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Puro Cuento

Antihistoria de un príncipe encantador

marie_rojas_001Como es de esperar, todo comienza en un reino muy, muy lejano, donde un príncipe encantador, hecho a la medida de todos los de su época, aburrido de esperar porque su hada madrina le encontrara la doncella de sus sueños, robó el libro de hechizos, se encerró en la más alta torre del castillo y, sabiendo que el hada no tendría que hacer mucho para encontrarlo, buscó entre las páginas hasta encontrar el adecuado. Lo leyó en voz alta pero, tal vez con el apuro, equivocó algún dato... Y vino a caer en este mes y este año en que están leyendo la historia.

Aterrizó al pie de la ventana del cuarto de una muchacha que se disponía a salir para sus clases de la universidad. Golpeó los cristales hasta llamar su atención, esperó a que abriera y le contó la razón de su presencia. Ella le creyó, porque era muy fantasiosa, porque estudiaba física cuántica, por la vestimenta que ostentaba −incluía un vistoso sombrero de plumas y una espada con puño de rubíes−, la forma de hablar, los gestos y por la cantidad de veces que se arrodillaba a ofrecerle su corazón, por tanto lo dejó entrar a su cuarto, temiendo que los chicos le hicieran burla cuando comenzaran a pasar camino a sus escuelas... Pero comprendió que debía enfrentarse a un problema mayor, ¿cómo esconder a un príncipe en una casa pequeñita, sin pasadizos, ni túneles, ni catacumbas, con el despertador de la madre sonando en el cuarto de al lado y él intentando desenvainar la espada para matar al hechicero que hacía tanto ruido?

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Cartas al mediodía (A la manera de Cortázar)

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Buenos Aires, 1977

----------¿Cómo empezar? ¿Por el principio, el final o por el medio? ¿Por el cuadro de Héctor Borla o por R.R? ¿Por Walter o por Anabel? ¿Por la gorda de Fellini o por quién diablos? El papel está puesto en la máquina. Sí, es hora, ya es hora de empezar a teclear, uno, dos, tres espacios. Así está mejor. Querido Walter. No me gusta. Pasan las horas y te extraño. Mucho peor. Pero debo seguir. Ella vendrá al mediodía. Desde que te fuiste, te juro, no he conocido a otro hombre. Pero sí me dan ganas de llorar. A mí. ¿A quién va a ser? Aquella tarde en que nos conocimos pude sentir que había algo diferente en vos. ¿Quién lo diría de un triste marinero que recaló en Buenos Aires? Y ahí viene uno de los R.R. tan arreglado como siempre, bien vestido, con su perfume a colonia de violetas. Y debo continuar, como conclusión creemos necesario implementar el sistema en el menor tiempo posible. Así que elevamos a usted el presente informe. Me detengo. Elevamos, elevamos, como si las palabras pudieran elevarse. Pero así les gusta, me enseñaron eso. Buenos días, R. Buenos días. Tantas estupideces pueden decirse en un informe, hay que justificar las funciones, tantas cosas que no tienen justificación. Y es por eso, señor director, que creemos imprescindible

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A ella le encanta que traiga amigos a casa

araceli_otameni_016"Estamos sujetos a una eterna incertidumbre que nos presenta sucesivamente bienes y males que siempre se nos escapan"
La Rochefoucauld


La mano temblorosa de la mujer colgó el auricular y luego, descolgándolo, casi con alivio escuchó el sonido normal del tono que reestablecía la armonía anterior al llamado. Era la tercera vez que lo hacían y nadie hablaba. Anagrama. Aldana es la nada. Hombre. Pablo. Sebastián. Casa. Pared. Hielo. Parque. Peine. Hamaca. General. Espejo. Caña. Día. Noche. Susurro. Descanso. Placer. Playa.
Se detenía ahí. Todavía falta. Oía los pasos casi como en secreto. Sabía que la oscuridad ya había entrado en la casa. Porque había escuchado el timbre de abajo y como siempre había oído entrar al hombre del departamento vecino. Serían las seis de la tarde. Niño. Juego. Salvavidas. Rojo. Peligro. Amanecer. Sol. Reloj. Arena. Agua. Tierra. Sol. Las manos de la mujer desarmaban los nudos de un tejido de macramé mientras recontaba las palabras, siempre las mismas, enhebradas en esa especie de rosario y recomenzaba.

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El peligroso juego de la multiplicidad de pareceres

jorge_kattan_003Aquel miércoles, a las cinco de la tarde y como de costumbre, se hallaban reunidas en la cantina "El Patriota", de don Afrodisio Aguado, todas las autoridades municipales de Cojontepeque para discutir, por sexta vez, un controvertido tema. Se trataba, nada menos, que de la construcción de una modesta represa que vendría a aliviar los drásticos efectos de la sequía que estaba azotando tanto a Cojontepeque mismo como a los villorrios aledaños.
-¡Se me están muriendo los chanchos! ¡Hay que construir ese embalse cuanto antes! -dijo quejumbrosamente el alcalde, don Everardo Salazar. -¡Muy cierto! Se me están secando las hortalizas. ¡Hagamos la mentada presa! -se lamentó amargamente el tesorero municipal, don Lactancio Clavijo.
-¡Palabra de honor! ¡Esta calamidad está acabando con mis pobres gallinas! ¡Esa represa es la única solución! -sentenció el juez de paz, don Restituto Paniagua.
-¡Es la merita verdad! ¡Si no llueve pronto, hasta nuestras vidas corren peligro! -indicó don Macario Cárcamo, quien, además de cronista oficial, fungía como regidor.
La cuestión es que a nadie le cabía la menor duda de que había que construir una pequeña represa; pero cuando se abocaron al arduo asunto de determinar a qué altura del riachuelo, que atraviesa el pueblo y la comarca entera, sería conveniente levantarla, se armó la gran samotana porque cada uno ofrecía poderosas razones para que no se construyera en sus terrenos. En resumidas cuentas, nadie estaba dispuesto a que le anegaran sus tierras.

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Navidades

guantes_001Siempre la misma tontería de acostarse temprano la madrugada del día de Navidad. Éramos tres: mis dos hermanas y yo. Los menores no osábamos movernos de la cama, pero Janet, la mayor, ya adolescente, se mostraba más atrevida, pues ella sí se levantaba y sin miedo nos susurraba:

-Bajo a ver lo que nos trajo Santa Claus este año.

Se sentaba al estilo indio frente al árbol blanco de plástico y uno a uno iba abriendo los regalos. Les quitaba cuidadosamente la cinta engomada pero después los dejaba tal y como los había encontrado. Nos despertaba muy entrada la noche para contarnos lo que no debíamos saber hasta el amanecer. Concluía su letanía asegurándonos que lo de Santa era una bobería inventada por los adultos .

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Los amigos invisibles - próxima publicación

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