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Manuel Recomienda

Manuel recomineda...

manuel cabrales 250A la memoria de Manuel Esteban Cabrales Rives

Manuel Esteban Cabrales
18 de julio de 1943 – 8 de julio de 2019

 

El año: 1948. El escenario: La casa de los Portales de la Marquesa en La Albarrada de la Villa Colonial de Mompox, distinguida con el número 15-51, en la costa caribe colombiana, donde, en ese momento, residía mi padre con su familia y luego sería la residencia de la familia Cabrales Rives, como lo es hasta hoy.

Dos niños juegan a las escondidas; el uno, con apenas dos años, el otro, de cinco. El mayor empuja la puerta para no ser sorprendido y la mano izquierda del menor sufre al quedar atrapada con el portazo, la primera falange de uno de los dedos se destroza para siempre. Yo era el menor y el mayor Manuel Esteban. Y ese fue una especie de pacto o bautismo de sangre que nos unió para siempre.

manuel cabrales 375Pasan los años y más tarde, los entonces ya jóvenes estudiantes de bachillerato; el mayor, del Colegio Biffi de Barranquilla, ya graduado, y el menor, todavía en las aulas del Colegio La Esperanza de Cartagena, se reúnen en esta última ciudad para hablar de sus proyectos de vida. El mayor dice que se va a estudiar a Italia y viaja a ese país.

A partir de ese momento, tenía noticias de la vida de Manuel Esteban a través de su hermano Enrique, por quien supe que se desempeñaba como periodista y fundador y colaborador de varios medios informativos que respondían a su activa militancia política en aquellos difíciles tiempos de la Italia de los años setenta, de las Brigadas Rojas y del asesinato de Aldo Moro.
Esto lo traigo a cuento para explicar cómo mi personaje se fue constituyendo para mí en una especie de mito, de leyenda.

Una noche romana Manuel Esteban se conoce con Angela Trezza en casa de una amiga común y fue el flechazo instantáneo. Desde ese momento no se separaron jamás y protagonizaron una historia de amor que los llevó a estar unidos para siempre.

Cuando viajé a Europa, recién casado con mi Piedad de siempre, lo primero que hice al pisar tierra en Madrid fue llamar a Roma desde un teléfono público en el Aeropuerto de Barajas y oír el “pronto” de la voz de Manuel Esteban al otro lado de la línea. En esa oportunidad nos vimos en Roma y una noche amanecimos contándonos historias de nuestras vidas, algunas reales y otras con algo de fabulación a lo cual ambos éramos inclinados.

Diez años después de conocerse, Ángela y Manuel Esteban, de paso para Colombia en su primera visita como pareja a nuestro país, llegan a Caracas con la intención de él, en su ejercicio de periodista, de entrevistar al entonces jefe guerrillero Douglas Bravo, quien vivía en la clandestinidad. Después de una novelesca trama de códigos y contactos subrepticios, la entrevista se frustró por el control de la policía secreta venezolana, según ellos me contaron.

Desde Italia, fue colaborador del periódico colombiano El Tiempo. Fue analista e investigador de la ENI, la célebre empresa energética italiana para la cual rendía informes de la situación social y económica de diferentes países del mundo.

Después de esos encuentros, vinieron otros y otros, ya acompañado de Ángela, incluso una larga estadía diplomática de ella como Directora del Instituto Italiano de Cultura en Bogotá, cargo que aceptó para “exorcizarle Colombia a Manuel”, según ella me confesó. Y ese exorcismo lo cumplimos en Barranquilla, la ciudad de su bachillerato, de la mano de un guía inmejorable, Carlos Pinillos, su cuñado, conocedor de la Barranquilla profunda y caribe, hoy también fallecido y a quien rindo un homenaje de cariño. Y luego en Mompox, su nunca olvidada ciudad natal, y hasta en pueblos como San Pelayo, al son de los porros interpretados por papayeras legendarias; y especialmente la Cartagena de Indias, mágica en su belleza y en sus gentes, que, como lo afirmara el extraordinario poeta y entrañable amigo Félix Turbay, “ la hizo Dios cuando era marinero”.

Manuel Esteban, acompañando a Ángela en su labor diplomática, residió en Marruecos, Dinamarca, Republica Checa y la India. Visitó muchos países de todos los continentes, lo que lo hizo ciudadano del mundo.
Juntas, las dos parejas, compartimos experiencias en diferentes sitios y culturas como Nueva York, París la Habana, Roma, Praga, Nueva Delhi. Fue mi mentor y cómplice para que la revista danesa Aurora Boreal, de la cual él fue columnista habitual, publicara mis cuentos y ensayos.

Y aquí estoy, acompañado de su Ángela -“Angelco”, como cariñosamente él la llamaba-, mi Piedad, sus hermanos- Cecilia, Aida y Enrique-, su cuñada y cuñados, sus sobrinos, mi hija Juliana -quien vino en representación de sus hermanos-, familiares y amigos para rendir este testimonio fraternal de admiración y cariño a este intelectual, libre pensador, humanista y cosmopolita pero siempre orgullosamente colombiano ya que sólo adquirió la ciudadanía italiana cuando para ello no fue necesario renunciar a la colombiana. Y decirle hasta luego a “muñeco de loza”, su apodo familiar, y al “Príncipe del Caribe”, como lo llamara Guillermo Camacho, el editor de la Revista Aurora Boreal. Y sobre todo recordarlo, con la convicción de que permanecer en la memoria de los hombres es lo más parecido a la inmortalidad. Acompañarlo en su retorno póstumo a la Villa de los Portales de la Marquesa. Esos portales, cuya descripción plasmó magistralmente en un bello poema el cartagenero Daniel Lemaitre Tono:

“Os vuelvo a ver cuando se muere el día,
“nobles dinteles y casonas viejas,
“el mismo alero de afelpadas tejas
“la misma cruz que sobre el muro había.
“Cuando al amor mi juventud reía
“y soltaba del ensueño las madejas
“me embriagaba de amor, cabe estas rejas,
“con vinos que la tarde me traía.
“Más hoy, viejo rincón estás desierto,
“la tarde llega al ventanal sin flores
“y cual sintiendo tu dolor y el mío
“besa la cruz con pálidos langores
“y derrama sus vinos soñadores
“en la silente majestad del río”

Y acá, a estos rincones, tan caros a nuestros mutuos afectos, regresas, Manuel Esteban Cabrales Rives, como los toros de casta que buscan su querencia, para que tus restos reposen en la tierra que te vio nacer, en el cementerio de Mompox, donde, como lo afirma la inscripción en su entrada, “confina la vida con la eternidad”. Hágase tu voluntad, hermano mío.

Mompox, octubre de 2019

 

 

manuel domingo rojas 350Manuel Domingo Rojas Salgado
Colombia, es abogado, poeta, escritor, historiador y se ha desempeñado como columnista, residente editorial de medios impresos, rector universitario y actualmente preside una Institución Universitaria en su país, Colombia. Ha publicado libros de cuentos y de historia y ha sido Alcalde Mayor de su ciudad Cartagena de Indias en dos oportunidades. Algunas de sus obras han sido incluidas en antologías en su país y en el exterior.

 

 

Material enviado a Aurora Boreal® por Manuel Domingo Rojas. Publicado en Aurora Boreal® con autorización de Manuel Domingo Rojas.

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