Aurora Boreal

Martes, May 26th

Last updateDom, 24 May 2020 11am

Home > Literatura > Puro Cuento > El lujo - Carolina Sanín

Puro Cuento

El lujo - Carolina Sanín

carolina sanin 250Las vacaciones del colegio eran largas y yo las pasaba en la casa de mi abuela. Mi abuelo estaba vivo, pero durante el día estaba trabajando; por eso me salió decir la casa de mi abuela y no de mis abuelos. Mi madre me llevaba por la mañana y me recogía al caer la noche. En la biblioteca había un escritorio y, sobre el escritorio, una estatua de cerámica con la figura de Gandhi, que, para mí, era la figura de mi abuelo. O de un hermano de mi abuelo a quien tal vez nadie conocía. Gandhi era áspero, cetrino, opaco, salvo el dhoti, que era liso, brillante, de esmalte blanco. El dhoti era el foco de la estatua y era el lujo. Al tener una textura distinta del resto, parecía venir de otro tiempo que el resto. Saltaba a mis ojos. Era el mismo blanco de mis ojos. Por supuesto, yo no conocía la palabra dhoti entonces. Lo blanco de la cerámica era una toalla envuelta alrededor de la cintura de Gandhi, que era un “héroe de la paz” y no mi abuelo ni su hermano.

En el cajón del escritorio estaban las hojas blancas. Papel bond tamaño carta. Eran un lujo. Durante el año escolar uno escribía en papel áspero y pequeño: en cuadernos cosidos, amarillentos, con rayas o cuadritos; en hojas que tenían doble margen y se seguían unas a otras. Aquello seguía y seguía. Yo anotaba en clase todo lo que la profesora decía, como si fuera un dictado, para terminar rápido el cuaderno y comenzar otro. Llenar cuadernos era el trabajo, mi condición, el tiempo del colegio. Las hojas blancas del cajón del escritorio eran para que mi abuela le escribiera cartas a una de sus hijas, que vivía en Nueva York. Y para que yo pudiera hacer lo que quisiera.

Las hojas blancas de las vacaciones eran vacías, sueltas, separadas, únicas e ilimitadas. La pura incoherencia. Cada una, un país lejano. Cada una era toda para uno, toda para todo. Yo quería hacer tres cosas con ellas: planos de casas, diseños de vestidos y listas de nombres de niñas.

Dibujaba la casa donde iba a vivir cuando viviera sola. Aquí, en este rectángulo, la sala, que dará a un jardín. Aquí, mi cuarto. En el baño, una piscina. En mi cuarto, junto a la ventana, lo más importante: una mesa baja de mimbre con sillitas de mimbre alrededor. No sabía dónde había visto una mesa así. ¿Quiénes iban a sentarse en esas sillitas a hacer qué? ¿Unas niñas, cuando yo no fuera una niña? ¿Se sentarían a mirar las mismas sillas, a pensar en el resto de la casa que yo había imaginado? La casa, la vida, todas las cosas que iban a caber en la vida estaban en esa mesa redonda con cuatro asientos de mimbre para que unas niñas pudieran visitarme: ese sería el lujo. El futuro era un cuarto donde el pasado se sentaría a descansar.

Dibujando vestimentas desperdiciaba mucho papel durante las vacaciones. Si me equivocaba o cambiaba de parecer, no borraba sino que cambiaba de hoja. Había una mujer vertical en cada hoja, con botas o zapatos abiertos, falda o pantalón, blusa, chaqueta, cinturón, una hebilla en el pelo, o dos, una cartera colgada del hombro, aretes, collar, pulsera. Se llamaba diseño de modas. Como yo vestía a esas mujeres nadie se vestía. Eran atuendos nunca vistos. Dibujaba sin colores, solo con el lápiz. Los colores serían los que cualquiera quisiera. Ese era el lujo.

A veces trazaba renglones con una regla en la hoja blanca. Era el juego más largo de las vacaciones. Convertía las hojas lisas en hojas parecidas a las ordinarias de los cuadernos escolares. En cada renglón escribía un nombre, a veces compuesto, siempre con dos apellidos. La hoja era la lista de las alumnas de una clase en orden alfabético. La hoja era también el salón de clase. Con solo poner sus nombres, yo veía a las alumnas. Sabía si habrían podido ser amigas de una como yo. Cuáles se agrupaban entre sí. Cuál tenía nombre de ser la más aplicada del curso (Juana Paola). Cuál iba a tener que esforzarse para que sus calificaciones no decayeran de esa manera a lo largo del bimestre. Cuál tartamudeaba cuando la ponían a leer en voz alta. Y la que no tenía amigas, no sé por qué. Nadie sabía por qué.

Su nombre no daba ninguna pista sobre la razón por la que las demás no se metían con ella. En el recreo, cuando la veían de lejos, gritaban: “¡Se vino, se vino!” y salían a correr. Y ella ni siquiera habría querido juntarse con ellas; ni siquiera quería que la vieran. Quería ser como la hoja blanca: un salón vacío, un país solo, un lugar que va de aquí a aquí y desde todo esto hasta esto otro.

Yo no sé si he conocido en mi vida el amor. Es demasiado vasto el amor. Es el polo norte o el polo sur, blanco, borrascoso, absoluto, inexplorado, en el límite del mundo, dándole redondez al mundo. El amor que me conoce es triste: ni un desierto pedregoso en el centro del mundo es tan triste como él. Amarillo. Admirado. La amistad sí la he conocido. La amistad ha sido la vida, la alegría del tiempo: tampoco una blancura libre, sino un camino.

Uno cierra los ojos y se da la instrucción de imaginar un camino, así simplemente, un camino, y el camino que se le aparece en el ojo de la mente es de tierra, más angosto que ancho, bordeado de árboles. Sombra con sol. Un camino no es la hoja blanca, sino el renglón en la hoja. Un camino es una parte. ¿Qué cosas que no sean un camino se parecen a caminos? Una serpiente, un pelo, una oración escrita, un lazo, una vena. No sé si un río. Un nombre. La conversación.

Las niñas cuyos nombres yo componía en la hoja blanca no eran mis amigas. Yo no las conocía; las estaba creando y era su profesora. ¿Cómo crear lo que no se conoce y cómo no conocerlo tampoco después de haberlo creado? El nombre aparecía en el renglón (Arango Isaza Isabel), y eso que se nombraba tenía una vida de cada día, padres, abuelos, vacaciones, sin que yo me detuviera a imaginar el nombre de los padres ni el de los abuelos, ni los juegos de las vacaciones.

Yo nombraba a mis no amigas y lo suyo quedaba suelto y existiendo, sin que me fijara en ello, sin que supiera que lo sabía: el pensamiento no le dedicaba tiempo. Báez Arocha Dina Roberta: por fuera del tiempo se extendía la vida de esa niña mientras yo pasaba adelante, en mi día de vacaciones, a inventar a la alumna siguiente, cuyo apellido debía comenzar por C, y a dar de su vida solo una pista: “Puede mejorar la letra”, dejando en silencio todo lo demás. Así tal vez había hecho Dios al crearme. El lujoso Dios, el esmalte blanco, el blanco del ojo, la hoja en el cajón.

Al final del juego llamaba a lista y nadie estaba.

 

carolina sanin 350Carolina Sanín
Colombia (1973). Es autora de las novelas Todo en otra parte (2005) y Los niños (2014), del libro de relatos Ponqué y otros cuentos (2010), de los libros de humor Yosoyu (2013) y Alto rendimiento (2016), del libro para niños Dalia (2010), del ensayo biográfico Alfonso X, el Rey Sabio (2009) y de la antología crítica Pasajes de Fernando González (2015). Obtuvo un Ph.D. en Literatura Hispánica y Portuguesa de la Universidad de Yale. Ha sido profesora en SUNY Purchase y en la Universidad de Los Andes. Sus cuentos y ensayos han aparecido en diversas publicaciones colombianas y de otros países. Ha sido columnista de El Espectador, Semana.com, Semana Sostenible, Credencial, Vice y Arcadia.

 

 

Relato seleccionado y enviado a Aurora Boreal® por Carolina Sanín. Publicado con autorización de Carolina Sanín. Este material también fue publicado en el Especial Autores Colombianos de Aurora Boreal® - Número 23-24, Mayo / Septiembre 2018 y en la revista Matera, 2017. Publicado con autorización de Evelio Rosero. Fotografía de Carolina Sanín © Simón Ganitsky.

Para descargar el Especial Autores Colombianos de Aurora Boreal® - Número 23-24, Mayo / Septiembre 2018 pulse aquí.

EMOTIONAL ALCHEMY

art alchemy500

Aurora Boreal

Sample image

AURORA BOREAL® para los amantes del español.

ISSN 1903-8690  Versión digital.
ISSN 1902-5815   Versión impresa.

Aurora Boreal® es una marca registrada.
Aurora Boreal® no se hace responsable de las opiniones de nuestros colaboradores.

Aurora Boreal® la revista para los amantes del español que hacemos desde Dinamarca.

Aurora Boreal® es la plataforma digital de la Editorial Aurora Boreal®  CVR nr. 37034584

Brandlive Colombia

an full ecommerce 280x240

Derechos de autor

Los derechos de autor de todos los contenidos de este sitio
son propiedad de Aurora Boreal® o de los autores individuales,
y ninguno de los materiales puede utilizarse en otro lugar sin un
permiso por escrito. Para consultas de reimpresión, contáctenos

Aurora Boreal
Dalvej 15
2820 Gentofte
Dinamarca
Tel +(45) 40 80 77 39

CVR nr. 37034584