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Pintura

Fernando Perdomo

perdomo_atenea_001Uno de los grandes pintores de América Latina

La pintura de Fernando Perdomo captura el mundo interior de sus personajes, de su universo. Con una trayectoria de más de 30 años pintando, Perdomo es a inicios del siglo XXI, tal vez uno de los pintores más destacados de la escena latinoamericana. En la actualidad reside entre su estudio de Bogotá y su viajes al extranjero donde pinta sin tregua...

Durante los últimos años Perdomo esta incursionando en el complejo mundo del abstracto. En el 2006 realizó un gran mural en la ciudad de Bogotá, el cual le fue encargado por el ex-presidente colombiano Belisario Betancourt. Perdomo con mas de 30 exposiciones en Colombia y el extranjero es sin duda uno de los grandes pintores de nuestra época.



El pintor y escultor

 

Fernando Perdomo nació en Bogotá, Colombia (Sur América) con la influencia de sacerdotes Jesuitas formadores en su época de colegio visitando y recordando imágenes recreadas por artistas - pintores de la colonia que fueron ahondando esta inclinación. Luego su formación formal en materia artística se inició en la Universidad Nacional de Colombia, pasando a complementar en otros talleres de artistas reconocidos nacional e internacionalmente, tales como David Manssur y Angel Loockart. El paso casi obligado por los talleres del Art Student Ligue de Nueva York donde la influencia de artistas de la talla del maestro Mason comienzan a inclinar la obra por un lenguaje abstracto que amplía el abanico creador de este artista. Más adelante ya en una época de madurez de su obra pictórica incursiona en la escultura y ahora se siente en sus últimos trabajos la fusión entre el dibujo, la pintura y la escultura, técnicas recogidas durante un largo tiempo de experimentación y trabajo creativo.En la actualidad desarrolla su trabajo en su taller de Bogotá, donde exhibirá su última obra en algunas subastas y exposiciones en esta ciudad y para el año siguiente (2008) se están concretando y adelantando fechas para exhibiciones en Europa y Estados Unidos.Fernando Perdomo abrió las puertas de su estudio de Bogotá para AUROABOREAL. Finalmente, después de un largo año de seguimiento, el maestro Perdono accedió a darnos una entrevista. Tomamos un jumbo rumbo a Bogotá, ciudad que nos recibió una
tarde grisácea de domingo con sabor a nostalgia. Después de una noche de buen sueño reparador y una agradable ducha, nos dirigimos a la mañana siguiente al estudio taller en Bogotá de este artista colombiano. Un taxi nos condujo por las calles congestionadas de
la urbe desde el hotel hasta una zona de la ciudad que es conocida como Chapinero Alto. El conductor nos aclara que en realidad ese sector se llama Bosque Calderón pero que sólo los bogotanos auténticos los saben.

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En una casa de estilo inglés, seguramente testigo de la historia de Colombia, nos recibe el artista, y mientras nos prepara una copa, escuchamos de fondo la voz inconfundible de Dieguito El Cigala que nos obliga a pensar en una esquina de Andalucía. Pero no, estamos en Chapinero Alto, en el Bosque Calderón, y allá desde la ventana se ve la perdomo_002hermosa cordillera de los Andes, verde y fresca después del rocío de la mañana, como las trenzas de una hermosa mujer que mueve el aire.


Perdomo nos confiesa que todo es culpa del Divino Rostro, un cuadro que pintaba un
estudiante de ingeniería que tenia la pintura como perdomo_pescado_rojo_003pasatiempo y a la cual acudía más
como recurso para financiarse los libros y los estudios de la aburrida ingeniería.

A la edad de doce años, mientras el ingeniero estaba de vacaciones, fue con Fabio

Rodríguez Amaya, amigo de infancia y vecino, al taller de este perdomo_004ingeniero pintor, que tenía un talento pero siempre pintaba el mismo cuadro: Un cristo de divino rostro que conocía de memoria.  "Allá, en aquel taller me picó por primera vez el bicho de la pintura. Conocí los colores, vi como se manejaba el óleo, la mezcla con la trementina. El mundo fantástico del color. Descubrí la magia de observar como al mezclar el amarillo con el azul resultaba un verde. Aquel hallazgo quimérico me pareció hechizante. Sin embargo sospechaba de ese estudiante de ingeniería que siempre pintaba el mismo
cuadro. Lo peor del
perdomo_005asunto era que lo vendía con un éxito sin precedentes, con lo cual se financiaba los benditos libros de termodinámica, que a propósito costaban seguramente un riñón y el otro, pero al estudiante de ingeniería, la venta del cuadro le servía no sólo para financiar los estudios sino que le daba dinero hasta perdomo_006para su rumba".


Pero esa prostitución del ingeniero con su cuadro del Divino Rostro también alejó al futuro artista y escultor Perdomo del arte por unos años en los cuales pudo más el fútbol, como nos dice él mismo - es lo lógico en un niño de doce años - y lo acercó afortunadamente a una infancia normal jugando con los amigos del vecindario mientras en un colegio de curas jesuitas lo terminaban de formar como bachiller.

 

En las etapas iniciales de su carrera como pintor, cuando comenzaba a exponer, ya entonces, concientemente, decidió hacer un perdomo_007rompimiento formal con la academia.

"Corté de lleno con esa armonía dentro de la composición. Esas figuras muy bien dibujadas. Empecé a buscar mi lenguaje. Me fui a hacer "feísmo" de manera conciente dentro de la pintura. Aquella aproximación era más visceral que racional. Las figuras grotescas me encantaban. Al perdomo_008mismo tiempo que pintaba mi "feísmo", la reacción de la gente empezó a ser muy diversa.Cuando exponía, nadie conocía al autor de esos cuadros, pero en las exposiciones yo estaba anónimamente parado cerca de la obra y la gente los comentaba de diferentes maneras: estaban los que les gustaba la obra, los que agredía. Había comentarios muy perdomo_010interesantes y fue entonces que aprendí y empecé a tener conciencia de como llega mi obra al espectador. En esas exposiciones, aquellos críticos jugaron un papel fundamental para mi autoestima y seguridad. Me confirmaron que la búsqueda de mi propio perdomo_009lenguaje, mi propio yo, era el camino correcto a seguir. Ese instinto es el que siempre me ha guiado. En la facultad de Bellas Artes donde estudiaba había muchas influencias. Cada maestro tenía su propio concepto del arte. Su definición de lo correcto y de lo no correcto. Para mi algo confuso. Es ahí que afortunadamente caigo en la cuenta que necesito efectivamente una formación y empiezo a buscar desesperadamente al mejor dibujante. Así encuentro a David Manzur. Este artista, formado fuera de Colombia, había regresado al país y tenía un taller donde dictaba clases a perdomo_011muchos alumnos. Ahí me sucedió algo muy importante que me movió profundamente: el poder estar cerca de Manzur significó entender el rigor que los artistas deben enfrentar con su trabajo. Pero todo gracias a un hermano mío, que para una navidad tuvo la gentileza de regalarme el dinero para matricularme en las clases
del taller de David Manzur. Poniendo las cosas en perspectiva, yo ya estaba casado con Sara y tenia a Maria Fernanda, mi hija y la situación económica no era la mejor del mundo".


Perdomo confirma que es cierta la anécdota perdomo_012que David Manzur lo perdomo_14botó del taller porque

Maria Fernanda, su hija le rayó uno de los trabajos que le debía presentar al maestro, quien a propósito, no le creyó lo del cuento de la hija y le aclaró que si efectivamente quería pintar en serio y poder llegar a ser un pintor tenía que aislarse, dedicarse de perdomo_013lleno al arte. Manzur le puso de ejemplo al zapatero de enfrente, donde le confirmaba que aquel hombre sin tanto dinero podía tener un espacio, un garaje, donde moverse libremente. Es en aquel momento que el maestro Perdomo alquila su primer garaje, frío y oscuro en una casa vieja y abandonada en lo alto del Bosque Calderón. Es un momento crucial en la vida del artista porque su familia se oponía a la pintura. Dice que su padre le decía que la vida bohemia era muy difícil y de la pintura no vivía nadie que él perdomo_015supiera.
Después de arduas negociaciones con su familia, le aceptaron que estudiara diseño gráfico, algo que según ellos si le serviría para garantizarle un porvenir. Pero Perdomo ya sabía que quería ser pintor, que su vocación eran las artes plásticas. De hecho, como diseñador gráfico tuvo un paso fugaz por las agencias de publicidad Sancho perdomo_016Publicidad y
Leo Burnett en Bogotá. Después de cinco años abandona el diseño gráfico, las agencias de publicidad y los clientes en las multinacionales. Se encierra en el garaje frío y oscuro tapizado de mariposas negras del Bosque Calderón, al cual empieza lentamente a conquistar porque ya entonces sabe que lo único que quiere hacer en la vida es pintar sin tregua. Sin pensar de que vivirá.


"En la pintura siempre me he encontrado con un cómplice, alguien que ha estado espe-
rando por mi obra mientras en el diseño gráfico estaba sometido al cliente, a
perdomo_017la mul-
tinacional. Pintó en solitario y eso es lo que me mueve. El saber que hay una alma gemela que esta esperando por mi cuadro, como cuando un escritor escribe un libro o un músico compone una canción que también mueve el alma. Uno siempre está en complicidad para que la obra viva".

Al garaje de la calle 54 perdomo_018con carrera cuarta de Chapinero Alto llegan los primeros compradores de sus cuadros. "Allá también me visitaban, en las noches mientras yo pintaba con luz eléctrica, otros amigos pintores y conocidos mientras el garaje iba tomando el carácter de taller, donde se daban encuentros generosos con mucha gente que ha sido importante en el curso de mi vida. Al inició no vendía nada. Lo que hacia era canjear cuadros con otros amigos artistas. Obra que me gustaba. Eventualmente uno que otro cuadro se vendía pero no era mucho. Recuerdo con nostalgia el primer cuadro que intercambié, una especie de bodegón abstracto con muchas texturas, caseina, vinilos, arena. Lo cambié por un abstracto del pintor Gilberto Cerón. Aún lo conservo. Lo tengo colgado en la sala de mi casa".


Perdomo menciona la visita a su taller del Bosque Calderón de la pintora colombiana Constanza Aguirre, que en la actualidad vive en Paris: "Constanza Aguirre me visitaba en el taller con su hermana Stella McGregor. Solían llegar a media noche cuando venían de Tramonti, el restaurante propiedad del padre de Constanza en aquella época. Bajaban de La Calera y me consentían con vino y comida. Mientras yo pintaba ellas hacían fotos y hablábamos del proceso del cuadro, de arte y de los pintores que estaban influenciando mi trabajo. Los fines de semana nos volvíamos a reunir en La Teja Corrida, un bar guarida de intelectuales, pintores, escritores, teatreros, y afortunadamente también de excelentes bailadores de salsa dura".


Una de aquellas noches Constanza se presentó en el taller del Bosque Calderón con Adrián Torres, un "dealer" que había vivido en el exterior. Torres se interesa por la obra de Perdomo y es por medio de Adrián Torres que el maestro Perdomo vende su primer cuadro en las ligas mayores. "Ahí aún todavía no me doy cuenta que esta pasando. Sigo trabajando pero llega otro personaje que es fundamental en mi carrera. Tenía como todos, períodos con picos altos con picos bajos. Con felicidad enorme y grandes tristezas. En ese tobogán de emociones, de andar en ese sube y baja que es lo que sucede cuando uno esta creando, y todavía me preguntaba porque no me dedicaba exclusivamente a pintar sin descanso, cuando por intermedio de un amigo me entero que llegará a Bogota un dealer del Ecuador que esta buscando artistas en Colombia y va rumbo a Nueva York. La cita la hice a ciegas por medio del amigo común. Yo estaba esperando un galerista ecuatoriano cuando se me presenta Renato Escalone, propietario de tres perdomo_019galerías en Quito, Cuenca y Esmeralda en el Ecuador. Este personaje muy europeo, ya mayor, con acento italiano empieza a ver mis personajes perdomianos, un poco grotescos, pero lo maravilloso del asunto es que se identifica con mi obra. Le gusta como enfrento a mis personajes, la manera como los ubico en el cotidiano del día a día. Renato empieza a comprarme cuadros y puedo empezar finalmente a vivir dignamente de mi trabajo. Luego todo empieza a funcionar. Me entrevistan en televisión y para sorpresa mía la gente me llama, quiere ver mi obra. Puedo pintar lo que quiero dejándome guiar por mis emociones sin nunca perder la mirada de disfrutar mi trabajo o que la gente me dicte lo que debo pintar. El mercado del arte no lleva a corromperme ni a cambiar mi propuesta".

Hemos pasado casi todo un día en el estudio del pintor y escultor Fernando Perdomo cuando antes de partir nos cuenta que casi todos los cuadros tienen un parto. Dice: "Es ese momento algo muy particular. El dibujo es inmediato, la pintura viene por etapas. Casi siempre al inicio se me da que es un placer. Se traza con el carboncillo, empiezan a descubrirse esos fantasmas que van saliendo a la superficie. Siempre de memoria, del
subconsciente no del consciente, y luego la etapa de la mancha donde empieza a intervenir el color. Así esto comienza como un goce porque no hay ningún compromiso. La mano es ágil y va a la par del pensamiento, el sentir. La parte emocional. Hasta ahí todavía todo es felicidad pero cuando el color se revela y no es dócil, sino irreverente y contradictorio, y como resultado se va a un sentimiento que uno no quiere pasmar,
enrumbándose en otra dirección, se inicia la pelea, la puja."


Le preguntamos cual es el momento mas difícil de un cuadro y nos dice que sin lugar a dudas finalizarlo es lo mas arduo hasta que se llega a ese instante, único y maravilloso, en el que es el propio lienzo que lo bota y le dice: No me toque más. Al comienzo de cada obra tiene una idea clara, que en principio es muy racional en lo que quiere del espacio, de la composición, del equilibrio. Pero en la medida que empieza a meterse en el
proceso, en ese trayecto, hay un punto en que se desconecta para pintar con el lado maravilloso del cerebro. Un estado de conciencia donde se pierde espacio, tiempo, en un trance entre él y el cuadro. Perdomo lo compara a una soledad bellísima como imagina debe ser el viaje de placer que nos proporciona el "yage" (bebida ritual de los indígenas
del amazonas)...


Cuando indagamos por sus hábitos de pintar, nos dice que aunque procura respetar la rutina de empezar a trabajar cada día entre las ocho o nueve de la mañana siempre sabe a que hora empieza pero desconoce que tan larga será la jornada. Tiene días en que no le sale nada y se refugia leyendo biografías de grandes artistas para consolarse que también ellos padecían de la fuga de la vena de la inspiración. Pero insiste que se debe pintar todos los días porque es en ese proceso que llegan cosas que uno no se imagina, lo que muchos dicen que debe ser la musa de la creación, pasa el fantasma de Monet y deja un halo y todo se empieza a aclarar.


"También me gusta pintar en la noche pero no siempre. No persigo un horario pero tengo momentos de insomnio en los cuales subo al estudio y me pongo a inventar. Hay noches muy creativas. Las noches son muy especiales. Creo que pinto más de noche que de día. En el día leo. Mi vida gira alrededor del arte. Cuando estoy confundido, las biografías me enseñan que yo no soy el único que tiene problemas con su trabajo, que sufre crisis grandísimas de creación. Las biografías me ayudan a levantar el ánimo y la autoestima. Las etapas son distintas. Uno va teniendo amores con diferentes artistas. Cuando empecé a pintar, el dibujo pesaba mucho. Consultaba los grandes dibujantes: Leonardo, Rafael Sancio, Ingres. En otra época me interesó Picasso. Durante los años que pinté las distorsiones estudié mucho a Soutine y a Francis Bacon".

AURORABOREAL exploró también la fase actual de este gran pintor y escultor: el abstracto. Perdomo dice que después de trabajar varios años con la figuración empezó
a tener un conflicto. Se aburría. "Ya conocía los trucos del oficio, de como se desarrollaba el trabajo. Pienso que para un artista es fundamental, importantísimo, sorprenderse con el cuadro cada día. Es como cuando a uno le gusta una comida que la repite tanto que hay un hastío, un rechazo a eso. Sigo haciendo figurativo pero comencé a experimentar con el abstracto para empezar a reinventarme nuevamente. Con el abstracto nunca se como va a quedar el cuadro ¿con una dominante en azul? Y termina en rojo y eso me gusta, que me lleven las emociones más que la razón y creo que era Machado el que decía que uno creaba con emociones y corregía con la razón. Eso es lo que estoy tratando de experimentar. Pero me cuesta trabajo, vengo de una obra figurativa expresionista pero desligada a la razón. En esta época de mi vida estoy investigando sobre texturas al servicio del abstracto, las misma texturas que he utilizado en el figurativo. Es muy curioso ver como la gente se acerca al abstracto. Muchos tratan de encontrar en esas manchas formas subliminales que el artista nunca quiso hacer y el público descubre imágenes, animales, seres. Necesitan y quieren tener un punto de apoyo real. A veces creo que les da miedo la lectura del abstracto".

Cuando ya ha oscurecido y estamos saliendo de la casa para que un taxi nos lleve de regreso al hotel y de ahí al aeropuerto, creemos volver a oír la voz de Dieguito El Cigala. No - nos dice el pintor - son los fantasmas de la casa que se están desperezando. En el avión rumbo al Viejo Continente recordamos a Perdomo y lo agradable de la entrevista que nos dio. Vemos una vez más la imagen congelada del pintor y escultor trabajando en su taller del Bosque Calderón. Entonces no tenemos titubeo: sin duda tuvimos el
privilegio de conocer a uno de los grandes pintores de Colombia en el siglo XXI.

Fernando Perdomo nació en Bogotá, Colombia (Sur América) con la influencia de sacerdotes Jesuitas formadores en su época de colegio visitando y recordando imágenes recreadas por artistas - pintores de la colonia que fueron ahondando esta inclinación. Luego su formación formal en materia artística se inició en la Universidad Nacional de Colombia, pasando a complementar en otros talleres de artistas reconocidos nacional e internacionalmente, tales como David Manssur y Angel Loockart. El paso casi obligado por los talleres del Art Student Ligue de Nueva York donde la influencia de artistas de la talla del maestro Mason comienzan a inclinar la obra por un lenguaje abstracto que amplía el abanico creador de este artista. Más adelante ya en una época de madurez de su obra pictórica incursiona en la escultura y ahora se siente en sus últimos trabajos la fusión entre el dibujo, la pintura y la escultura, técnicas recogidas durante un largo tiempo de experimentación y trabajo creativo.En la actualidad desarrolla su trabajo en su taller de Bogotá, donde exhibirá su última obra en algunas subastas y exposiciones en esta ciudad y para el año siguiente (2008) se están concretando y adelantando fechas para exhibiciones en Europa y Estados Unidos.

 

 

 

... esos personajes anónimos que habitan un mundo recluido y misterioso; los encargados de develar la vida que se mueve en el interior del ser creador: hacedor del leve puente de imágenes recónditas, levantado entre ese abismo inmemorial de luchas creadoras y la acción febril del trazo del pincel que las fija en el silencio, acallando el grito rebelde de la razón que inhibe y paraliza, para así trazar un camino diáfano a la intuición creadora. F. PERDOMO

Los amigos invisibles - próxima publicación

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