El ilusionista

Mi papá siempre repetía que yo era una persona especial. Lo decía con un énfasis muy parecido a la rabia.

La palabra “es-pe-cial” salía de su boca como si la escupiera. Se le abrían extrañamente los ojos, como cuando me quería golpear. Pero él siempre lanzaba esa mirada contra todo, nunca lo tomé personal. Con el tiempo me fui dando cuenta de que, de hecho, sí era una persona especial. Fui descubriendo mis poderes. Cuando mi mamá se encerraba durante horas en la cocina para preparar el atol de elote que tanto le gustaba a mi papá, me gritaba que no entrara, porque si lo miraba, se le iba a cortar. Y cuando me mandaban a traer tortillas, escuchaba desde el fondo del cuarto oscuro, junto con el crepitar de la madera, la voz de doña Rosa que gritaba que me quitara de la puerta, que el fuego se le iba a apagar. Fue allí, con doña Rosa, donde conocí a Elena. Ella tenía el poder de cortar el huevo batido y escuchar mensajes de Dios. Cuando resultó embarazada, Dios le dijo que nos teníamos que casar. Pero seguramente se equivocó. La navidad del año en que nació nuestro segundo hijo la oí gritar que había logrado destruir su vida, que había logrado destruir nuestra familia, entonces supe que mis poderes estaban fuera de control. A gritos pidió que desapareciera, pero ella no tenía ese poder. Por lo menos no hasta unos días después cuando quien desapareció fue ella, junto a mis hijos y el poco dinero que teníamos. Desde entonces, me he sentado durante horas en medio del cuarto, ya vacío de ellos, y me he esforzado para hacerlos aparecer. Hoy, finalmente, los vi entrar. Llenaron todo de nuevo con sus voces y sus ruidos pequeños. Y seguramente se habrían quedado si hubiera mantenido los ojos cerrados. Estoy llegando a creer que, después de todo, mi padre nunca tuvo razón.

 

despues fin 350Vania Vargas
Guatemala,1978. Poeta, narradora y periodista cultural. Licenciada en Letras por la Universidad de San Carlos de Guatemala. Autora de los libros de poesía Cuentos infantiles (Catafixia editorial, 2010), Quizá ese día tampoco sea hoy (Editorial Cultura 2010), Los habitantes del aire (Editorial Cultura 2014) y Señas particulares y cicatrices (Catafixia editorial, 2015); y del libro de cuentos Después del fin (El Pensativo, 2016). También es parte de las antologías Microfé: poesía guatemalteca contemporánea (Catafixia editorial, 2012), El futuro empezó ayer, apuesta por las nuevas escrituras de Guatemala (Catafixia editorial, 2013), Brevísimos dinosaurios (CCE, Guatemala, 2009), y Ni hermosa ni maldita, narrativa guatemalteca actual (Alfaguara 2012). Trabaja como correctora de estilo. Los cuatro relatos aquí publicados hacen parte del libro Después del fin.

 

Relato "El ilusionista" enviado a Aurora Boreal® por Vania Vargas. Publicado en Aurora Boreal® con autorización de Vania Vargas. Carátula Despues del fin © cortesía de Vania Vargas. Foto de Vania Vargas © Archivo de la autora.

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