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Puro Cuento

Griselda, el vendaval y los girasoles

william navarrete  © Pierre BignamiUna noche de fin de agosto, Griselda Hasting tuvo un sueño extraño. Se hallaba sola cuando una ventolera, tan fuerte que se tragaba sus gritos, forzaba las puertas y ventanas de su casa arrastrando todo a su paso. De pronto, en otro espacio, en un país en el que nunca había puesto los pies, se veía a sí misma, parada delante de un cuadro colgado en una impecable sala que parecía pertenecer a un museo. En el cuadro habían sido pintadas, como impactos de balas, varias flores marchitas, las corolas resecas, los pétalos desparramados sobre la superficie, como si una tromba de agua y viento los hubiese desprendido, salpicando todo el espacio.

En su sueño, Griselda recordaba que, después del paso del vendaval, el piso de su casa había quedado cubierto de girasoles. El cuadro reflejaba exactamente las paredes de la vivienda que, chorreando los pétalos y las corolas de esas mismas flores, conservaban, como un regalo del cielo, las marcas del impacto de las espeluznantes ráfagas.

Se despertó un poco agitada, removida por la imagen, e intrigada por la inmaculada blancura de la sala del museo soñado; y se obligó a disipar las preocupaciones de su mente. Siempre se había comportado como lo que era, una mujer recta, maestra de escuela hasta su jubilación, y encargada ahora de velar, por deseo propio, y desde hacía décadas, por que al modesto templo de la Virgen de la Caridad, olvidado y casi en ruinas, el primero de todos los que se habían erigido en la Isla, no le faltase nunca un ramo de girasoles.

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Presagio: Tres cuentos ilustrados de Claudia Neira Rodas

claudia neira 250Presagio: Tres cuentos ilustrados

La profecía de la lechuza

Tyto alba o lechuza de campanario. Normalmente anidan en lugares bastante altos, como las torres de las campanas de las iglesias, de ahí su nombre. Su cara es plana, sus ojos son negros y pequeños, su pico es como un delgadísimo dedo que termina en una garra fina. Sus plumas suelen ser blancas con ligeros toques de un marrón entre claro y oscuro, dependiendo de su tipo. Son muy hermosas, muy elegantes.

Hay una familia de lechuzas de campanario viviendo en la parte alta de mi edificio. La gente de los otros departamentos quieren envenenarlas o matarlas y eso me entristece mucho, porque a mí me encantan. No hacen ningún daño, sólo viven ahí y no han causado ningún problema real. Al parecer la gente tiene miedo de sus chillidos, seguramente los asocian con algún tipo de superstición popular, ya que la leyenda dice que anuncian la llegada de la guadaña. Si investigaran un poco más, descubrirían que no sólo están asociadas con la oscuridad o la muerte, sino también con la sabiduría. Algunos pueblos aborígenes de Australia, por ejemplo, piensan que representan la esencia de las mujeres; los griegos le confirieron a la lechuza el honor de ser compañera de la mismísima diosa Atenea. Son animales que cazan sus presas como cualquier otro para poder sobrevivir. Me irrita pensar que una leyenda tonta ponga en peligro la existencia de estas majestuosas aves.

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Árbol genealógico

andrea jeftanovic 251¿Qué es lo prohibido?: «La sociedad no prohíbe más que lo que ella misma suscita».
Lévi-Strauss

 

No sé en qué momento me comenzaron a interesar las nalgas de los niños. Desde que los curas, los políticos, los empresarios fueron exhibiendo sus miradas huidizas en la pantalla de televisión, y los diarios de vida infantiles eran pruebas fidedignas en los tribunales de justicia. Nunca antes había sentido una palpitación por esos cuerpos incompletos, pero estábamos todo el tiempo expuesto al bombardeo mediático de «las erosiones de cero punto siete centímetros en la zona baja del ano». O, en el periódico la frase «a los chicos reiteradamente abusados se les borran los pliegues del recto». La brigada de delitos sexuales alertando a la población sobre las conductas cambiantes en los niños y el examen periódico de sus genitales. El servicio médico legal ratificando las denuncias después de los peritajes físicos.

Teresa miraba de reojo esas noticias y se paraba incómoda. Llevábamos casi un lustro viviendo solos desde que su madre se fue. Cuando eso ocurrió ella tenía nueve años. Quitó todas las fotos de ella y sin que yo pidiera asumió el rol de dueña de casa. «Que falta esto, lo otro, ya hemos comido demasiada carne». Lo demás siguió igual: sus amigos, la escuela, sus gustos. Una chica estudiosa, tímida, que dibujaba árboles contemplando más allá de las montañas.

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La turista

marcos pico renteria 250Esta fue la segunda vez que me contrató. El trabajo no es difícil si la conciencia me deja seguir adelante. No hubiera sido muy distinto trabajar como taxista o con un Uber, pero no es lo mismo. Ella me contactó muy temprano por la mañana. Le gusta levantarse y saludar al sol, costumbre que quizás leyó en algún libro de autoayuda o le copió a alguien que usa su espiritualidad como una moda pasajera.

Mornin’ Josh.

—Es Josué, ya le dije que mejor me hable en español.

—I’m sorry, can’t help it. Pero tienes razón, tengo que practicar.

Yes, you must. ¿Lista?

—Sí, vamos.

Mi ruta siempre es la misma y comienza al punto de la una de la mañana en la casa del cliente. Durante el verano, esta ciudad siempre es como un carbón que nunca se apaga, sino que pretende sofocarse para después encender con mayor furia. El ciclo es el mismo en mis clientes. La sencilla timidez que pretenden a primera vista es simplemente una máscara. No una como las que describe Paz, sino la que utiliza el mundo para pretender que todo es normal, que la ansiedad diaria se sofoca con ridiculeces diurnas, pero al final del día, esa ansiedad vuelve para retorcer las fibras más sensibles del interior humano.

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Jenjilla *

jose prats sariol 251A mi querida suegra

 

Y aunque te lo haya dicho cien veces lo tengo que volver a repetir porque qué es eso que tú digas no no te debe molestar para nada decirme a dónde vas y no es que me importe por saber es que tú todavía no conoces nada y que te puede pasar algo por ahí y una no enterarse chico pero tienes que comprender la preocupación que me das todos los días y dónde estará ese muchacho y cuando te pregunto lo que haces es mirar para el techo y sonreír como si fuera gracioso y qué es lo que tú crees que porque tengas casi diecinueve años ya eres un buey suelto y que eso te hace más hombre pues no no y a mí lo que más me disgusta en la vida es estar en la peleadera el día entero pero no lo puedo evitar qué le voy a hacer boba que es una porque hay otras que ni se preocupan les da lo mismo ah y ahora me acordé que te llamó una muchacha y no me quiso decir de parte de quién y porque claro a lo mejor fuiste tú mismo el que le dijiste que no diera su nombre y le contaste que tu madre todo lo averiguaba si no te conociera y que de todo se quería enterar que en todo se metía ya me lo imagino porque eso es lo que gano por preocuparme no no me digas nada acaba de tomarte el desayuno que vas a llegar tarde además ya sé que me vas a decir lo mismo de siempre la misma historia el mismo cuento el mismitico que me deje de boberías boberías son las tuyas vas a venir a almorzar y después tienes clases porque hoy te toca no vas a llevar el libro a lo mejor en la guagua puedes leer algo si no vas a venir me llamas para no tener que estar con la comida velándola no me digas que te estoy mandando ay qué desgracia la mía con este muchacho.

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Los amigos invisibles - próxima publicación

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