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Puro Cuento

Recolectar sombras

brenda morales 250No eran más que sombras. Todos mis sentidos las percibían como siluetas, espectros o cuerpos vacíos. Me recordaban las manchas que deja el velo en un carrete fotográfico. Yo podía verlas, pero, por más que intentaba, no lograba descifrarlas. Eran imágenes opacas, casi imperceptibles. Parecían inanimadas y, sin embargo, sentía que me miraban. Incluso sentía que me hablaban, creía que lo hacían porque alcanzaba a ver que algo parecido a una boca se movía sin que mis oídos consiguieran escuchar sonido alguno.

Solían presentarse sin avisar y no siempre eran las mismas, o quizá mutaban sin que me diera cuenta. Empecé a sentirlas en las tardes, a esa hora en la que la luz del sol da paso a la de la luna. Cuando me había acostumbrado a esas apariciones cambiaron su rutina. Poco a poco me acompañaban de día y en las situaciones menos oportunos.

Podía pasar mucho tiempo sin verlas, iban y venían, aunque su presencia siempre estaba latente. Sabía que me las encontraría de pronto, cuando menos lo esperara. Al principio me estresaban y no es que fueran particularmente molestas o temibles, sólo que me incomodaban, de una extrañaba manera me hacían sentir presionada, como si estuviera vigilada por unas carceleras que no me daban la cara.

Todos los días pensaba en maneras de acabar con ellas. En varias ocasiones se me ocurrió encerrarlas, juntarlas en frascos de vidrio para después dejarlas en un lugar donde la luz las obstaculizara. Aunque por momentos creía que era una gran idea, en el fondo estaba consciente de que esa no era una solución definitiva porque ¿cómo podría asirlas? Y, sobre todo, ¿en qué lugar de mi cabeza iba a guardarlas? Las seguiría pensando, no me quedaba ninguna duda.

El cansancio y el peso de tener que soportarlas estaba acabando conmigo. Al borde de mi desesperación se me mostraron dos caminos: aprender a que me rondaran sin afectarme o enfrentarlas y, de ser posible, deshacerme de ellas. Tras varios intentos fallidos que lo único que me dejaron fueron frustraciones y enojo, me quedó claro que nunca se iban a ir del todo. Apenas lo entendí, dejé de sentirme ahogada. Nunca supe por qué. Era como si esperaran que, tarde o temprano, me diera cuenta de que había sido el objeto de sus juegos. Como aceptando el trato, nunca volvieron a molestarme. Pasaban de largo sin detenerse en mí. Aprendieron a ignorarme y yo a ellas, convivíamos en la paz que sólo la oscuridad podía darnos.

 

brenda morales 350Brenda Morales Muñoz
Ciudad de México, (1980) es doctora en Estudios Latinoamericanos por la UNAM y se especializa en narrativa latinoamericana contemporánea. Escribe cuentos, especialmente formas breves, algunos de ellos han sido publicados en revistas literarias y antologías electrónicas.

 

Material enviado a Aurora Boreal® por Brenda Morales Muñoz. Publicado en Aurora Boreal® con autorización de Brenda Morales Muñoz. Fotografía Brenda Morales Muñoz © archivo personal del autor.

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