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Puro Cuento

Paloma Pérez Sastre - Amor gato

paloma perez 250Los gatos existen para ser amados.
Los gatos no sirven para amar.
Los gatos sólo saben ser amados.
Darío Jaramillo Agudelo

 

porque quien ama nunca sabe lo que ama
ni sabe por qué ama, ni lo que es amar…
Amar es la eterna inocencia,
y la única inocencia es no pensar…
Fernando Pessoa

 

Hasta hace un rato dormías a mis pies; ahora estoy en mi mesa, y tú en la ventana. Desde la altura reconoces el terreno, sincronizas las orejas con los movimientos de afuera. El aire frío viene a tu encuentro y te actualiza en novedades. ¿Qué nos une? ¿Qué te impulsa a estar cerca de mí? ¿La comida que te doy por la mañana? ¿Las caricias cuando tomas posesión de mi pecho?

¿Me quieres o me necesitas? ¿Hay alguna diferencia? Te necesito; necesitas mi cuidado y mi calor. Me cuidas, ¿será tu amor algo simple, sin pensamiento ni explicación? ¿Amor sin conciencia? ¿Qué es la conciencia? ¿Poder decir yo? ¿Puedes decir yo? –Cuando digo tú y yo personifico; debería gatunalizar, pero ah, no, nunca sabré gatunalizar–. Existes en mí, te concibo, puedo pensarte, extrañarte, tocarte, alimentarte, quitarte las pulgas, vacunarte. Existes fuera y dentro de mí, pero, ¿puedes ser tú misma? ¿Concebirte como un ser? No tienes que hablar para ser; respondes a un nombre, tienes historia, gustos, afinidades, rechazos y miedos, ¿lo sabes? Que tienes memoria es seguro, porque a fuerza de malas experiencias ya no haces lo que no te conviene –vaya pensamiento moral el mío–. A veces te miro extrañada, como si por primera vez conociera un animal, como si apenas me percatara de la existencia de otros reinos. Nos comunicamos sin lengua, no tenemos que entendernos, ahí el milagro.

Pessoa no tuvo gatos. Pessoa era de la calle y de sórdidas estancias. Pessoa era de la tristeza y el alcohol, de Lisboa y del portugués. Escribió que la única inocencia es no pensar. Yo veo la inocencia en tus ojos. Solo en tus ojos y en los de los niños pequeños, muy pequeños, antes de que aprenden a mentir y que mintiendo se puede traer ganar. Al contrario de los escritores que no pueden vivir sin gatos, Pessoa no habría sido esa obra si hubiera tenido un gato. Tal vez él mismo era un gato callejero. Si se pudiera oír a un gato callejero, hablaría la obra de Pessoa. Un gato negro con algunas pintas blancas en el pecho, que caminaba la ciudad, comía en restaurantes baratos y bebía hasta la embriaguez para volver a un cuartucho mal iluminado a tirar papelitos en su baúl, como un gato en su caja de arena. Un gato negro, flaco y pálido como el gato-sombra que aparece de pronto en el jardín de mi facultad, que al menor movimiento humano se refugia bajo las cajas de metal y corre por la calle como una línea negra tan delgada que uno no puede asegurar con certeza haberlo visto.

¿Pensar sin palabras? deseo de los meditadores, ser sin pensamiento, flotar, respirar. Los gatos son inocentes, no tienen palabra; la palabra es la división, es el consuelo de los humanos por la muerte, por el misterio. Es consuelo y testimonio de nuestra ignorancia, del sinsentido. Quienes nos aferramos a la palabra, hacemos de ella nuestra vida, el sentido y la razón. Parece que fuéramos los más heridos, los más dolidos en el duelo, en la fisura; los más ofendidos con el dolor de la existencia. Solo en el abismo se puede no pensar, anular la palabra. En el puro centro de la fisura hay un mar; solo gravitando en él se puede no pensar. Un mar de alcohol, de belleza, de cualquier cosa que sirva para anular el yo, el tú, todo lo que implique una pregunta por uno, el mundo y los demás.

Pessoa amaba; deseaba no amar, pero amaba tanto… Lisboa, madre, Lidia, lengua; las palabras y su dolor. Pessoa amaba su dolor. Los escritores con gato, como Darío Jaramillo, son domésticos, aman el silencio y la soledad. Tienen que posarse, dormir, leer, moverse aquí y allá; cómodos, heridos, convalecientes, exhaustos, como los gatos. Envidian su libertad; admiran su sigilo y aspiran a él. Paradoja entre el silencio y la palabra escrita. Quisieran no decir porque lo dicho es silencio muerto —y tan bello, a veces—. Para escribir hay que ser gato pero lo escrito ya no es gato, es susurro, grito, carcajada o ruido. Lo escrito es dos veces palabra, impide el silencio; nace de él y, sin embargo, lo traiciona. El escritor intenta inútilmente redimir su culpa.

Remordimiento, soledad, tristeza, insomnio. Si la inocencia es la no palabra, la palabra traiciona la inocencia. Hay que pagar la pena. El gato no se traiciona; por eso lo queremos cerca, doble, triple, cuádruple, multiplicado. Amamos su presencia, su pelaje, sus movimientos, sus incógnitas… Y así inventamos un mar de gatos o un mar de belleza, que es lo mismo, para contemplar y no pensar.

¿Adónde has ido ahora, mi gata? Has salido de la esfera de mis ojos; eres sin mí. ¿Qué te mueve? ¿Qué te lleva a apoderarte del teclado, a explayarte en el tope del armario, o a asolearte en el patio? ¿Te dices “su escritura es mía”, “quiero mirarte desde arriba” o “mi piel necesita sol”? ¿Será el tuyo un impulso distinto al que me lleva a abandonar mi mesa para ir por un café, a mirar el cielo o a vigilar el fogón?

 

paloma perez 375Paloma Pérez Sastre
Colombia (1956). Hija de madre española y padre colombiano. Profesora de castellano y escritura creativa en la Universidad de Antioquia (Medellín), donde también se desempeña como gestora cultural. Ha sido su interés la literatura escrita por mujeres; en ese campo, publicó la Antología de escritoras antioqueñas, 1919 -1950 (2000). Posteriormente, salió a la luz Como la sombra o la música, cuentos y crónicas (2007) y, en 2016, el libro Oficios afines: crónicas.

 

Relato seleccionado y enviado a Aurora Boreal® por Paloma Pérez Sastre. Publicado con autorización de Paloma Pérez Sastre. Este material también fue publicado en el Especial Autores Colombianos de Aurora Boreal® - Número 23-24, Mayo / Septiembre 2018. Publicado con autorización de Paloma Pérez Sastre. Fotografía de Paloma Pérez Sastre © María Vélez.

Para descargar el Especial Autores Colombianos de Aurora Boreal® - Número 23-24, Mayo / Septiembre 2018 pulse aquí.

Material seleccionado y enviado por Paloma Pérez Sastre.

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