchos los intentos por superar ese escollo en nuestra poesía. Pablo Neruda hizo lo mejor de lo suyo con su Canto General. Aurelio Arturo trazó en unos pocos poemas no sólo un Atlas personal en el que están nítidamente todas sus remembranzas, sino que las recubrió con un aliento épico haciendo que ya no fueran sólo suyas: "En las noches mestizas que subían de la hierba..." Y es que entre otras cosas es esa amalgama en proporciones justas entre sus propias visiones y unas pocas gotas del destino histórico del continente, la que hace misteriosa su poesía. El hombre hace parte del paisaje mismo en el que parte de su sangre ha irrumpido con sus caballos y "con su casco de bronce".
Aurelio Arturo fue gran lector y traductor de poesía de lengua inglesa. Tal vez a ese amor a la literatura anglosajona se deba en parte el hecho de que su voz nos sorprenda de esa manera, pues él se aparta para nombrar este mundo - para todos nosotros familiar - de la palabrería que sus antecesores habían utilizado, con una sobriedad que bien puede hundir sus raíces en los poetas románticos ingleses.
Es fama que ese tímido abogado de corbatín y pelo hirsuto que fue Aurelio Arturo, a veces ni siquiera escribía sus poemas sino que los memorizaba y que, en medio de las bulliciosas fiestas que se formaban en los cafés del centro de Bogotá en los años treinta y cuarenta, de pronto los dijera discretamente a unos de los participantes que quisieran oírlo. Se sabe también que en más de una ocasión fue gracias a que alguno de los oyentes corriera a copiarlo, que hoy en día podemos leer no pocas de las líneas que él iba puliendo en su cabeza. Se dice asimismo que para cuando tenía treinta años ya había escrito, casi en su totalidad, los poderosos y delicados versos que componen Morada al sur. En rigor, este libro está compuesto por sólo 15 poemas que giran todos en torno a la antigua casa y al ámbito familiar. Aparte de esos textos Arturo escribió otros 18 poemas que aparecieron en revistas y diferentes publicaciones a lo largo de los años, junto con algunas traducciones sueltas de poesía escrita en lengua inglesa. Sin proponérselo Aurelio Arturo se suma a lo que cada vez va pareciendo más una tradición en la poesía colombiana: una obra brevísima que deja en los lectores una maravillada sensación de frustración. Ya el poeta modernista José Asunción Silva, la voz mas sensitiva que conoce la poesía colombiana, había iniciado ese camino cuando se suicidó al cumplir apenas 31 años, dejando una obra no por breve menos cautivadora.
Colombia es un país que se ha preciado de ser un país de poetas, cuando en realidad fue un país de gramáticos y retóricos que hacían de políticos, llegando algunos de ellos a ser presidentes de la república en el siglo XIX. A través de las brumas andinas de la ciudad colonial que fue Bogotá -y que en cierta medida sigue siendo- se paseaban los herederos de unas castas excluyentes que jamás aceptaron su condición de mestizos, que versificaban con tanta facilidad como poca fortuna y que traducían a Virgilio. De resto ha habido poetas de todas las pelambres -algunos de ellos con grandes hallazgos, hay que reconocerlo- y una profusión de trovadores de tinte folklórico. En medio de ese panorama disparejo y abigarrado la voz de Aurelio Arturo nombra como ninguna otra, con gran frescura y cadencia, este país "en donde el verde es de todos los colores". Sus poemas son canciones que amorosamente rememoran la infancia, la feraz geografía donde transcurren sus días, aquellos que "uno tras otro son la vida".

El poeta colombiano Aurelio Arturo: un hombre en el sur contando historias enviado a Aurora Boreal® por cortesía de la escritora Martha Canfield.

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