Elena González Rayo - 'Los dos mares de Dinamarca'

Los dos mares de Dinamarca

2º Premio del Segundo Concurso Raíces de Historias de Raíces de Relato Corto. Aarhus, Dinamarca. Entregado el 23 de abril de 2022.

 

Dinamarca tiene una extensión de siete mil kilómetros de costa, fechada por el mar del Norte en su parte occidental, y delimitada en el este por el mar Báltico.

Cuando llegué aquí, hace ya tres años, la primera vez que vi el mar báltico, no podía comprender cómo un mar puede no tener olas. Cómo ese mar que surcaron los intrépidos vikingos a la conquista y apertura del mundo me hacía recordar más a una tranquila balsa, que a un temido océano. Desde cualquier punto que me asomaba a mirar solo encontraba calma. Una calma que me abrumaba.

Me parecía que la sociedad danesa era un reflejo de su mar, y encontraba paralelismos a cada paso que daba. Una sociedad donde nadie levantaba la voz, donde nadie destacaba por encima del resto. Todos los niños con abrigos de estrella, todas las casas con vajilla de Royal Copenhagen, millones de bicicletas idénticas aparcadas todas en el mismo lugar…Una vez, sentada en el vagón silencioso del tren, alguien me regañó porque la música de dentro de mis auriculares estaba demasiado alta. A mí, que vengo de bañarme en el Mediterráneo y de dejarme revolcar por sus olas, todo esto me resultaba, cuanto menos, extraño.

Traté de sumergirme en esta sociedad sin olas: traté de aprender su idioma; traté de seguir sus normas; traté de planificar, de encajar.
Pero me encontré con una Dinamarca que se encierra en casa, enciende velas y se comparte solo con unos pocos. Estuve en una Dinamarca en la que me sentí profundamente sola, habitando en unos días en los que solo existía la oscuridad y la noche. Pasé temporadas frías, frustrada y hundida.

En este país, cuando hace mucho viento y te pega de frente mientras caminas al lado del canal, parece que no puedes avanzar, aunque pongas mucho empeño y así es como me sentía al principio, mientras trataba de no hundirme en el Báltico.

No fue hasta que conocí el mar del Norte que comprendí, que ese viento que a veces te pega en la cara, otras, también trae olas. Que estaban más lejos y que son más pequeñas que las he acostumbrado a ver. Pero que están. Y Dinamarca puso ante mí, las mayores oportunidades que me podría haber imaginado antes de atreverme a descubrir sus aguas. Descubrí que hay otros días en los que el viento viene en el sentido contrario y te ayuda a caminar. A veces con un empujón tan grande que parece que no vas a poder frenarlo. Y eso es lo que he sentido desde que llegué aquí.

Así fue como comencé a estudiar en una de sus universidades; a hacer familia a kilómetros de la mía; así, tratando de aprender su idioma aprendí otros dos; empecé a contar el tiempo en semanas y a sentirme cada vez un poco más en casa.

Conocí esa Dinamarca que sale a la calle, que se tumba en los parques y en cualquier rincón apenas aparece un rayo de sol, a hablar y a reír y a compartirse, en la que me he sentido completamente acompañada, habitando en unos días en los que la noche no existe.

Y me encontré con que, dentro de este mar, que al principio me parecía sin olas, hay otro montón de gotas que como yo solo estaban buscando su sitio en este nuevo océano. Que, igual que Dinamarca lo componen más de doscientas diferentes islas, hay más de doscientos tipos de personas que por la negatividad del momento me estaba empeñando en no ver.

Descubrí entonces que, igual que pasa en Skagen, donde el mar Báltico y el mar del Norte se unen, se conocen, se abrazan, y se celebran en forma de olas, en una minúscula porción de tierra; en Dinamarca, cuando todos esos tipos de personas se unen es donde se crea la magia.

Entendí que lo bello de Dinamarca está en su multiculturalidad. En la mezcla de su tradición y su globalización.

He conocido locales que se sienten extranjeros en su propio país y he conocido extranjeros que se sienten como en casa.

He visto cómo se humilla y se discrimina al diferente, y he visto cómo se acoge y se abraza al diferente.

He conocido los dos mares de Dinamarca, las dos caras de Dinamarca. Su sociedad cerrada y su sociedad abierta. Su hostilidad y aspereza. Su cercanía y simpatía.

Y me he empapado de las dos hasta los huesos. En su sentido más literal, ya que aquí llueve una media de doscientos días al año. Pero sobre todo en su sentido más literario, porque en estos años aquí he crecido y aprendido más que en todos los anteriores, y Dinamarca va a ser siempre una parte muy importante de mí.

Me enamoró descubrir que, este es un país que, por encima de sus mares, tiende puentes. Puentes como el de Øresund con Suecia, o el túnel que se está construyendo desde Sjælland con Alemania. Para mí, ha creado muchos y ha afianzado otros. Ahora el puente que me une a mi familia, a mi tierra y a mis tradiciones es más fuerte; se ha creado un puente con la yo que era antes de venir aquí y con la yo que soy ahora; y siempre habrá un puente que me una a esta tierra.

Y aunque ahora solo pienso en marcharme pronto, a seguir explorando el mundo como ya hicieron los vikingos, dejo la puerta entreabierta, porque en Dinamarca he aprendido mucho más de mí que de ella. Me he conocido mucho más a mí que a ella, y de ambas aún me falta mucho por explorar. Porque Dinamarca me ha abierto las puertas del mundo, y ahora, podré vivir con la certeza de que, si cualquier otro mar me ahoga, puedo volver a bañarme en esta calma, que ya es un poco mía. Y por eso le estaré eternamente agradecida a Dinamarca y sus mares.

 

Elena González Royo
España. Es estudiante de máster "Cultural Encounters and International Development" en la universidad de Roskilde. Llegó a Dinamarca en 2019 y ahora mismo se encuentra escribiendo su tesis.

Background premios 300

 

 

 

 

Material publicado según acuerdo entre Aurora Boreal® con Beatriz Pérez Ruiz de Raíces para difundir a los 3 ganadores del Segundo Concurso Raíces de Historias de Raíces de Relato Corto. Aarhus, Dinamarca 2022. Entregado el 23 de abril de 2022. Fotografía de Elena González Royo enviada a Aurora Boreal® por Beatriz Pérez Ruiz. El relato, la biografía y la fotografía de Elena González Royo son publicados con autorización de Beatriz Pérez Ruiz y Elena González Royo.

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