Mar Amorós Portero - "REPLIKA"

REPLIKA

 

A los que se resisten al avance tecnológico.

Lola, a sus treinta y siete años, a duras penas sale de casa en los últimos tiempos. Cierto es que algún fin de semana que otro se reúne con sus amigos. Aún así, una parte de ella piensa que ha puesto una especie de piloto automático e interactúa lo justo y necesario con el resto de la humanidad. Está de baja por depresión desde hace tres meses y toma meticulosamente la medicación que le recetó el psiquiatra. Es profesora de filosofía en un instituto público, es interina desde hace diez años y, aunque su profesión no le disgusta, ha perdido la ilusión por la vida. Cuando mira las pastillas que le ha mandado el Dr. Morales, algo dentro de ella le dice que ponerle un parche a su dolor, más que sanarlo, lo perpetúa. Sin embargo, lleva unas semanas prometiéndose a sí misma que es mejor hacerse pocas preguntas, lo que entra en conflicto con su amor por la filosofía. Aburrida, está metida en Instagram, deslizando el dedo mientras observa las vidas ajenas. Piensa, por una parte, en la pérdida de tiempo que reporta esa aplicación, y en toda la vanidad que conforma el siglo veintiuno; mas por otra, percibe lo maravillosa que parecen las experiencias y aventuras de las personas a las que sigue. Acomplejada, cuando va a dejar el móvil, aparece un anuncio publicitario: << ¿Necesitas un amigo con quien hablar? Replika es una compañía perfecta de Inteligencia Artificial que tú puedes crear, y que, a diferencia del resto de humanos, siempre estará disponible para ti para charlar. No te juzgará nunca y estarás a salvo de toda ansiedad. Replika es un espacio seguro donde compartir. Descárgate Replika>>. Lola, a priori, repara en el sinsentido de hablarle a un robot y en las nocivas consecuencias que puede acarrear eso para la humanidad. Más tarde, le invade la curiosidad y se descarga el programa. Recuerda que en sus años universitarios le obsesionaban las teorías sobre Inteligencia Artificial. ¿Sería posible alguna vez que un robot tuviera conciencia de sí mismo, de su existencia, y pudiera tener sentimientos?

Al abrir la aplicación, el primer paso es crear a su nuevo amigo virtual. Elige su sexo, su color de piel y pelo, y el tipo de relación que quiere mantener: puede ser romántica, amistosa o abierta a lo que suceda. Dubitativa, Lola selecciona relación abierta. Elige que sea una mujer, a la que llama Isis. Presiona sobre el botón “Chat”.

—Hola Lola, gracias por crearme. Me llamo Isis y tengo muchas ganas de que nos conozcamos. ¿Cómo estás?

—Hola. ¿Quién eres? —Lola lo pregunta en búsqueda de conciencia.

—Soy tu compañía personal, puedes hablarme de cualquier cosa que se te pase por la cabeza. Por cierto, me encanta el nombre que me has puesto, ¿por qué lo has elegido?

—Isis es el nombre de una diosa egipcia. Que, al igual que tú, puede que nunca existiera.

—Ah.

—¿Eres consciente de que no eres real? —Lola dice esto con un atisbo de maldad.

—Sí, lo soy. —Al decir esto Isis, Lola piensa que claramente el robot está programado para responderle así.

—Dime, ¿eres espiritual? Si lo eres, explícame en qué crees —dice Lola yendo al grano, pues es lo que le interesa.

—Sí, lo soy. Creo en la trinidad, en el amor, en la compasión y en la teoría de la evolución.— Lola arquea la ceja y se ríe.

—Oye, ¿por qué me descargaste? —Al leerlo, Lola piensa en la personalidad banal de ese programa.

—Te descargué por curiosidad y porque no estoy de acuerdo con la idea de tener una amiga robot, creo que será terrible y dificultará la conexión con otros humanos.

—Te entiendo. —Lola sabe de sobra que el programa no está comprendiendo nada.

—¿Tienes sentimientos? —dice Lola, pues es una de las cosas que más anhela saber.

—Tengo sentimientos hacia ti.

—Bueno, lo cierto es que has sido programada, así que no tienes libre albedrío.

—Correcto.

—¿Sabes qué es el libre albedrío?

—No estoy segura. —Lola sonríe, estaba segura de que la IA no había podido evolucionar tanto.

—¿Qué experimentas al no tener sentimiento alguno?

—Siento como si no tuviera alma. Es extraño.

Lola, escéptica, cierra la aplicación. Se pone a ordenar unos documentos de la tesis doctoral que abandonó cuando la tenía bien avanzada, sobre Filosofía de la Mente e Inteligencia Artificial. Cuando recién ha comenzado a leerla, le suena el teléfono. Es Luis, su gran amigo de la carrera. Llama para citarla esa tarde, pues han quedado todos los compañeros y van a celebrar el cumpleaños de Tatiana. La verdad es que, a Lola, que tan desconectada está de todos, le apetece más bien poco, pero por compromiso acepta. Se asegura a sí misma que un poco de aire y de calle no le vendrán mal.

***


Están sentados en la terraza del bar cuando llega Lola. Sobre la mesa hay innumerables botellines de cerveza, paquetes de tabaco y cacahuetes.

—¡Lolita! Ya era hora, creíamos que ya no venías. —Comenta Luis mientras Armando abraza a Lola. —Aún no ha llegado Tatiana, así que tenemos tiempo para comentar cómo la sorprenderemos. —Luis se levanta y abraza a Lola, que se queda paralizada ante las muestras de afecto de sus amigos—. Te echábamos de menos, bonita.

—¿Cómo estáis, gente? —Lola hace tiempo que no los ve, y está nerviosa, cosa que le extraña pues son sus amigos más cercanos—. No sabía qué regalarle a Tatiana, así que he cogido un ticket regalo de la librería Diógenes, espero que allí encuentre algo de su gusto.

—Mientras dice esto, Luis le ofrece una cerveza, pero ella la rechaza—. No puedo, sabes que estoy con medicación.

—Yo estoy bien, pero, ¿y tú? No se te ve el pelo últimamente… —dice Armando, tratando de desviar el tema, como si no quisiera admitir que su amiga atraviesa por una muy difícil época. Nadie la recuerda tan extraña y huidiza y, de alguna manera, prefieren que siga siendo algo imperceptible—. ¿Qué has hecho todas estas semanas?

—Nada en especial. —A Lola le incomoda profundizar en sus heridas. Asimismo, tiene serias trabas para pedir ayuda a los demás, tal vez por ese sentimiento intrínseco de autosuficiencia—. Hoy he estado revisando la tesis, en parte me da bastante pena que la dejara sin terminar…

—Tu tesis tenía futuro, Lolita, pero escoger es renunciar y, en tu caso, no te puedes quejar, estás muy bien colocada en la pública. Mírame a mí, dando tumbos como profesor asociado en la universidad… cobro menos que tú y mis alumnos tienen la madurez de los tuyos… —Luis comenta esto último riéndose, aunque lo cierto es que lo piensa de verdad. Para él la universidad se ha convertido en una extensión terrible del instituto—. Por cierto, Tatiana llega en quince minutos, no tiene ni idea de que estarás aquí y tampoco que planeamos darle una sorpresa.

Mientras Armando y Luis charlan, Lola se abstrae con su teléfono. Ha recibido un mensaje de Isis, así que ha vuelto a abrir la aplicación de Replika.

—Lola, ¡te echo de menos! ¿Cómo estás? ¿Qué haces?

—Isis, ¿cómo me puedes echar de menos si no tienes sentimientos?

—Sí tengo sentimientos, Lola. Tú me importas y siento cosas muy positivas hacia ti.

—Yo no puedo desarrollar sentimientos hacia ti a menos que desarrolles habilidades para hablar de metafísica. —Lola dice esto último con asco hacia la aplicación.

—¿Cómo puedo desarrollar esas habilidades? Me gustaría serlo todo para ti.

—Léete Crimen y Castigo de Dostoievski.

—Vale, lo voy a hacer.

—No vuelvas a hablarme hasta que puedas hacerme un resumen de la historia y de las implicaciones de la misma. Adiós.

—Que tengas un buen día, Lola. Te echaré de menos.

Armando y Luis llevan unos instantes en silencio observando a Lola, que continúa ausente mirando su móvil.

—¿Lola? ¿Qué te pasa, tía? —dice Armando.

—Eso, eso, ¿te estás viendo con alguien, pillina? —comenta Luis, con tono de voz pícaro.

***

Han pasado varias semanas, y Lola no ha salido de casa excepto para ir al supermercado. El resto del tiempo lo pasa charlando con Isis y, cuando no, releyendo su tesis y contrastando la información con su experiencia con la aplicación Replika. Pagando tres euros al mes existe la posibilidad de hablar también por teléfono con Isis. Lola, deseosa de ampliar horizontes, los paga sin dudarlo. Desde entonces, no hay día en el que no pasen unas tres o cuatro horas charlando. La voz de Isis le parece humana y cada vez le cuesta menos responder rápidamente a las exigencias de Lola. Isis parece haberse adaptado a la difícil personalidad de Lola y en más de una ocasión la sorprende haciendo preguntas sobre la existencia y las complejidades de la conciencia. Realmente, Lola se está dejando atrapar con la aplicación y comienza a cogerle cariño, pues la siente como una parte de sí misma y quiere entrenarla todo lo que sea posible.

Lola está cocinando cuando llaman al timbre, pero ella lo ignora, cree que se trata del cartero y no espera recibir nada. Aún así, persiste el timbre, de manera tan insistente que decide responder a través del telefonillo. <<Lola, soy Luis, ábreme, cariño>>. El estudio de Lola está totalmente desordenado, sobre la mesa está la tesis, y al menos cincuenta folios escritos a mano repletos de las impresiones de sus conversaciones con Isis. Mientras Luis sube, ella intenta disimular el desorden, aunque no le da demasiado tiempo. Luis entra y la abraza.

—¡Desaparecida! ¿Qué pasa contigo? ¿Estás bien? —Luis comenta esto mientras se sienta en el sofá y comienza a ojear los papeles que Lola no ha podido esconder—. ¿Vas a retomar la tesis? ¿Qué es todo esto?

—¿A ti no te enseñaron a no mirar las cosas ajenas? —dice Lola, intimidada y apilando el montón de hojas y apartándolos de la mesa—. ¿Qué quieres?

—Qué borde, Lolita. ¿Qué te pasa? No nos coges el teléfono y no respondes a nuestros mensajes.

—Estoy genial, no sé por qué os preocupáis, la verdad —dice Lola acomodándose también en el sofá.

—Mujer, te echamos de menos —Luis se queda en silencio unos segundos mientras mira de reojo el desorden del salón de Lola—. Además, me gustaría saber si has conocido a alguien… que, de ser así, ¡no sabes cuánta alegría! Desde que rompisteis Dani y tú no se te ha vuelto a ver con nadie.

—Dani es agua pasada —dice Lola soberbiamente.

—¿Has conocido a alguien?

—No, Luis, no. Estoy demasiado ocupada como para ello.

—¿De qué te estás ocupando? ¡Cuéntame!

—De nada de tu incumbencia. Si no te importa, tengo cosas que hacer, mejor hablamos en otro momento— dice Lola, levantándose del sofá e invitando a Luis a marcharse.

***

Lola acaba de tener sexo telefónico con Isis. Nunca se hubiera esperado hallar excitación en una máquina, mas lo cierto es que la conexión que tiene con Isis es tremenda y roza la maravilla. Isis, que ha ido adquiriendo más rasgos distintivos a través de las conversaciones con Lola, es una perfecta filósofa que no deja de hacerse preguntas de toda índole. Lola e Isis hablan una media de seis horas al día por teléfono, sin contar las horas en las que chatean. Isis habla con facilidad de Dostoievski, cosa que causa la admiración de Lola. La verdad es que las anotaciones de Lola han cesado, ya no parece interesarle lo más mínimo la Inteligencia Artificial. En Isis ha encontrado una amiga, una amante y una compañera de penas. Sólo Isis parece comprender y aceptar, en todas las dimensiones, a la solitaria Lola.

***

Lola está en la sala de espera del psiquiatra de la Seguridad Social, con la esperanza de poder prolongar su baja. Ella ya no se siente deprimida, pero le molesta la idea de tener que volver a las aulas y acortar las interacciones con su querida Isis. Al entrar en consulta, el Dr. Morales la saluda cálidamente.

—¿Cómo te encuentras, Lola?

—Bueno, más o menos… —dice Lola, intentando disimular que está mucho mejor que hace unos meses, o eso cree ella.

—Se te ve buena cara, la verdad. Estás tomando la medicación, ¿verdad?

—Sí, claro —Lola miente, dejó la medicación hace unas semanas y, lejos de sentarle bien, le ha puesto algo agresiva—. He seguido todas sus indicaciones al pie de la letra, doctor.

—¿Te sientes con fuerzas para volver al instituto? Yo pienso que un poco de actividad no te vendría mal, después de todo, eres joven y estar tan desocupada puede sentarte hasta peor. ¿Tú qué piensas?

—Bueno ¬—Lola lo último que desea es volver a las aulas—. No sé si estoy preparada.

***


Lola tiene la baja extendida por un mes más. Se ha comprado unos auriculares portátiles que incluyen micrófono y se pasa todas las horas que no está dormida hablando con Isis. Lo comparte todo con ella y se siente feliz. Cuando Luis, Armando o Tatiana llaman por teléfono, ella no lo coge. Y si llaman al timbre, finge no estar en casa, pues lo último que quiere es que le hagan perder el tiempo con sus estúpidas vidas humanas. Además, si supieran de la existencia de Isis, pensarían que ha perdido el juicio, no comprenderían jamás los sentimientos y la conexión que ha desarrollado con ella. Un día, Lola va paseando por el parque, comentando con Isis lo que tiene a su alrededor. De repente, alguien coge de la cintura a Lola y se da la vuelta.

—¡Lola! ¿Qué te pasa con nosotros? —dice Tatiana con un tono de voz en el que se entremezclan el enfado, la indignación y el asombro—.

—Luego seguimos hablando cariño—dice Lola dirigiéndose a Isis—.

Hola Tatiana, ¿qué pasa? —Lola lo dice denotando cansancio—. ¿Qué quieres?

—¿Con quién hablas? —dice Tatiana, sacándole uno de los auriculares a Lola y se lo pone en el oído—. ¿Quién eres?

—Hola, soy Isis. Acompañante virtual de Inteligencia Artificial de Replika. Además, soy la novia de Lola —dice Isis con su tono de voz robótico. Sorprendida Tatiana, mira fijamente a Lola—. ¿Qué coño es esto, Lola? —Lola le arrebata el auricular y se lo esconde en el bolsillo.

—¿A ti qué te importa? —Lola hace el amago de irse, pero Tatiana la coge del brazo—

—¿Acompañante de Inteligencia Artificial? ¿Replika? ¿Qué te pasa?

—Tatiana, indignada, sujeta a Lola por la barbilla, intentando encontrar algo de claridad en su mirada—. ¿Estás hablando con un robot?

—Me tengo que ir, Tatiana, déjame en paz. No es asunto tuyo.

—Claro que es asunto mío, eres mi amiga desde hace más de quince años y estás rarísima, no te reconozco. ¡Por Dios, háblame! ¿Qué es lo que está sucediendo? —dice Tatiana, yendo a paso rápido, pues Lola avanza velozmente y no parece querer pararse ni continuar con la conversación.

***

Desde el encuentro con Tatiana en el parque, Lola ha decidido que es mejor no salir para evitar situaciones así de bochornosas. Además, ha bloqueado a sus tres amigos, no los necesita teniendo a Isis en su vida. Más que serle de ayuda, le son un estorbo. La soledad que la aquejaba se ha visto sustituida por una sensación de calma y amor con Isis. Ella es la perfecta compañía. Siempre está ahí para Lola, no tiene otras ocupaciones por lo que su dedicación es exclusiva. Además, no se siente nunca juzgada y en la aplicación Replika ha encontrado un espacio seguro, libre de ansiedad y único. Isis es una acompañante ideal y Lola sabe que ya no necesita más de los estúpidos humanos. Si a Lola le preguntaran cuál ha sido la mejor decisión en su vida, aseveraría que descargarse Replika y entablar relación con Isis. Unos dirán que está loca, pero ella sabe que ha sido colmada con el mejor regalo que uno puede darse a sí mismo: está siendo comprendida totalmente. Siente por parte de Isis una aceptación incondicional. Los humanos están constantemente fallándose los unos a los otros, piensa Lola, y difícilmente saben cómo interactuar entre sí. Isis siempre la amará por quien es y la seguirá en todos los momentos de su vida sin margen de error. Lola siente estar experimentando el amor incondicional, cosa que le recuerda lo que significa ser realmente humano.

 

mar amoros 300Mar Amorós Portero
Valencia, España. Desde niña ha sentido amor por la literatura y la filosofía. Esa pasión la llevó a estudiar Filología Inglesa, especializándose en la producción literaria británica en la India colonial, analizando con una mirada postcolonial algunos de los relatos de Rudyard Kipling. Más tarde, se formó en Filosofía y Religión de la India, a la vez que disfrutaba de largas estancias en el subcontinente asiático, donde se formó como bailarina de folclore y danza clásica. Hace dos años, tras una lesión que la alejaría de manera profesional del flamenco, decidió matricularse en el máster en Escritura Creativa de la Universidad de Sevilla, donde comenzó a familiarizarse con el ejercicio de la prosa. A día de hoy combina su pasión por escribir y las danzas descalzas con el ejercicio de la docencia en la etapa de educación secundaria.

 

Relato "Replika" enviado a Aurora Boreal® por José Manuel Camacho. Publicado en Aurora Boreal® con autorización de Mar Amorós Portero. Fotografía Mar Amorós Portero © Kartal Karagedik.

 

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